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martes, 6 de agosto de 2019

Post aburrido para una realidad aburrida.

Dos meses sin trabajar.

Y, de momento, sin angustia al respecto. Imagino que la diferencia, con otros periodos de desempleo, es el 'colchoncito' de los 16 meses acumulados de paro. Porque en otras ocasiones el máximo que tuve fueron 6 meses...y no, no es lo mismo. La verdad es que nunca agoté el paro, siempre me quedó entorno a un mes sin cobrarlo (bueno, salvo la primera vez, hace 15 años que sí lo agoté..., eso y el ahorro personal de toda la vida. Y hace 9 años, que teniendo cuatro meses gasté sólo uno y, encima, estuve otro trabajando con un sueldo casi menor a lo que hubiese cobrado de subsidio. Cosas raras que hace una. Y el desconocimiento: no sabía que el paro que no se cobra, se pierde. Porque el derecho de cobro devengado por cada periodo trabajado no es acumulativo).

Mi intención, no obstante, es empezar a buscar antes de finalizar el presente mes. La situación ideal sería reincorporarme al mercado laboral en septiembre. Nuevo curso, nuevo curro. Además. como soy consciente de que el primer trabajo que se encuentra tras un periodo de paro suele ser 'de transición' (un mes y volver al paro, ya me ha pasado otras veces) prefiero seguir teniendo ahí el 'colchoncito' del paro sin cobrar. Para evitar angustias, que no me convienen. Ni me apetecen.

Paso el día sin hacer nada importante. Limpio, riego las plantas, plancho por la mañana, saco las plantas a la terraza por las noches para recogerlas antes del mediodía. Nada transcendental. No suelo levantarme antes de las diez y desayuno sin prisas, por lo que no es raro que me den las doce con el café sobre la mesa mientras he vagueado en la terraza, revisando el correo electrónico o, simplemente, escuchado un rato la radio tumbada en el sofá. Como tarde (más cerca de las cinco que de las tres) porque a veces salgo a la compra a mediodía. Tomo algo de fruta sobre las ocho y media de la tarde, como merienda. Y ceno algo...a partir de las diez de la noche. Por lo que, al final, lo único que sigue sin variar con respecto a mis horarios 'normales' laborales es la hora a la que ceno: tardísimo. Afortunadamente, como no he madrugado...cuando me entra el sueño ya es tan tarde que he hecho, sobradamente, la digestión.
Y otra costumbre que no he perdido es la de quedarme dormida en el sofá y trasladarme a la cama a medianoche...casi más de madrugada.


Y en esto consiste mi aburridísima rutina diaria de desempleada ya no tan reciente. Y merecía un post así de aburrido.

(Quisiera hablar de otras cosas. Debería hablar de otras cosas que me preocupan más. Pero..., pero no hoy. No esta noche. No en este post aburrido sobre una realidad aburrida como es la mía este verano). 

Rutina y aburrimiento. Para que pase el tiempo. O para evitar el estrés.

sábado, 15 de agosto de 2015

Convalecencia.

Día raro.
Me he levantado con una extraña sensación de convalecencia. Sin haber estado enferma ni sentirme enferma: me siento convaleciente.

Ayer me quedé dormida viendo la tele (creo) como casi cualquier día. O igual apagué la tele y me acosté..., la verdad es que no tengo clara constancia de a qué hora me acosté ni cómo. Cuando me tumbo en el sofá ya hace rato que cené, me lavé los dientes, me di la crema nutritiva en la cara, me llevé un vaso grande de agua para no tener que levantarme. A partir de ahí, puedo quedarme dormida diez minutos, despertar, apagar el televisor y trasladarme al dormitorio...o los diez minutos pueden ser tres horas, o no llegar a dormirme y aprovechar cualquier pausa en cualquier cosa a la que ni siquiera esté haciendo caso para irme a la cama previa pulsación del botón de apagado del televisor.
Ha refrescado. Por fin. No es que haga frío..., pero me resulta muy agradable arrebujarme en la sábana. Es una agradable novedad tras dos meses y medio de calor sofocante.
A las seis y media aún es de noche. Esta mañana lo he constatado: imagino que el 'click' del despertador cuando llega a la hora en que está programado que suene me ha despertado. Aunque tengo clara conciencia de que también me he despertado otras veces esta noche.
Y..., y a las ocho esa sensación como de haber tenido fiebre. Y esa obligación a 'hacer tiempo' y no levantarme de la cama antes de las nueve y media (creo que finalmente lo he hecho alrededor de las nueve). Y trasladarme al sofá sin saber si me apetecía tomarme un café y reactivarme, o tumbarme e intentar dormir otro rato...
Y se me ha pasado la mañana sin hacer nada de provecho. Revisar hilos de publicaciones en redes sociales, tomarme un café y un pedazo de pan tostado, echar un vistazo a las fotos que hice ayer, imprimir alguna, fregar los vasos, taza y platos del desayuno y la cena de anoche... Y no entender porqué me siento extrañamente cansada cuando no he hecho ningún esfuerzo.

Se me han ido la mitad de mis días de vacaciones. Mitad justa.
Lo mejor es que no me he acordado del trabajo, para nada, en todo este tiempo.
Lo peor es que no me apetece en lo más mínimo volver.
Igual la sensación de convalecencia tiene algo que ver con eso, con el haberme despertado tantas veces como los días laborables, con abrir los ojos a las seis y media y ver que a esas horas vuelve a ser de noche...y en unos días será la hora a que me tendré que levantar.