domingo, 7 de junio de 2026

Pequeños dramas (sin importancia real).

 El refranero, que es sabio, sentencia: 'El hombre propone y dios dispone'.
Y, no, no me refiero a la visita a España del actual Papa de la Iglesia Católica.

Simplemente...que cuando me decido a actualizar este blog, empezando a hacer un resumen de lo acontecido en mi vida (nada demasiado importante, tampoco vayamos a creer otra cosa) va mi portátil y decide que no, que no quiere funcionar.
Arranca...pero no carga el 'escritorio'. Ergo, no tengo acceso a nada.

He probado diferentes 'trucos' (o sea, sistemas que ya conozco para intentar entrar) pero nada. No paso de forzar el arranque. Toda la noche y hasta hace un rato ha estado él solo intentando cargar. A casi las cuatro de la mañana me acosté anoche con ese tema.

Y, como las desgracias (bueno, estoy exagerando un poco) no vienen solas...resulta que tampoco tengo actualizado el archivo en memoria externa de lo que me interesa conservar y para lo que compré esa memoria. Que no sé porqué, pero que desde 2022 pues se ve que no, que no he guardado nada...
Un pequeño desastre. 

Supongo que tendrá arreglo: mañana lo llevaré al 'médico de ordenadores' (un establecimiento que sé que es muy bueno, aquí en el municipio donde vivo). Si el portátil en sí no tiene arreglo (ronda los 7 años) al menos que me puedan extraer todo su contenido.

Mientras...pues móvil (en realidad es lo que más uso. Y también está dando avisos de colapso inminente, que tiene más de seis años), táblet... 
Ah: y como igual alguien incluso me lee y se pregunta cómo he publicado esto...pues sí. Mi otro portátil. Uno reacondicionado, que tiene que vivir enchufado y que compré hace casi cuatro años. Precisamente para poder cubrir pequeñas hecatombes como la actual.

Dramas del Primer Mundo, en el fondo.

Pero que ya es fatalidad que, para un día en que se dan los factores 'me apetece+tengo tiempo' y quiero actualizar el blog...va el portátil y decide que no, que a él no le viene bien.
Me tomaré, también, una valeriana. Porque...menudo añito llevo...

lunes, 5 de enero de 2026

Queridos Reyes Magos...

 Queridos Reyes Magos:

viernes, 7 de noviembre de 2025

Al menos hoy, llueve.

 Viernes noche.

sábado, 18 de octubre de 2025

La fase en que se avanza hacia el desamor definitivo.

 Cuando se quiere, pero se tiene que dejar de querer, hay tres fases:

-Cuánto le quiero.
-Cuánto le he querido.
-Cuánto le quise.

Hace justo un año, octubre pasó de ser el mes en que le encontré a ser el mes en que tuve que decidir cortar el contacto. El contacto que llevaba demasiado tiempo empeñada en mantener absurdamente. 

Ha pasado un año.

No ha pasado ni un solo día en que no haya pensado en él. No pasa ningún día en que no le recuerde. No ha habido ninguna semana en que no me haya preguntado cómo estará.
No sé cuantas veces, entre semana, me he dicho ''este sábado le llamo".
Cada sábado en que, por circunstancias, he sabido que pasaría el domingo en casa, he pensado en que quizá sería un buen momento…
No lo he hecho.
En todo este tiempo, él no ha hecho la menor intención por contactar.
Le mandé algún whatsapp (nada demasiado personal. Porque ni siquiera felicitarle por su cumpleaños es algo que, viniendo de mí, le importaba) que por supuesto no ha respondido.
Ni siquiera sé si conserva el mismo número de teléfono o si esa cuenta de whatsapp es válida (aunque mantiene la misma foto. La foto de esa especie de 'hijo' que su novio se inventó o que él invento para su novio…, otra de esas historias inquietantes que he ido hilvanando, otro de esas imágenes con piezas perdidas que componían el puzzle).
Un año justo. Mañana hará un año justo.
O…
Exactamente, el 15 de agosto se cumplieron cuatro años de la última mañana que desperté a su lado.
El 01 de octubre, tres de la última vez que estuvo en mi cama, un sábado por la tarde.
El 24 de agosto, dos de la última vez que le vi.
El 28 de septiembre, uno de la última vez que hablamos
Tantas últimas veces.
En ninguna de ellas pensé que lo era.

Existen tres fases. Dos son en presente:
Cuánto le quiero. Cuánto le he querido.
La tercera ya se dice en pasado: Cuánto le quise.

Ha pasado un año desde que decidí despedirme de él.
Sigue doliendo mucho. Mucho.
Pero creo que estoy empezando a entrar en la segunda fase. 
La fase en que se avanza hacia el desamor definitivo.

jueves, 7 de agosto de 2025

Ese músculo que dicen que no duele

 Supongo que es algo que tiene nombre, aunque yo no quiera encontrárselo.

sábado, 24 de mayo de 2025

Inútil y prescindible.

 Intento escribir.

Muchos días me lo propongo. De verdad. Decido que de hoy no pasa, que siquiera unas letras, unas líneas. Pero...

Pero al final me puede el cansancio. El portátil tarda en arrancar, a veces se bloquea o se pone a actualizar. Y espero. Y me tumbo mientras se estabiliza. Y...

Y pasan los días.

Estoy muy cansada. Sigo muy cansada.

Los resultados de mi última analítica dicen que estoy sana. Pero yo no me encuentro bien. Estoy siempre cansada, tengo sueño e insomnio a la vez. Me duelen las articulaciones. A veces me cuesta respirar. 

No tengo ganas de hacer nada. Nada en absoluto. 

Por mi vagaría entre la cama y el sofá.

Me repito que tengo que ordenar el salón, la cocina, el dormitorio. Que lo haré la próxima tarde libre, que ahora los días son más largos y claro que puedo dedicar un ratito antes de la cena... Que siquiera doblar y guardar la ropa, traerme al sofá una bolsa grande de basura y empezar a tirar sin miramientos casi todo lo que tengo sobre la mesa, las mesas. 

Pero no hago nada.

Tengo sobre las sillas jerséis lavados hace semanas. Las chaquetas/abrigo de todo el invierno. Simplemente debo cogerlo y llevarlo al dormitorio.

Pero no lo hago. 

Compro cosas que no necesito y además lo sé, que no las necesito. Unos vasos, unas cajas de plástico para ordenar cosas, pintauñas que ni estreno. No son cosas caras, pero no las necesito. Son gastos inútiles en cosas prescindibles.

Me siento así: inútil y prescindible.

Aunque, al menos, he sido capaz de escribir estas líneas sin sentido ni interés.

sábado, 15 de marzo de 2025

Falta de tiempo para vivir.

 Trabajar los sábados me descoloca el día.

Y me parece absurdo ese desconcierto: durante muchos años trabajé todos los sábados. Y durante gran parte de esos muchos años trabajé los sábados completos y con jornada partida…
Pero ya había perdido la costumbre.

También me parece absurdo el descoloque cuando simplemente son cuatro horas por la mañana y teletrabajando. Y que será solo un sábado al mes.
Pero lo comprobé el mes pasado (primer mes en que tenía que trabajar un sábado) y lo he vuelto a comprobar hoy.

Aunque sé que esta sensación rara, de desconcierto, no solo es por haber trabajado por la mañana. La semana ha sido complicada. Cada vez más descontrol en las comidas. Quedarme dormida en el sofá y trasladarme a la cama cuando apenas quedan ya dos horas para tener que levantarme. Trayectos que se me hacen larguísimos para ir y volver al trabajo.
Falta de tiempo para todo.
Falta de tiempo para vivir.

Lo de menos ha sido tener que teletrabajar hoy sábado por la mañana.
El auténtico problema es este pasar incesante de días completamente vacíos, estos días que solo son fechas en el calendario. Que me pasan por encima.

Que no significan (ni significarán cuando mire hacia atrás, desde el presente que hoy son días futuros) absolutamente nada para mí.