Me acuerdo de él a diario.
A finales de este mes hará tres años que le vi por última vez. A finales de septiembre, dos años de la última vez que hablamos.
No ha habido más contacto.
En este tiempo he tenido eso, tiempo, para ir poniendo las piezas en el puzzle. Y de ver la ingente cantidad de mentiras que pudo llegar a contarme en esos casi quince años en que traté con él, en diferentes ámbitos.
A estas alturas, creo que la única verdad que me dijo es su nombre. Porque ni siquiera tengo claro que su fecha de nacimiento fuese la que decía (hay detalles que me hacen dudar). Lo demás...una mentira tras otra.
Y lo peor es que de muchas cosas claro que me di cuenta en su momento..., pero no quise verlo. O aceptarlo.
Supongo que porque sigo sin entender que alguien que no tiene necesidad alguna de hacerlo te mienta. No tenía necesidad de hacerlo: yo soy capaz de entender cualquier cosa, cualquier situación. Y, sin embargo...
No sé cómo pude condicionar tanto, pero tantísimo, mi vida cotidiana a él. Porque lo hice. Durante años. Porque yo sí estaba manteniendo una relación sentimental con él.
Él conmigo, no.
De hecho, creo que llevaba años conviviendo con su soldadito (si es que no es también mentira su profesión, claro). Lo mismo: muchos detalles. Durante años, muchísimos detalles de que era así. Pero..., yo me negué a darme cuenta.
Lo mismo: si no tenía motivos para mentirme, ¿por qué iba a hacerlo? ¿por qué iba a contarme que vivía en tal sitio si realmente vivía en otro? Pero estaban las evidencias, las líneas de autobuses, los horarios, el que le llevasen o le recogiesen (también cuando quedaba conmigo), determinadas presuntas reformas en su casa, horas a las que le podía llamar y que, de repente, pasaban a ser otras para finalmente ser un 'te llamo yo'.
Cientos de detalles.
Ni siquiera puedo decir que me fuese infiel con esa persona. Directamente era su pareja estable. Y yo..., pues no lo sé. Porque curiosamente le recogía en Atocha los días que quedaba conmigo (y, sí, también le acercaba a la estación. Probablemente yo, mi existencia y los encuentros entre él y yo, era algún tipo de juego que también se traían entre ellos...
No lo sé. Y eso sí que prefiero no saberlo.
Me acuerdo de él cada día. No sé cómo pude dedicarle tanto tiempo de mi vida. No sé cómo pudo hacerme tantísimo daño, siendo plenamente consciente de que me lo hacía (o igual ni siquiera era consciente. También he llegado a plantearme si realmente no tiene algún tipo de problema mental, porque también había detalles que, en fin, no encajaban. Que pueden tener un nombre y una explicación...pero que tampoco me sirve porque sería seguir justificándole).
Supongo que le sigo queriendo. Que una parte de mí sigue sin entender nada, sigue esperando que las cosas vuelvan a ser como fueron o como creí que eran.
Me acuerdo de él a diario.
Aunque sepa que su ausencia ya es infinita y definitiva y que no volveré, nunca, a verle.