Scroll.
Despierta desde las ocho y pico (aunque duermo muy mal y seguro que encadené despertares breves desde que me trasladé a la cama de madrugada).
Levantada desde más o menos las nueve. Vistazo al móvil. Terraza. Supongo que en algún momento visité el baño. Echo a alguna maceta el agua que no me bebí anoche. Pongo la radio. Cafetera: lleno el depósito con la jarra de cristal, añado el café molido a filtro de papel, enchufo. Me como un donut de marca blanca que me traje ayer desde casa de mi madre (cuando me da estas cosas, raramente no acaban en la basura días más tarde porque me olvido de ellas y se endurecen y estropean). Me llevo la taza de café con leche al salón. El plan es ponerme a responder las ofertas de empleo que guardé la semana pasada...
Reviso el móvil. Redes sociales, esas aplicaciones tipo twitter repletas de imágenes creadas por IA, publicaciones racistas, otras xenófobas procedentes de individuos llegados precisamente desde países extranjeros, el resurgimiento del fascismo... Opino, denuncio publicaciones...
Me dan las once. Tengo la taza de café casi intacta. Paso por la cocina y me preparo un par de galletas con mantequilla. No he encendido aun el portátil. Echo otro vistazo al móvil por si he recibido algún mensaje. Alguien ha respondido a algún comentario. Me meto de nuevo a ver publicaciones de cosas que en realidad ni me interesan.
Ruido en la calle. Una policía local busca algo en el jardín. Veo que mis begonias están mustias, voy al baño y pongo agua en el barreño azul pequeño, pongo las tres macetas. Decido regar las plantas: hay que llenar el cubito verde en la bañera, trasvasar el agua a una botella mediana o una regadera pequeña para ajustarse al tamaño de la maceta a regar. Abajo, en la calle, han llegado dos coches de policía y llega un autoescala de los bomberos, sin activar la sirena. Han cortado la calle y empiezan a aparecer curiosos. Dos paseos al baño para llenar el cubito. Veo como retiran el mástil de madera de un antiguo soporte para cables de teléfono: el corte de la calle, bomberos y policía era para eso.
Son casi las doce. Aun me queda café. Me propongo encender el portátil en cuanto lo acabe y me lleve la taza a la cocina. Reviso de nuevo el móvil. Me engancho otra vez a post de desconocidos.
Una y pico del mediodía.
Llevo más de cinco horas despierta y más de cuatro horas levantada. Sigo con la camiseta que uso para dormir.
No he hecho nada de provecho.
Scroll. Le llaman hacer scroll.
O como pasar horas mirando una pantalla y leyendo/viendo/respondiendo publicaciones de desconocidos. Publicaciones que ni siquiera me interesan.