domingo, 4 de octubre de 2020

Comienza octubre, avanza el año.

Terminó septiembre y entramos en octubre. 

Porque lo único normal de este año es que los meses siguen pasando, uno tras otro y sin más misterios.
Pasan los días. Volvemos a un confinamiento similar al  de finales de abril-comienzos de mayo, aquel en que ya podíamos más o menos salir a la calle e ir al trabajo si llevábamos un justificante de la empresa, pero no podíamos salir del municipio si no era con causa justificada y demostrable.
El problema es que en aquel confinamiento la gente se lo tomaba en serio porque veníamos de días aún más restrictivos. Y ahora está siendo un pequeño desastre. Y, por tanto, en cualquier momento nos confinarán aún más: con horarios para salir a pasear, por ejemplo.
No sé, esto está siendo un pequeño gran desastre. 

Poco más. 

En mi empresa han decidido que el departamento en que trabajo debe ser presencial (o sea, se terminó el teletrabajo más o menos voluntario. Ahora si alguien necesita teletrabajar deberá consensuarlo con la empresa).
Francamente, imagino que cada cual seguirá haciendo lo que le dé la gana y que no se le obligará a ir a trabajar. Más que nada, porque por parte de RRHH ya se comunicó que el teletrabajo era un hecho...y que la oficina estaría abierta para quien quisiera ir, pero no se hablaba de obligaciones.

Ya iré viendo. Mis planes-proyectos eran ir a la oficina los martes-miércoles-jueves y teletrabajar lunes y viernes. De momento, el teletrabajo se limitará a los viernes. Aunque si esta semana veo que cada cual va cuando le da la gana...pues la semana próxima decidiré qué quiero hacer. 

Poco más. 

Bajaron, por fin, las temperaturas. Aún no he añadido la mantita a la cama, pero no creo que tarde muchos días si la temperatura sigue manteniéndose: a medianoche refresca. Incluso yo, que no soy nada friolera, lo noto.

Sigo teniendo sueños raros, densos, pero que olvido a los pocos minutos de despertar. Algunos intento mantenerlos y, aunque el cuerpo casi en vela me diga que debo levantarme porque tiene sed o necesita ir al baño, intento no hacerle caso y quedarme en ese sueño, como una se queda frente al televisor esperando el siguiente intermedio para no perderse ni un minuto de película... 

Sigo teniendo sueños raros. Alguno con contenido erótico...del que luego no recuerdo el argumento y solo me quedan sensaciones confusas, de deseo insatisfecho. Demasiados meses de aplazamientos sucesivos, supongo.
Y estas últimas semanas en que nuevamente en nuestras conversaciones hay alguna connotación sexual, aquel sexo dialéctico o verbal que en nuestras primeras conversaciones era una constante y que luego desapareció...y del que durante los últimos años no hubo ni rastro. No voy a preguntar, ni preguntarme, (ni aún menos preguntarle) qué ha cambiado, qué ha pasado. 

Octubre. Y hace once años justos, técnicamente hablando, que le conocí. Y aquel 2009 es prácticamente idéntico (a partir del 01 de marzo de este año, porque ha sido bisiesto y aquel no lo fue) a este 2020. Observación, conocimiento inútil, puesto que esto no quiere decir nada más que eso: que aquel octubre empezó también un jueves. 

Comienza octubre, avanza el año. Sin más.

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