lunes, 2 de noviembre de 2020

Empieza noviembre.

 Empieza noviembre. Ese mes que me produce desasosiego, que no sé si me hace bien o me hace mal. Ese mes en que otros años en sus primeros días me han pasado cosas que me han cambiado la vida (o casi). Ese mes que debería ser el noveno, como dice su nombre, pero que es el undécimo. 
Ese mes. Este mes. 

Noviembre siempre empieza con un festivo (o 'día no laborable'). Este año ha empezado con dos, porque al caer en domingo el día 01 (festivo nacional) el día no laborable se ha pasado al lunes día 02 para cuadrar el calendario de festivos. Al menos en Madrid.

En un año tan extraño como éste, en que los días pasan sin más y en que las novedades tienen nombre de tipo de confinamiento (domiciliario, perimetral, municipal, autonómico...) un día festivo tampoco implica grandes cambios. Sobre todo cuando, además de los confinamientos, los estados de alarma y las nuevas normalidades, este ha sido el año del teletrabajo. Así que aquello de que lo que diferenciaba los festivos de los laborables era el hecho de quedarse en casa o ir a trabajar....pues tampoco está tan claro. Porque nos hemos traído el trabajo a casa. Y, en mi caso, ni siquiera todos los días.

No he hecho gran cosa este fin de semana largo.
En realidad, vivo con la sensación de no haber hecho gran cosa en todo el año.

Volvemos a estar al borde de otro confinamiento domiciliario (intentamos mirar para otro lado, pero todos los indicios apuntan en la misma dirección). El proyecto laboral que consiguió ilusionarme en marzo (ya es fatalidad, empezar a trabajar un día 02...y que empiece el Estado de Alerta el viernes de la siguiente semana) es como un azucarillo al borde de una taza de té caliente. Sabes que terminarás echándolo dentro o que se caerá solo. Sé que este proyecto no va a durar. En ambos casos lo que no conocemos es el momento exacto, pero será antes de que el té se enfríe. Y seguramente será antes de que cambiemos de calendario.

Intento ilusionarme con otras cosas. Con encuentros que en realidad sé desde que se plantean como hipótesis que no serán. Con llamadas programadas que luego tampoco se producen. Con un 'a ver si la próxima semana quedamos para tomar café (siquiera eso)'. Pero en el fondo sé que no será. Aunque durante días, a ratos, intento creérmelo para ilusionarme con algo.

Vivo en un estado de cansancio permanente. De permanente incertidumbre. De imágenes que aparecen como flashes. De canciones que de pronto me sorprendo tarareando...durante horas y sin que exista ninguna explicación a qué me llevó a ella cuando es una canción de 10, 30 años atrás y que ni siquiera me entusiasme especialmente. 

Y a ratos hasta tengo síntomas físicos. A los que tampoco hago caso: si no pienso en ellos, si los ignoro, seguro que desaparecen. E imagino que así es. 
O igual no. 

Terminó octubre. Empieza noviembre. 
Cuenta atrás para que finalice este año tan inesperadamente raro.

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