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viernes, 7 de agosto de 2026

Insufrible verano de calor ininterrumpido.

 Calor. Calor. Calor. Calor.

Llevamos en verano desde principios de mayo. No, no 'primavera'. No 'buen tiempo'. Verano en términos absolutos.

De hecho, las últimas veces que me tocó acudir a la oficina, a mediados-finales de abril, fui con manga corta y pantalones ligeros. Es más, decidí que el último día iría con la misma ropa que llevaba em la primera entrevista en septiembre de 2023: camisa tipo blusón en algodón blanco de manga corta y pantalones anchos de viscosa en color negro.
En abril ya hacía calor.

Va anocheciendo un poquito antes cada día e imagino que también amanecerá más tarde, pero eso no hace que bajen las temperaturas. 

Yo cada vez soporto menos el calor.
Me quedo dormida en el sofá, sobre el que he puesto una sábana de algodón, y me despierto a medianoche sudando.
Me traslado a la cama y vuelvo a despertarme sobre las siete y media, sudando. Y sudando estoy cuando decido levantarme entre las nueve y las diez. A diario lavo a mano la camiseta con que duermo (porque prefiero dormir con una camiseta de algodón, precisamente por el sudor, que humedecer las sábanas...ahora que estoy sin lavadora).
Me lavo el pelo y pasados veinte minutos no sé si aún no se me ha secado del todo la cabeza tras lavarla...o si ya estoy sudando otra vez.

Por suerte, nunca tuve un sudor de los que en minutos se convierten en mal olor: beber mucha agua, no tomar alcohol, priorizar las fruta y no tomar ultraprocesados, además de duchas diarias y ropa de tejidos naturales, ayudan. Y mi perimenopausia no ha cambiado eso. Pero..., no soporto esta sensación. Además, subir sudorosa a un autobús o entrar en un comercio es correr el riesgo de resfriarse: aires acondicionados a 18ºC. Que eso es otra. 

Llevo en el bolso un foular de seda, bien plegadito y en una bolsita de tul. Para poder enrollármelo al cuello en caso necesario. Porque ya hace un mes me resfrié 'gracias' al aire acondicionado. Y no me apetece volver a pasar por ello: tuve que recurrir a las aspirinas y sin poder tomar algo caliente para el dolor de garganta, que es el remedio ideal en invierno. Con 38ºC nocturnos (que sí, que los he tenido en mi dormitorio) un vasito de leche calentita con miel.., no, no apetece especialmente.

La semana que viene, pasado el día del eclipse, debo empezar a tomarme en serio lo de actualizar el currículum y empezar a plantearme por dónde quiero empezar a buscar trabajo. Porque también tengo que actualizar mi perfil en los diferentes portales de empleo.
Curiosamente, es lo que peor llevo cada vez que me quedo en paro. Esa burocracia que supone tener que recordar dónde estoy registrada y tener que revisarlo todo, incluir la última experiencia y añadir habilidades, actualizar fechas y foto...
Luego lo de responder ofertas o acudir a entrevistas ya me cuesta menos, la verdad. Y tener ese 'colchoncito' del subsidio de desempleo (que esta vez no me convierte ni en mileurista, por cierto) me da una mínima tranquilidad. Muy mínima, lo sé. Como sé que se convertirá en neurosis cuando comience a responder ofertas y no empiecen a contactarme de inmediato. 

Tengo que activarme en ese tema. Pero estoy cansada. Tres meses y pico sin hacer nada...y sigo cansada.
Y es que estos meses han sido un verano sofocante y sin un solo respiro en forma de días de tormenta o de bajada de temperaturas. 

Y yo cada año soporto menos y peor el calor.