jueves, 16 de junio de 2016

Semana larga y extraña.

Sensaciones raras para acompañarme en esta semana larga y extraña.

A ratos, la alergia apenas me deja respirar. Me dan ataques de tos que derivan en asma. Cuando suena el despertador quisiera demorar al máximo el momento de saltar de la cama...pero no puedo hacerlo: sé que si cierro los ojos tres segundos, cuando vuelva a abrirlos perfectamente pueden haber pasado tres horas. Me levanto cansada: supongo que he estado despertándome y volviendo a dormir toda la noche, obligándome a despertar para respirar conscientemente y regresando al sueño sin haber sido consciente de qué he hecho.
Tampoco puedo añadir esos 'cinco minutos más' de cama tras el despertador porque toda la semana han estado de huelga los transportes públicos. Semanas de añadir hasta una hora más de tiempo al simple hecho de volver a casa tras el trabajo. El lunes llegué a las ocho y media: dos horas y media encadenando buses que se meten en atascos, trenes que tardan siglos en llegar y se van parando, abarrotados, entre estaciones. Se me rompió una sandalia y terminé haciendo el último tramo del trayecto con un pie descalzo y la sandalia en la mano.
Total, qué más daba.

Días de cosas que no terminan de llegar, de cosas que se retrasan. Raro ambiente laboral el lunes, parte del martes. Más relajado a partir de ese mediodía: no hay como eliminar un elemento desestabilizador para que la tormenta se calme momentáneamente.

Y..., y echarle mucho de menos otra vez. Y volver a darme cuenta de que las cosas son como son, que un oasis no es mucho más que un espejismo cuando hay que seguir cruzando el desierto en soledad...

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