sábado, 15 de junio de 2019

Todo va a salir bien.

Desde hace una semana me repito como un mantra una frase 'Todo va a salir bien'.
Y me lo repito una y otra vez para intentar que el universo se lo crea y sea así. Porque sé que si yo me lo creyese, no lo repetiría en algo que casi podría ser una oración.
'Todo va a salir bien'.

Porque me digo que todo pasa por algo y que esta vez no va a ser una excepción. Porque todo esto me ha pillado de sorpresa (aunque en el fondo, no tanto). Porque en realidad es (casi) algo que deseaba pero no me habría atrevido a pedir, como no puedo atreverme a verlo como algo positivo, como un avance. Porque quedarse sin trabajo nunca puede ser algo bueno, quedarse sin un trabajo que no me gustaba, pero que reconozco que tenía un sueldo un poquito mejor que la media de los empleos igualmente basura y de supervivencia... No, todo esto no puede ser algo bueno.
Y lo peor es que sé que la situación puede empeorar. En varios frentes.


Por eso me repito que 'todo va a salir bien'. Que el futuro sólo puede ser ése, el que dé la vuelta a la situación y se convierta todo en un fin positivo, en el final feliz en que nunca desemboca mi realidad. 
Las brujas nunca somos las ganadoras en los cuentos.

Ayer, cuando me he despertado de algo que en mi percepción había sido cerrar los ojos y echar una cabezada en el sofá frente a la televisión, ya era de día. Pasaba de las seis de la mañana, el televisor se apagó solo muchas horas antes.
Me he trasladado a la cama y he vuelto al sueño.
Pero sin perder el miedo. Ese miedo que no viene de haber tenido una circunstancial pesadilla ni está fundamentado en nada concreto. 

Creo que me quedé dormida en el sofá de puro cansancio. Porque sigo cansada y no es explicable ni justificable. Y quizá arrebujarme en la manta ligera azul de punto, tras la ducha y la crema en la cara, tras el consuelo de tomar algo dulce, me hace sentir protegida.
Y me duermo.

El lunes concluyo los trámites burocráticos, administrativos y pelín farragosos que conlleva el inicio de la situación de desempleo. También tengo una cita médica que, espero, sea la última en unas semanas.
Y tendré que decidir si me pongo a buscar ya mismo otro trabajo o si me lo tomo con calma y dejo pasar el verano.
No recuerdo haber estado tan indecisa en mi vida.

Todo va a salir bien.
Me lo repito. Y tengo miedo.

Porque sé que en el fondo aún no he reaccionado. Que el papeleo, el propio cansancio acumulado, las visitas al médico..., me han tenido entretenida. Pero sé que en cualquier momento todo ese entramado que, cual andamio, me rodea, desaparecerá.
Y me desmoronaré.
Y también eso me da miedo.

También le echo de menos. Siempre le echo de menos. Aunque hablé (me llamó él) el martes pasado, aunque le escriba cada noche y me responda, aunque esta tarde hayamos vuelto a hablar. Siempre le echo de menos.
Todo va a salir bien. También esto, sea lo que sea, va a salir bien.

Necesito agarrarme a esta frase.  Porque no recuerdo haberme sentido, nunca, tan perdida en un océano que, de repente, es como si fuese totalmente desconocido para mí.

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