miércoles, 14 de agosto de 2019

Mediados de agosto. Cada día anochece antes.

Días raros.
Miércoles por la noche y con la sensación de no saber qué he hecho esta semana. Aunque necesite pensar poco para hacer inventario: lavar y planchar cortinas, ordenar los dos cajones de los jerseys doblándolos bien (no ocupan menos espacio doblándolos de forma convencional o enrollándolos, pero de esta segunda forma creo que será más fácil no desordenarlos cuando tenga que sacar uno. O no, ya veremos. De vez en cuando cambio la forma en que guardo la ropa...y al final acaba toda descolocada en pocas semanas, haga lo que haga), coser las fundas de un par de cojines... He hecho cosas, sí, pero tengo la sensación de no haber hecho nada.

He estado dos días esperando a que me sirvieran una bombona de butano. Se me acabó la semana pasada (me viene a durar un año. No recuerdo cuando la cambié, imagino que el pasado mes de agosto) y puse la de repuesto que suelo comprar meses más tarde (no me hace mucha gracia tener una bombona de butano, llena, en la terraza. Aunque sé que no tiene el menor riesgo). En circunstancias normales, no pediría la nueva 'de repuesto' hasta navidad....pero mi vida en los próximos meses puede ser imprevisible. Y este año no cuento con tener libres la navidades, como los últimos años, así que mejor ir adelantando cosas. Que, vale, considerando lo que me dura cada bombona podría esperar al verano del año que viene..., pero...
A veces me dan estas neuras. 

Como empiezan a repartir a las ocho de la mañana (ya me pasó hace unos veranos. De hecho, a las ocho ya me habían servido la nueva bombona y ya estaba yo de vuelta en la cama) pues antes de esa hora ya estoy despierta. No vaya a entrar en una fase de sueño profundo que me impida escuchar tanto el timbre del portero automático (que son tan sonoros que suelo escuchar los de medio edificio) como el de la puerta (que estoy segura de que deben oír, las pocas veces que alguien lo toca, desde el edificio de enfrente si tengo abierta la terraza). Pero, vamos, mejor no correr riesgos.
Lo mismo me ha dado. No han venido.
La encargué por teléfono el lunes por la mañana. Quedaron en venir el martes (ya me avisaron que el repartidor de mi zona está de vacaciones y que el reparto lo hace otro, de Madrid, por lo que no era segura la hora) y no vino nadie. No salí de casa en todo el día, esperando...y haciendo alguna otra cosa.
Llamé esta mañana para explicar la situación. Quedaron en reclamarlo...y volvieron a explicarme lo del repartidor-suplente.  Esta vez la empleada me informó que terminaba el reparto a las seis y media de la tarde.
He esperado hasta más de las siete. Por si acaso. 
No ha venido nadie. 

A las siete y cuarto he bajado a la frutería: necesitaba hortalizas para el gazpacho.

Mañana es festivo. Nacional.

Pasado mañana tengo analítica y ecografía en el hospital. Rutina, en realidad. Pero no me gusta que me pinchen, no me gustan las pruebas médicas, no me gustan los hospitales. Así que ya estoy nerviosa...

El sábado pasado hablé con él. Me llamó (de no haberlo hecho, habría llamado yo). Más de una hora, quizá casi dos.
Me relaja escucharle hablar. O..., no es exactamente relax. 
Me tranquiliza saber de él. Quizás eso sea más exacto. 
Y le sigo echando de menos. Cada día y de forma inevitable.

En pocos días tendré que empezar a tomarme en serio lo de encontrar un nuevo trabajo. Tendré que volver a las ofertas de empleo, a rastrear los diferentes portales, a enviar cv y contar con que me rechazarán (la edad corre en mi contra), a hacer alguna entrevista y decidir que es absurda, a encontrar un trabajo que, seguramente, no sea el definitivo...
Todo eso.

Mediados de agosto. Cada día anochece antes. Y sé que a partir de esta semana se notará más y más y a finales de mes a las nueve será de noche.
Mañana habrá luna llena. La célebre luna llena de agosto.

Novedades que no son más que rutinas, porque cada año es igual.  Y lo sé. 

Aunque me guste pensar, por un momento, que realmente me ha sorprendido necesitar dar la luz en la cocina y ver no eran más que las nueve  y cuarto de la noche. 

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