martes, 7 de enero de 2020

Extraña inquietud.

Empiezo el año entre nerviosa y desanimada. Inquieta, sin tener claro porqué, pero con esa inquietud que no son exactamente ganas de hacer cosas. O igual sí, pero al sentirme cansada tampoco me apetece.
No sé.


La sensación de cansancio de los últimos días debería preocuparme (yo no debo, no puedo estar cansada, no con ese tipo de cansancio) pero la voy a achacar a las compras de Reyes de última hora y el desbarajuste de comidas consiguiente. El domingo estaba tan, tan cansada que a media tarde me habría metido en la cama..., pero las obligaciones me dejaban claro que era otras cosas a las que debía dedicarme y eso hice, claro. Lo que no me quitó el agotamiento, la absoluta falta de hambre, el sueño...


Ahora tengo que recoger la casa (restos de papel de envolver, regalos que tengo que ubicar en su sitio), pasar la aspiradora bien a conciencia (en una alfombra tengo hasta restos de tierra de maceta, que se volcó...y también tengo que trasplantar esa plantita, claro), planchar las sábanas que llevan como una semana dobladas en el sofá pequeño, poner una lavadora, lavar algunas prendas a mano, recoger la cocina, pasar la fregona por el suelo de toda la casa...
Y no tengo ganas de hacer nada. Bueno, tampoco estoy segura de no tener ganas, exactamente. 


Me he traído el portátil a la cama y estoy escribiendo desde ahí, recostada en la almohada auxiliar. Es curioso: a veces olvido que el portátil es eso, portátil. Y termino usándolo solo en la mesita baja frente al sofá. E incluso termino haciendo casi acrobacias para hacer otras cosas sin moverlo. El domingo, sin ir más lejos, aumentó mi cansancio el hecho de ponerme a embolsar chucherías sobre el sofá...cuando lo más cómodo y sencillo hubiera sido hacerlo aprovechando la mesa, que para eso es una mesa, y no forzando la postura de la espalda..., un poco extraño de explicar, lo sé...

También tengo que empezar a buscar trabajo, ya lo sé. Es algo que no debo, ni puedo, aplazar.
Aunque... El lunes por la tarde tengo una revisión médica. Es algo rutinario..., o ni eso, es algo parte de los planes estatales de prevención de determinadas enfermedades, pero algo a lo que debo ir. Y me lo estoy poniendo como excusa para aplazar la búsqueda de empleo: no puedo meterme en una 'formación previa a la incorporación', de ésas que tanto gustan a las empresas, porque ya tendría que faltar esa tarde (o simplemente irme antes, que a las siete y pico tengo que estar en el hospital). 
Me invento excusas, pero es algo a lo que debo ponerme ya. A buscar (y encontrar) trabajo. Sin excusas de fechas navideñas, meses llenos de festivos, ni ninguna de las que he aplicado este pasado mes de diciembre.

Enero es empezar el año y yo necesito organizarme. Incluso para alguien que suele empezar los años en septiembre..., que, mirándolo bien, este año ni eso...

Escribo desde de la cama, en penumbra. Llevo despierta desde las ocho, más o menos. No he desayunado. 
Me duele un poco la garganta. Llevo dos o tres semanas con algo que creí era un resfriado y, probablemente, sea más bien alergia. Y el dolor de garganta es más por los estornudos (termino con heridas, cosas del asma alérgico) que por lo que seguramente no, no es un constipado. 
Tengo que volver a mis verduritas, a mis nueces, a mis dos litros diarios de agua.
A una rutina.
No sé nada de él desde el jueves. Y sé que eso es parte de la extraña sensación de inquietud.


Siete de enero. Esa fecha. Esta fecha.
Año nuevo con todas las de la ley.
Tengo que empezar a hacer algo con mi vida.

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