Último lunes del año.
Lunes de ventilar bien la casa (ya que ayer no pude hacerlo), de recoger un poco lo que quedó aún por medio (mi ropa, entre otros detalles), de planificar las horas por delante para hacer compras 'de reyes'.
Ayer domingo, al llegar a casa ya de noche, hice la cama, me duché. Algo que hago con ese horario entresemana pero no los domingos. Pero este domingo, también último del año, sí.
Me gusta despertar brevemente y saber que acabo de encontrar el olor de su cuerpo entre mis sábanas, algo de él cuando ya no está. Por eso no cambio las sábanas tras sus visitas.
Por si consigo soñar que sigue a mi lado, por si al menos en sueños recupero esa sensación de 'todo está mejor, todo está bien' que descubrí un día sentir al abrir los ojos en plena noche y verle dormido a mi lado.
Ese espejismo que trae. Esa paz que nunca sé cuando volveré a disfrutar.
Esa seguridad que, quizá, no sea otra cosa que saber que si me muriese en esos momentos no estaría, como sé que estaré cuando llegue el momento, completamente sola.
Último lunes de este año tan breve como interminable.
Último 'día después' a su presencia a mi lado, esperando el siguiente algún día del próximo esperado año.
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