jueves, 21 de octubre de 2021

Pequeños dramas sin importancia.

 El lunes tardé más de 5 horas en conseguir tener escaneada una foto. Y ni siquiera se escaneó bien.
Hoy se me ha terminado, de pronto, la bombona de butano.
Se me ha roto la camisa que llevaba puesta. No descosido: se ha roto la tela de una de las mangas.

Hace años que escaneo fotos. De hecho, debió ser de las primeras cosas (si no la primera) para la que empleé el ordenador cuando por fin tuve uno, allá por 2003 si no me falla la memoria. No sabía hacer absolutamente nada con un ordenador (quien me iba a decir que hoy pase casi 12 horas diarias pegada a alguno), pero lo de escanear fotos lo entendí por puro instinto. 
Este lunes no era capaz, en un primer momento, ni de localizar en el equipo el acceso a la impresora. Creo que tardé más de media hora en encontrar algo tan simple y tan básico como eso (no, no tengo un acceso directo en el escritorio. Pero es muy básico encontrar cualquier cosa que esté instalada en un ordenador).
Y luego todo iba muy lento. No había modo de que el escáner funcionase a un ritmo normal.
La foto era una de las que se hicieron en la Convención Comercial de hace dos semanas. Aparezco en ella con parte del equipo de personas con las que trabajo. Se la pedí a una compañera y quería devolvérsela el martes. 
Conecté la impresora y encendí el portátil sobre las ocho de la tarde. Creo que pasaba de la una de la madrugada cuando ya dejé de insistir, di por bueno el escaneado y guardé la foto original en el bolso, para no perderla.


 Hace años que no me duraba una bombona tan poco tiempo. Creo que la cambié antes de semana santa, entre febrero y marzo
Sí, se que puede sonar raro que el hecho de que una bombona de butano me haya durado unos siete, ocho meses, me parezca que se ha gastado muy rápido. Pero es que lo normal es que ronden el año de duración. Y también me llama la atención que se haya gastado cuando en verano es cuando menos uso le doy (ya sabemos: ensaladas, gazpachos...)
Estaba haciendo unos filetes a la plancha cuando se ha terminado. Y he tenido que cambiarla. Y me he alegrado de haber comprado una nueva en agosto (a veces espero más meses, no me gusta tener una bombona llena en la terraza).
Hace un par de semanas, un sábado al rato de llegar de la calle, noté un fuerte olor a butano. Volví a la cocina y vi que uno de los mandos reguladores de los fogones de la cocina estaba abierto y saliendo gas. Se ve que unos minutos antes, al llegar con la compra y dejarla sobre la parrilla de la cocina, había rozado ese mando. Y al no estar cerrada la espita de la bombona (una de mis obsesiones, me paso la vida comprobando que no está abierta), empezó a salir gas.
También es probable que en esos dos o tres minutos, porque imposible que pasase más tiempo, saliera más gas butano del esperable y que eso haya contribuido a que hoy la bombona haya dejado de funcionar.
La he sustituido por la llena que estaba en la terraza. Asunto resuelto.

Al quitarme la camisa blanca que me puse esta mañana, he visto que la tela de la manga derecha, sobre el codo, estaba rota. Es incluso probable que se haya roto al trasladar la bombona, un rato antes. 
No estaba previsto que llevase puesta hoy esa camisa. Lo que planifiqué anoche es una blusa, también blanca. Pero al ponérmela esta mañana no me quedaba como esperaba y la he sustituido por la camisa. O sea, que hoy era su día de romperse (en el armario igual no le habría pasado. O sí, al sacarla o sacar otra prenda).
He mirado la forma de arreglarla. Creo que no vale la pena.
No me gusta que se me rompan las cosas. Y tengo muchísima ropa (aunque a veces también piense eso de 'no tengo nada que ponerme'). Además, esta camisa me gusta..., me gustaba. 
Pero supongo que la tiraré. Aunque la veo como algo nuevo..., me consta que tiene más de siete años (hay fotos en que la llevo, a finales de octubre de 2014). 
La tienda donde la compré cerró hace meses. 

Cosas sin importancia.
Pero estoy agotada y todo se me hace un mundo. Porque cada una de esas cosas absolutamente baladís, cuando me han pasado, me han parecido importantes. La blusa que no me pude poner esta mañana. El tener que cambiar las joyas elegidas al sustituirla por la camisa. El salir más tarde de casa y llegar más tarde al trabajo (no tengo una hora fija y siempre estoy más tiempo del que debería, pero hoy al llegar lo primero que me ha dicho mi superior directa es que me acababa de enviar un guasap porque ya le extrañaba mi tardanza. ¿Controlándome el horario de entrada, quizá?). La bombona que tengo que cambiar. La impresora que, además de escanear lenta y mal, no imprime el color negro correctamente. El no haber podido sacar dinero, en toda la semana, para pagar el alquiler (otra cosa para la que no tengo fecha fija) porque las fusiones y absorciones bancarias han tenido como una de sus consecuencias que ya no abren las sucursales por las tardes y que han cerrado las de los centros comerciales (el lunes me desplacé expresamente a uno de los habituales para comprobar que la oficina bancaria cerró hace meses).Pequeños trastornos sucesivos.

Cuando he cogido el bus pensé que tampoco me funcionaba el abono transportes. Lo he acercado dos o tres veces al lector de billetes del bus.., antes de darme cuenta de que estaba intentando validar el acceso al autobús con la tarjeta de acceso a la oficina.

Hasta ese punto estoy agotada.
Y todavía queda el viernes.

Pequeños dramas sin importancia que, cuando una está muy cansada, se hacen montañas.
Y que, quizá, son excusas que la mente crea para no pensar en asuntos más importantes que también están pasando.

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