Cuarenta y siete días.
Eso falta exactamente para que termine este año. Cuarenta y siete días.
No pienso, por descontado, que cambiar de año vaya a hacer ningún milagro. Que pasar del año impar a uno par vaya mejorar las cosas. Pero tengo muchas ganas, muchas, de dejar atrás este aciago 2021.
Mañana (bueno, ya en unas horas. Porque aunque siga sintiéndome en domingo, ya es lunes) empieza la tercera semana de noviembre. Sin perspectivas, sin esperanzas, sin nada. Con la única certeza de que el próximo domingo mi vida seguirá siendo la misma sucesión de monotonías, la misma falta de planes, el mismo mirar hacia el lunes, ese que será mañana, y ver que nada ha mejorado.
Porque sé que será así.
Y porque este año ya no me queda otro deseo que el que no pase nada más. Que no se rompa nada más.
Cuarenta y siete días para que se termine un año tan prescindible.
Un año tan inolvidable. Tan malditamente inolvidable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario