Vivo en una continua sensación de irrealidad.
Como si el tiempo hubiese adquirido otro ritmo.
No hago nada de provecho en todo el día. Las semanas pasan, sin más. Cada día anochece antes. Me desvelo sobre las siete de la mañana (a veces, antes), paso casi todo el día cansada. Me quedo dormida en el sofá si por la noche me tumbo frente a la televisión. En algún momento me despierto y me traslado a la cama, a veces sobre las 03:00h, a veces a más de las 05:00h, anoche a poco más de la una de la madrugada. Algunos días la tele se apaga sola y yo sigo durmiendo, otros la apago en algún momento y sigo durmiendo o me traslado a la cama. Muchas noches pierdo la noción del espacio y ya no sé, entre sueños, si estoy en el sofá o en la cama. A veces estoy en un sitio y a veces en el otro, entre sueños, pero en ninguno de los dos estoy realmente cómoda.
Apenas me muevo. Limpio algo, riego las plantas de la terraza, bajo a comprar alguna cosa. A veces voy a comprar más lejos, incluso a Madrid, y vuelvo agotada. Sin apenas haber hecho nada, pero cansada, muy cansada.
No tengo ganas de hacer nada.
No sé si estoy o no buscando trabajo. Hay algo ahí..., algo en donde podría haber empezado a trabajar esta misma semana, pero que he aplazado a enero. Hemos aplazado a enero. O igual simplemente lo he descartado y no quiero admitirlo.
Nunca he estado tan desanimada, tan falta de ganas y de proyectos. Nunca he tenido tan claro que no he hecho nada, absolutamente nada de provecho con mi vida.
Y que ya es demasiado tarde para demasiadas cosas. Casi para todo.
Y que solo me quedan años para, simplemente, sobrevivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario