domingo, 12 de marzo de 2023

Derrapando hasta la nada.

 Vivo en estado de agotamiento.

No es normal, tras pasarme prácticamente todo el día sentada, ir sentada la mayor parte del recorrido de ida-vuelta del trabajo, hacer un esfuerzo físico mínimo, llegar a casa el viernes por la tarde absolutamente agotada. Hinchada como una pelota y con ganas de tumbarme en el sofá, cerrar los ojos y dormir. Deseando que alguien me pudiese preparar algo de cena, me trajera el plato y el vaso y lo retirase luego (algo que hace tantos años que no pasa que ya ni me acuerdo en qué consiste en la práctica). Y luego poder dormir, dormir de un tirón y sin prisas por despertar ni levantarme de la cama. Y levantarme sin dolor de espalda, dolor de rodilla, sin esa sensación de que me han pasado por encima dos apisonadoras, una de ida y otra de vuelta.

Vivo cansada. Y sin perspectiva alguna.

No me gusta mi trabajo. No me gusta en lo más mínimo. Y el caso es que ya lo sabía, sabía que no me iba a gustar, cuando lo acepté. Pero fue aquella tontería de 'voy a aceptar lo primero que me ofrezcan, si reúne las características de horario de mañana, sueldo fijo pasable y no demasiado lejos'. Y sí, esas características las reúne. Y fue lo primero que me ofrecieron. Pero también sabía que sería algo tedioso, rutinario, casi de cadena de montaje. Y es eso lo que es. Eso, y en una empresa que choca frontalmente con mis convicciones éticas. 

No, no me gusta lo que hago. 

Mi periodo de prueba (dos meses, por contrato) finaliza en diez días. Y no sé si quiero pasarlo. Porque no tengo un 'plan B' claro. Y porque me restan menos de dos meses de subsidio de desempleo, el vulgarmente llamado 'paro'. Y no tengo fuerzas para empezar otra vez con la incertidumbre de responder anuncios de empleo y no saber si te llamarán de alguno para, al menos, hacer la entrevista. Y no saber si luego te seleccionarán. Ni si te gustará en la práctica el trabajo. 

Estoy cansada. Y cada día entiendo menos cómo he llegado hasta este punto. En qué momento se torció mi vida hasta derrapar hasta el sitio en que estoy.

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