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sábado, 11 de febrero de 2017

Entre el resfriado y la alergia.

Entre el resfriado y la alergia.

Sé que no es gripe (conozco los síntomas y son otros. O eso creo), por lo que creo que es un resfriado-constipado. Aunque llevo dos, tres días, en que algunos síntomas son idénticos a mis crisis alérgicas. Lo que pasa es que no hay motivos, porque llevamos varios días de llovizna... Aunque cuando el otro día vi cubiertos de flores amarillas algunos descampados que aún quedan en Madrid (pegados a la M30, además), dejé de alegar que 'aún no ha florecido nada'.

Tomo una dosis de un jarabe mucolítico que, dicen, sólo necesita esa cantidad diaria (y que no me debe estar haciendo efecto. O igual sí,  y sin el jarabe sería peor). Desde hace dos o tres días tomo una aspirina esfervescente con el desayuno y otra por la noche, ésta acompañada de un poco de leche caliente y miel. Añadiría como 'tratamiento' el inhalador nasal...pero es que eso lo necesito todo el año, para poder dormir (aunque esto no quiere decir que todos, todos los días de mi vida lo tenga que usar).

Estoy afónica, unos ratos más que otros. Me dan ataques de tos asmática, algunas noches me cuesta dormir. Ayer fui a comprar, compra semanal, al salir del trabajo (bueno, previo paso por un gran almacén para comprar un par de gadgets que tenía que reponer. Cosas que en realidad tampoco necesitaba 'reponer' aunque estén rotas, pero que apenas uso..., pero, en fin...) porque la idea es no salir hoy, quedarme en casa limpiando, ordenando, poniendo la correspondiente lavadora semanal, planchando si llega el caso...

No he hecho nada aún. Me he despertado a la misma hora de siempre (sobre las seis), me he vuelto a adormilar, me he despertado entorno a las ocho (calculo, no he mirado el reloj) sabiendo que debería ir al baño, me he intentado volver a dormir sin moverme, me he levantado no sé bien a qué hora (y sí, he pasado por el baño y creo recordar que he empleado el inhalador nasal), me he vuelto a meter en la cama... Y finalmente me he levantado a las once y algo.

Llueve. No es una lluvia torrencial, no debe soplar viento porque veo quietos los jirones del toldo que atisbo desde donde estoy sentada, el sofá, mientras escribo con el portátil sobre las rodillas flexionadas gracias a tener los pies apoyados en la mesita baja. 

Hace un rato sentía algo de frío. Tengo puesto una especie de camisón-camisola de dormir, que sé viejo-vieja pero está nuevo-nueva porque no suelo usar estas prendas: la rescaté del armario hace unos días, precisamente para intentar paliar los síntomas de este resfriado (o lo que sea), no dormir desnuda o con una camiseta de manga corta y coger aún más frío. También tengo puestos unos calcetines, que me dejé ayer para dormir con ellos (sí, y evitar que se me quedasen fríos los pies).  He desayunado un café 'de cápsula' (fue uno de mis regalos de cumpleaños, algo que de otro modo no tendría porque nunca se me había ocurrido comprar, y que sólo uso los fines de semana), unas tostadas de pan de barra (la compré ayer con ese fin, de otro modo tampoco compro-como pan) que tuesto en una sartén grande y vieja que sólo empleo para ese fin, con mantequilla y mermelada de cítricos. Sólo desayuno los fines de semana. El resto de los días es un café rápido mientras en la radio escucho las temperaturas por comunidades autónomas, acompañadas por una breve noticia de cada una, dos o tres galletas o ninguna, desayuno por no salir a la calle con el estómago vacío...

Tengo que hacer cosas y no he hecho nada ni tengo ganas.
A mi alrededor, el entorno es caótico. Muchas cosas llevan días..., quizá podría decir semanas, en un sitio donde no deberían estar. En el sofá suplementario hay incluso ropa..., no, son paños de cocina y alguna toalla pequeña y un par de pañuelos de cuello, cosas que quité de la cuerda de tender cuando ya estaban mediosecas hace días y que siguen ahí, esperando ser dobladas y guardadas en su sitio. Folletos publicitarios y algún periódico gratuito bajo la mesa. Una bolsa de frutos secos empezada, otra de rebanaditas de pan con arándanos, otra con restos de palomitas, la jarra para el agua, un vaso, más papeles..., incluso un resto de papel de envolver regalos, botecitos negros de las cremas que he comprado estas últimas semanas en mi tienda inglesa pija favorita, el termómetro (no, no he tenido fiebre), una caja de dulces navideños, el monedero-cartera viejo (por fin me decidí a cambiarlo, y eso que me hacía falta desde hace años, y eso que hace más de uno que me regalaron el nuevo...), pendientes, pulseras, anillos, horquillas...

En el suelo, el barreño que empleo para trasladar la ropa húmeda desde la lavadora hasta las cuerdas de tender, y que también empleo cuando decido meter un rato los pies en agua con sal y hacerme luego la pedicura. También la plancha ('centro de planchado, con  calderín') lleva al menos dos semanas ahí, en un rincón, pero casi en medio. Y más cosas, muchas más cosas, todo desordenado...
Y yo sin ganas de hacer nada.

Y sé que en cuanto 'arranque' no me cuesta ordenar, limpiar, aspirar la alfombra, fregar el suelo. No me cuesta, pero tengo que 'arrancar'.

Y estoy cansada. Entre la alergia y el resfriado. Viendo como las gotas gruesas que resbalan y caen en la barandilla de la terraza me recuerdan que sigue lloviendo.
Y que además del resfriado y la alergia, mi bajo ánimo, ése de no entender tantas cosas, también es un motivo para sentirme sin ganas de hacer más esfuerzo que el de dejar pasar los días. Sin oponerles resistencia.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Sensaciones raras.

Rara.
Esa es la sensación que me sigue produciendo escribir en este nuevo emplazamiento. Me siento rara. Siento este sitio raro. No, no es el sitio. Es la sensación lo raro.
 
Esta semana he recaído en mi resfriado, o lo que sea esto que tengo desde hace más de dos semanas. Molestias en la garganta que van del picor al ahogo a ratos. Pesadez en las sienes y tras los ojos. Dolor de cabeza que a veces es jaqueca y a veces un malestar que conozco y que se diría que viene de lejos o que me retorna a la infancia... no sé bien. Mareo, desequilibrio a ratos. Y un cansancio atroz, sobre todo.
Anoche tenía fiebre. Nada alarmante, no llegaba a 38ºC. Anteanoche tenía frio. No soy (para nada) friolera, pero sentía los pies congelados. Busqué unos calcetines gordos de los que empleo en pleno invierno para andar por casa, pero ni por ésas. Antes de acostarme tuve que ponerlos bajo el grifo de agua caliente y parece que algo se arregló, porque no era solo sensación de frío, no: al tacto tenía los pies helados. Y no son cosas normales en mi, la verdad, que duermo cubierta sólo con una sábana de satén y vestida con una camiseta de manga corta, que sólo en pleno invierno añado una manta y en raras excepciones y sólo si hace muchísimo frío 'tiro' del edredón... Bueno, sólo en pleno invierno y también cuando él duerme conmigo en invierno. De hecho, el pasado mes de septiembre nos tapamos con el edredón..., es más friolero que yo, en el fondo. Y en las formas. Me gusta sentirme desnuda a su lado bajo las sábanas (también en verano terminamos con la sábana por encima, algunas noches. Casi siempre amanecemos, eso, con la sábana tapándonos siquiera parcialmente). Me gusta esa sensación de calor que va más allá del que pueda dar la ropa.

No voy a pensar en eso ahora. No puedo pensar en eso.

Resfriado, o lo que sea. Hasta el fin de semana no voy a poder tomar lo único que de veras me funciona como remedio, que son las aspirinas esfervescentes. A veces he pensado que igual tenían algo de efecto placebo..., pero no. He comprobado que funcionan, o que al menos me funcionan a mí. Pero hasta el viernes, sábado, no puedo tomarlas..., cosas de esos procesos fisiológicos femeninos en que ingerir acido acetilsalicílico puede derivar en una hemorragia, esos detalles.

Mañana ya es jueves, habrá pasado lo peor de la semana. Trabajo sólo por la mañana, como el viernes. Por la tarde intentaré ir a Madrid: esa especie de terapia personal, ese desconectar que es como un chute de oxígeno. Espero no encontrarme peor ni empeorar si voy.
Supongo que un día tendré que dejar de hacerlo, que ya no podré ir cada jueves o cada viernes por la tarde... Y me temo que ese día no esté muy lejos: en cinco semanas se termina mi contrato...
Por eso y por otras cosas, de las que tampoco quiero hablar ahora, en las que tampoco quiero pensar.
Volver a pensar.

Me siento rara escribiendo en este sitio que no exactamente mi blog, no el blog donde he escrito los últimos años. Rara porque sí es mi blog y lo sé, pero lo no es exactamente.
Y en realidad es la propia idea lo que de veras me resulta raro.