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sábado, 26 de octubre de 2024

Evitar angustias que me ahoguen.

 Todos llevamos a cuestas nuestra mochila. Aunque a veces consigamos olvidarnos de su peso.

lunes, 26 de octubre de 2020

Al borde. De nuevo.

 Hace dos años y medio (justos, de eso me acabo de dar cuenta) tuve una tarde extraña. Sí,  la definición justa es esa: tuve (que no viví) una tarde extraña (que no rara). Porque momentos raros he vivido muchos en mi vida, como nos ha pasado a todos. Aquella tarde fue extraña.

Apenas recuerdo cosas sueltas de ella. Y eso es lo peculiar: que esa misma noche solo recordase retazos. Que dos años y medio más tarde...siga recordando los mismos retazos, cuando tantos días en medio han pasado sin pena ni gloria. 

Era viernes. Trabajé hasta mediodía, primera hora de la tarde (hasta las cuatro, para ser exactos). Sé que cogí un bus hasta Plaza Castilla. Sé que fui a fotografiar meninas (estaba la primera exposición callejera de meninas, que ya vamos por la tercera). Tengo esas fotos. Sé que estuve por el Barrio del Pilar porque tengo recuerdos sueltos de imágenes de ese barrio. Creo que estuve en el Centro Comercial La Vaguada (y lo creo porque tengo el recuerdo de una cierta obsesión en plan 'tengo que hacer compra' e imagino que estaría en el supermercado de ese centro comercial.
Hay recuerdos sueltos, imágenes. Me recuerdo en el tren de cercanías volviendo hacia Atocha mientras comía chucherías sobre las ocho, nueve de la tarde y sin haber comido nada desde el desayuno. No soy capaz de recordar cuando y donde cogí ese tren, que no pasa por ese barrio. No sé porqué terminé allí. Alguna vez hasta he pensado que quizá intenté ir a verle...aun siendo consciente (pero esa tarde creo que no lo era, de nada) de que no le iba a ver ni esperándole en la puerta del trabajo...sitio al que tampoco iba a ir nunca. Recuerdo haber estado esperando un autobús, recuerdo retazos de redes sociales en el móvil y los mezclo con conversaciones escuchadas...
Y recuerdo haber estado enferma toda la noche y al día siguiente. Ataques de ansiedad y más cosas.

Y recuerdo ese día, esa tarde...porque lo tomo como el punto de partida de unos meses en que toqué fondo. O techo. Tampoco lo sé. 
La tarde que marco como punto de partida a un estado donde casi termino muriéndome (no es una frase hecha). Marco como comienzo esa tarde, pero sé que llevaba semanas, supongo que meses, en progresivo deterioro. Pero aquella especie de borrachera sin alcohol, de horas llenas de lagunas, que fue esa tarde...

¿Por qué recuerdo o rememoro eso hoy (sé que ya lo he mencionado otras veces)? 
Porque hoy he estado muy al borde de algo así. De hecho, ni siquiera estoy segura de que no haya sido algo idéntico (aunque sí controlo completamente qué he hecho: he estado en la oficina hasta las seis y algo de la tarde y he vuelto a casa por el camino habitual, sistemáticamente).

Desayuné café y una galleta integral a las ocho de la mañana. Me tomé otro café en la oficina sobre las diez y media, once. No he comido a mediodía. Sí me comí una magdalena (que supongo eché en el bolso como tentempié de mediamañana...que luego no suelo tomarme) a las cuatro o cuatro y media de la tarde. No sé si tenía hambre o sed. Igual sí, porque además el cambio de horario de ayer me hace tener eso, los horarios y las necesidades cambiadas...

A las siete de la tarde, ya volviendo a casa y mientras dejaba un bus para coger otro, he estado mordisqueando el sandwich que no me comí a mediodía. Al final he ido arrojando el pan a los alcorques, comida para pajaritos. La hamburguesa de pollo ha acabado, casi toda y envuelta en papel de aluminio, en una papelera de la calle Alfonso XII.
Creo que en esos momentos es cuando he tomado conciencia de que me estaba descompensando. Físicamente. Sensación de taquicardia. Solo la sensación.

Camino a casa he entrado en un supermercado a comprar zumo. Algo instintivo: si soy incapaz de comer, al menos tendré zumo para añadir vitaminas a la auto-obligada hidratación... Y también por instinto he decidido comer un plátano nada más llegar a casa: potasio. Una de mis inexplicables carencias en aquellos días, hospitalización incluida, fue el potasio. Yo, que tomo tanta verdura.
También por instinto he comprado brócoli. 
Acabo de entender que el cuerpo me estaba recordando lo del potasio, sí.

Ahora estoy mejor. Puré de verduras, agua, yogur desnatado. Alguna chuchería (azúcar). 
Menos sensación de taquicardia y angustia. 
Ya veré mañana. Al menos hoy he sido capaz de reconocer los síntomas, las señales. El cuerpo es sabio, solo hay que saber escucharlo. 
He sido capaz de escuchar al mío: ahora solo queda que sea capaz de hacerle caso
.

sábado, 15 de agosto de 2020

Quince de agosto de dos mil veinte.

Continúan pasando los días, las semanas y los meses de este año tan extraño.

Esta semana la he pasado teletrabajando. Esto es, sin salir de casa. Sólo he salido para bajar la basura (un par de veces) y  para comprar un par de cosas que ni siquiera necesitaba, otra tarde. Como excusas para salir. Y ni siquiera me apetecía.
Esta semana, ya terminado el ERTE, tenía que retomar mi jornada laboral normal. O sea, trabajar 35 horas a la semana. Creo que si alguien controla mis tiempos de conexión habrán sido unas diez más: a las diez de la mañana ya estoy conectada, ningún día me desconecto antes de las seis y pico. El miércoles me dieron casi las diez de la noche (paré a las seis y algo, me reconecté sobre las ocho, volví a desconectarme...y a las nueve y cuarto estaba cerrando una venta. De hecho, si me dieron esas horas fue por eso: tenía una venta por cerrar). 
Y el jueves estaba antes de las nueve de la mañana ya conectada de nuevo y por la misma razón: era el único horario a que me podía atender un cliente. Que luego no me atendió...pero ya consta que a esas horas estaba trabajando y no paré hasta pasadas las seis. Y lo peor es que no controlo...y ni paro en condiciones para comer... Y encima termino obsesionándome: ¿habré ido más veces al baño de las que creo? ¿cuando me levanté a por el café tardé más de diez minutos en volver a hacer la siguiente llamada?

Necesito volver a la normalidad laboral: ir a la oficina, entrar y salir a una hora normal, coincidir con gente. No me hago a trabajar en casa, y no me hago por lo contrario al resto de la gente: en vez de dispersarme y terminar no trabajando, me obsesiono...y termino agotada.
Porque así he terminado cada día de esta semana: agotada. 
Y sin dar más de cien pasos al día, porque no me muevo del sofá en horas.

Hoy he ido caminando hasta la estación de tren (tenía que comprar el abono de transporte mensual y tenía que ir al hípermercado). Y me he cansado muchísimo en lo que es un paseo cotidiano. 
Es absurdo. Yo, que siempre he dado largas caminatas...

Este año está siendo muy raro. Mucho.
Y muy complicado.

Y, tal como me pasa en el tema del teletrabajo (obsesionarme como si alguien me estuviese observando) creo que realmente aún no he procesado lo mucho que me está afectando. Lo mucho que me ha afectado el confinamiento, el pasar días y días sin ver a nadie, el desastre económico del ERTE (un sueldo que no llegaba ni al de supervivencia, que era poco más que lo que pago de alquiler), la previsión de que los meses que faltan tampoco van a ser mucho mejores... Van pasando los días, las semanas y los meses y no quiero pensar...

La semana que viene tengo un par de clientes muy a puntito de cerrar una venta y tengo que localizarlos. Localizarlos antes de que les dé por llamar, atienda algún compañero que ya haya vuelto de vacaciones esa llamada (un sinvergüenza que ha estado estas tres semanas fuera y que vendrá con ganas...de rapiñar) y mi trabajo no sirva para nada. También tengo preparados los datos, todos, de las cinco ventas que cerré en julio (una se desestimó por parte del cliente a los dos días, pero quedan cuatro) y que debo cobrar en la nómina de este mes, tengo el correo desviado a mi móvil personal por si tengo algo que atender...

Es sábado por la noche. Bueno, por la hora, ya es domingo. 
Estoy escribiendo esto en mi portátil personal, pero exactamente en el mismo sitio donde el resto de la semana preparo mi 'mesa de trabajo' para teletrabajar.
No desconecto. Igual debería instalarme en otro sitio para teletrabajar, para no mezclar las cosas. Para que no se me mezclen en la cabeza.

Año túrmix que mezcla las cosas en mi cerebro.

Quince de agosto. Hace 20 años firmé el contrato del piso donde vivo (bueno, es la fecha oficial..., hasta en eso soy rara: firmando oficialmente un contrato en un día festivo nacional...).

Oficialmente, desde el lunes estoy de vacaciones. 
Vacaciones en un año en que realmente he trabajado 3 meses y medio, en que de esos tres meses y medio he ido al lugar físico en que está mi puesto de trabajo tres semanas y varios días sueltos. Vacaciones que voy a pasar en el mismo sitio del que no salí en casi tres meses.

Sí, necesito desconectar. Lo que no sé es cómo ni cuándo...