La noche del 08 al 09 de 2003 soñé que el mundo se acababa. Y que yo lo veía desde una colina sin poder hacer nada. Ni por el mundo, ni por el fin de éste ni por mí misma.
Fue de los sueños más realistas (y más surrealistas al mismo tiempo) que recuerdo haber tenido.
Dieciséis años más tarde no tengo un recuerdo nítido del argumento de aquel sueño, pero sí de la sensación que me dejó.
Aquel día 09 de junio, ya en el mundo real que siempre reaparece al despertar, lo que era entonces mi mundo empezó a desmoronarse. Y una parte importante, casi vital durante doce años, se desmoronó del todo en las siguientes semanas. Sin posibilidad de reparación, porque fue como una figura de sal que se cayera accidentalmente al mar, algo que se disolvió para siempre. Y que hoy en día es como si nunca hubiera existido.
No era la primera vez que mi vida daba un vuelco en esas fechas. No fue la única ni la última.
En mi vida hay fechas complicadas, que se repiten año tras año. El 2018 empecé ese 09 de junio en una cama de hospital y sin saber qué tenía ni si sobreviviría a ello.
Años antes en fechas similares terminó mi relación contractual con la empresa y el trabajo que más me han marcado laboralmente hablando. También en estas fechas volví a la que yo llamo 'empresita naranja'. Y en las mismas, un año más tarde, se terminó todo para siempre.
Como digo: se me repiten las fechas.
Este año no iba a ser menos.
El viernes día 07 la que ha sido 'mi empresa', el lugar donde he trabajado durante más de cuatro años, me comunicó que había decidido prescindir de mis servicios de manera definitiva e innegociable.
Todavía no he reaccionado, lo reconozco. No sé hasta qué punto esto me va a marcar. No sé cómo va a ser de importante. No sé si esto ha sido simplemente un final o si va a ser el comienzo de algo.
No sé nada.
Ese mismo día 07 había quedado con él.
Afortunadamente.
Pasó la noche conmigo. Desperté una docena de veces esa noche y estaba a mi lado. En algún momento, ya amanecido, volví a pensar en lo guapo que está dormido.
Pasé horas durmiendo unos minutos, despierta el resto. Junto a su piel, con los ojos cerrados. Acariciándole durante horas, sabiendo en algunos momentos que estaba dormido, sabiéndole despierto a partir de un momento dado.
Sabiendo también, a partir de otro momento, que no me iba a tocar. Recordando que para eso tiene que haberse tomado tres cervezas y tiene que ser de noche.
Por la mañana ya me he convertido en calabaza.
No me iba a tocar pero estaba dejándome tocarle. Y me conformé con eso. Ya me conformo simplemente con eso.
Imagino que sigo anestesiada. Que mi mente decidió anestesiarse y anestesiarme en el momento en que supo qué me iban a decir en esa sala siniestra sin ventanas en la que me citaron.
Y aunque a su lado me despierto de un modo que dista mucho del aturdimiento de la anestesia (porque todo mi cuerpo le desea: es algo tan, tan físico...) mi mente tiene claro quien soy, quien es, cual es la situación. Y le acaricio buscando su placer y sé que si quiero el mío tendré que procurármelo yo, porque no me va a tocar. Y lo entiendo y le entiendo.
No sé en qué momento voy a reaccionar esta vez ni de qué modo voy a hacerlo.
El viernes, mientras volvía a mi casa cargando en una bolsa mis pertenencias acumuladas en mi mesa de la oficina, me dí cuenta casi al llegar de que estaba llorando. Creo que me eché a llorar sin ser consciente de ello en el último tramo del recorrido.
También me eché a llorar cuando él abandonó la cama y mi dormitorio. Cerré los ojos. Me quedé en la cama sin moverme. Y me eché a llorar.
En silencio.
No sé en qué momento de mi vida aprendí a llorar en silencio.
No sé porqué se repiten las fechas en mi vida.
No sé porqué el mundo insiste en empezar a desmoronarse a mi alrededor a principios del mes de junio, tantas veces, tantos junios...
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domingo, 9 de junio de 2019
Tantos junios de fin del mundo.
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sábado, 10 de junio de 2017
Sábado a mediodía.
Cansada. Nerviosa. Con la sensación de que están pasando cosas que no controlo, o que van a pasar.
O igual son las fechas (siempre se me repiten cosas en fechas similares y estamos en unas de las más complicadas). Y que está haciendo demasiado calor para esta época del año. Y que cada vez se me haca más largo y más pesado el tener más de tres horas diarias de transporte para llegar/volver trabajo-casa. Y que el tiempo pasa y yo cada día tengo un día más y ya empiezan a ser muchos años.
Esta semana tengo cita con Hacienda. Pesado y tedioso más que otra cosa. Me llegó el 'borrador' hace dos o tres semanas y no me sale a pagar. Tengo cita precisamente porque lo que me sale a devolver me resulta entre ridículo, irrisorio...y cabreante (considerando la barbaridad que me han retenido. Algo así como el sueldo de dos meses). Si me apaño bien con mis horarios laborales y el de la cita, no tengo que perder tiempo laboral ni pedir permisos: llego justa, pero llego.
Esta semana, también, empiezan las obras en el edificio donde vivo para cambiar toda la instalación interna de fontanería. No me gustan las obras, ni poco ni mucho. He soportado demasiadas en mi vida... En este caso, supongo que tendré que estar un día completo en casa para que la hagan...y aún no sé qué día será. Cruzo los dedos para que no coincida con la cita en Hacienda...más que nada, porque pienso priorizar esto último. Y digo yo que si fuese ese mismo viernes, ya sabría algo por parte de la Comunidad de Propietarios.... Pero todo esto me estresa. Y mucho.
El ambiente laboral cada vez está más enrarecido. Tengo la sensación de que cada día trabajo más y me cunde menos. O, peor: la desagradable sensación de que no se valora en lo más mínimo mi trabajo, o que como saben que mi capacidad de hacer cosas es poco menos que infinita...cada día me cargan con más y más y no se le da la menor importancia. Es más: en vista de que no es posible encontrarme fallos, ahora se me pasan (o se nos pasan, aunque los demás me traen sin cuidado) emails indicando si en la pausa de mediamañana o mediodía he tardado algún minuto más en volver a logarme de lo que debiera. Me parece tan y tan absurdo...cuando el 80% de la plantilla hace lo que le viene en gana, se inventan bajas médicas para cogerse días libres, falsean datos...
Nunca me han importando los demás, sus prebendas o sus beneficios. Pero llega un punto en que me cabrea tanto agravio comparativo. Me cabrea y este cabreo me produce cansancio. Mucho.
Y hay más cosas. Y... y estoy tan cansada, siendo ahora apenas sábado a mediodía...
O igual son las fechas (siempre se me repiten cosas en fechas similares y estamos en unas de las más complicadas). Y que está haciendo demasiado calor para esta época del año. Y que cada vez se me haca más largo y más pesado el tener más de tres horas diarias de transporte para llegar/volver trabajo-casa. Y que el tiempo pasa y yo cada día tengo un día más y ya empiezan a ser muchos años.
Esta semana tengo cita con Hacienda. Pesado y tedioso más que otra cosa. Me llegó el 'borrador' hace dos o tres semanas y no me sale a pagar. Tengo cita precisamente porque lo que me sale a devolver me resulta entre ridículo, irrisorio...y cabreante (considerando la barbaridad que me han retenido. Algo así como el sueldo de dos meses). Si me apaño bien con mis horarios laborales y el de la cita, no tengo que perder tiempo laboral ni pedir permisos: llego justa, pero llego.
Esta semana, también, empiezan las obras en el edificio donde vivo para cambiar toda la instalación interna de fontanería. No me gustan las obras, ni poco ni mucho. He soportado demasiadas en mi vida... En este caso, supongo que tendré que estar un día completo en casa para que la hagan...y aún no sé qué día será. Cruzo los dedos para que no coincida con la cita en Hacienda...más que nada, porque pienso priorizar esto último. Y digo yo que si fuese ese mismo viernes, ya sabría algo por parte de la Comunidad de Propietarios.... Pero todo esto me estresa. Y mucho.
El ambiente laboral cada vez está más enrarecido. Tengo la sensación de que cada día trabajo más y me cunde menos. O, peor: la desagradable sensación de que no se valora en lo más mínimo mi trabajo, o que como saben que mi capacidad de hacer cosas es poco menos que infinita...cada día me cargan con más y más y no se le da la menor importancia. Es más: en vista de que no es posible encontrarme fallos, ahora se me pasan (o se nos pasan, aunque los demás me traen sin cuidado) emails indicando si en la pausa de mediamañana o mediodía he tardado algún minuto más en volver a logarme de lo que debiera. Me parece tan y tan absurdo...cuando el 80% de la plantilla hace lo que le viene en gana, se inventan bajas médicas para cogerse días libres, falsean datos...
Nunca me han importando los demás, sus prebendas o sus beneficios. Pero llega un punto en que me cabrea tanto agravio comparativo. Me cabrea y este cabreo me produce cansancio. Mucho.
Y hay más cosas. Y... y estoy tan cansada, siendo ahora apenas sábado a mediodía...
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