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sábado, 6 de noviembre de 2021

Vacío y sueño.

 Si me paro a pensar qué me apetece hacer, por encima de cualquier otra cosa, diría que dormir. 
Me gustaría tumbarme a dormir sin prisas, durante horas. En realidad lo estoy haciendo: me tumbo en el sofá tras la cena, el paso por el baño, el dentífrico, la nutritiva facial, con la intención de ver un rato cualquier cosa en la tele...y lo siguiente es despertar viendo que el televisor se apagó solo o que emite imágenes de teletienda sin apenas sonido (lo voy bajando de modo casi automático, según me voy adormilando). A veces vuelvo a cerrar los ojos y duermo otro rato, otra hora... Y cuando me traslado al dormitorio pueden ser las dos o las cinco de la madrugada. 
Y quisiera seguir durmiendo durante horas, mientras fuera amanece el sol y la gente. 

He vuelto a perder las rutinas alimenticias (si es que las tuve en algún momento). Me da igual si como algo a mediodía, me da igual lo que cene por las noches o a qué hora sea. Picoteo snacks, bebo poca agua, no tomo leche. El jueves me dolía el estómago, o igual era el hígado porque estaba hacia la derecha y bajo las costillas. Un par de noches me he despertado con ganas de vomitar, creo recordar que una de ellas terminé haciéndolo. No me apetece nada en concreto. Bueno, sí, me apetece comer verdura. Pero me da pereza meterme en la cocina, pelar, hervir, esperar... Y entonces picoteo patatas fritas de bolsa o tostaditas con paté. 
Y me da igual.

El año avanza. Noviembre llegó y avanza. 
Y nada más avanza. 
Otra semana vacía. Otro sábado vacío donde no me acostumbro a su ausencia. A la ausencia que ya será siempre y para siempre.
 

martes, 17 de septiembre de 2019

Desordenada.

Desanimada.
No me atrevo a decir 'deprimida' porque no quiero llegar a eso. Desanimada, sin más.


A ratos me siento muerta de sueño. Igual tengo sueño precisamente por dormir demasiado, o igual es que duermo menos de lo que creo. Algunas noches me dan las dos de la mañana despierta y antes de la siete vuelvo a desvelarme. No me levanto (algunas veces sí, al baño, y regreso a la cama. Creo que hay días que incluso olvido si lo he hecho) y remoloneo en la cama hasta más de las nueve. Y creo que casi siempre me levanto más cerca de las diez que de las nueve: total, no tengo ni prisa ni nada importante que hacer.

Recibo en el móvil notificaciones sobre ofertas de empleo: avisos que tengo activados en portales dedicados a este tema. Creo que es lo primero que miro al levantarme (el teléfono no duerme a mi vera, sino en el comedor y, algunas veces, en el bolso). Les doy un rápido repaso en plan 'titulares'. Cada día son las mismas o muy similares y no hay nada demasiado interesante, la verdad.
Aunque debería empezar ya a responder a alguna, enviar algún currículum. Moverme. E igual así no me sentiría tan cansada.

Algunos días no como a mediodía (si acaso, a media tarde). El problema es que igual sí voy 'picando' algunas cosas: un poquito de queso, unos snacks con sésamo, una loncha de lomo... Y al final sí que he comido algo o he echado al cuerpo más calorías que si me hubiese sentado a la mesa con un plato de pasta o una megaensalada. 

Necesito organizarme, organizar mi mente. No es normal que teniendo todo el tiempo del mundo para mí misma esté llegando de nuevo a este desbarajuste, a este descontrol sin sentido...


Estoy desordenada.
Y le echo de menos. 

Le echo mucho de menos y, quizá, lo que debería hacer es dejar de llamarle, dejar de enviarle mensajes de buenasnoches (a estas alturas, apenas hay nada más). Salir de su vida cuando en estos días se cumplen, en realidad, diez años teniéndole como parte de mi vida de un modo u otro. 
Quizá debería sumar esto a la ordenación de mi espacio, mi tiempo y mi mente. 
Quizá.

Pero me siento cansada y a veces tengo mucho sueño. Y estoy desanimada. Y le echo de menos.