No sé qué le ocurre a mi conexión a internet, pero resulta que he descubierto qué hacer para que funcione...
.
Y de pura casualidad. Bueno no: por pura deducción lógica.
Que yo no creo en la casualidades y, además, soy muy lógica.
Ayer me dí cuenta de que tras comprobar que no tenía conexión y probar si al menos tenía línea telefónica (para lo que tengo que, eso, 'coger línea' desde el inalámbrico) la conexión volvió...
Y me di cuenta de que el miércoles y el jueves, tras un rato más que largo sin internet por la tarde-noche, hice una llamada...y al rato comprobé que ya podía acceder a cualquier página. Podía ser casualidad, claro... Pero ayer (que sí 'cogí línea' y conexión, pero en el transcurso de la noche la perdí) pensé que hoy sábado convertiría la deducción en teoría y ésta en práctica porque iba a tener tiempo.
Y esta mañana al levantarme he visto que el testigo luminoso del router indicaba que no tenía internet. Y he descolgado el inalámbrico que tengo casi al lado y he 'cogido línea'...y a los pocos segundos, voilà, testigo encendido. Y al proceder en el portátil (encenderlo, elegir el chrome como navegador...) pues eso: funcionaba.
Y a mediamañana se me ha 'caído'. Y ahí estaba la prueba definitiva: si pruebo con el inalámbrico y recupero la conexión, he dado con la clave. Si no, ha sido casualidad.
Cojo línea mientras miro el testigo luminoso. No pasa nada: sigue apagado. A su lado, el testigo que indica la existencia del adsl parpadea como loca. Cuelgo. Espero unos segundos. El testigo sigue apagado y el otro continúa latiendo compulsivo. Vuelvo a coger línea. Me llamo a mí misma al móvil. Cuelgo.
El testigo apagado resucita. El otro se medio tranquiliza.
Voy al portátil (donde las páginas que tenía abiertas me habían notificado que 'no había conexiones a internet disponibles'). Cierro todo y vuelvo a entrar desde los dos navegadores: explorer y chrome.
Entro sin problemas.
No sé qué es lo que falla, pero sí cómo arreglarlo (al menos, de momento). A primera hora de la tarde ha vuelto a 'caerse' y aplicando el mismo método (agarro el inalámbrico. Cojo línea. Compruebo que ésta está repleta de ruidos. Marco mi número de móvil. Espero a que salte el buzón de voz y cuelgo). A los pocos segundos recupero la conexión a internet.
Y entiendo, pero completamente, cómo pudo inventarse el microondas de uso doméstico porque a alguien se le cayeron unos granos de maiz sobre una placa de ondas electromagnéticas (y se convirtieron en palomitas) o como de pura chiripa se descubrió la penicilina (bueno, de pura chiripa...y con mucha investigación anterior y posterior: estoy obviamente desdramatizando).
Y..., y también me he dado cuenta de que a veces los objetos y las personas tenemos cosas en común. Se me va la internet y descubro de pura casualidad (que no, que no es casualidad: que es lógica, observación y deducción) que sé cómo recuperarla, simplemente al ver que hay una secuencia causa-efecto. Me pongo malísima...y descubren que a base de darme litros de suero salino, me recupero (obvio: me estaba deshidratando. Se me estaba secando la sangre, entre otras barbaridades).
Pero ni yo tengo la menor idea de qué le pasa a mi conexión a internet...ni los médicos tuvieron (ni tienen a estas alturas) la menor idea de qué es lo que provocó esos síntomas y esa enfermedad (porque existir, existió) que estuvo a punto de terminar conmigo.
Que raro es todo.
Que yo acabe de darme cuenta de que tengo una cierta identificación con una conexión adsl a internet...tiene casi gracia.
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sábado, 20 de octubre de 2018
lunes, 23 de julio de 2018
Probable alta médica. Y doscientos cincuenta y seis días sin él
Sigo en fase de recuperación.
Aunque no tenga aún el que yo reconozco como mi tono habitual de piel y aun permanezca un reflejo amarillento en mis ojos, sé que voy recuperándome. La analítica de la semana pasada también lo corroboró. Creo que tanto la doctora como yo esperábamos encontrar una mejoría más llamativa, pero al menos no he empeorado y, además, los valores que tienen que bajar siguen haciéndolo. Bueno, casi todos, porque el colesterol ha subido y tengo que tomar un medicamento repulsivo que es como tragar arena...
También sigo de baja laboral. La semana pasada, tras la consulta con la doctora en el hospital, podía haber insistido a mi médica de cabecera para que me diese el alta, pero no lo hice (y tengo claro que ella tampoco piensa precipitarse. Vamos, que no tiene ninguna prisa y menos sin que el hospital confirme que estoy curada al 100%). Mañana vuelvo a tener cita con la médica para que me renueve la baja una semana más o, como quedé el marte pasado, me dé el alta.
Hasta esta mañana tenía clarísimo que el miércoles volvería al trabajo. Ya no lo tengo tanto.
Si prorrogo otra semana más la baja, me incorporaría el día 01 de agosto. No sé si volver una semana antes mejoraría en algo la que sé que va a ser mi precaria nómina de julio. Bueno, en realidad sé que a estas alturas del mes las nóminas ya están cerradas, en tal caso influiría en mi sueldo de agosto.
Pero no sé si sería así y me temo que no.
La verdad es que no tengo la más mínima gana de volver al trabajo, para qué decir otra cosa....
Igual lo poco que aún quedaba en mí de mi antigua (y famosa) adicción al trabajo está desapareciendo a toda velocidad. Y creo que eso es bueno, la verdad.
En otro orden de cosas...
Es complicado mantener la decisión de no llamarle, de que eso sea lo que debo hacer cuando ni se molestó en enviarme un sms sabiendo que estaba ingresada. Es complicado cuando sé que sigo queriéndole, que me sigue importando por encima de tantas cosas... Que una de las razones y de los motivos de esto injustificable médicamente hablando que me ha pasado ha sido mi preocupación por él y el no verle, el no poder verle...
Es complicado mantenerse firme cuando sé que me hace bien siquiera escucharle hablar...
Mañana probablemente me den el alta médica y el miércoles vuelva al trabajo. a la rutina de tres horas y pico diarias de transporte público y todo lo demás.
Pero seguiré sin verle. Ocho meses y medio ya sin verle.
En los últimos nueve años, los primeros ocho meses y medio.
Doscientos cincuenta y seis días lejos de mis ojos y mi piel.
Aunque no tenga aún el que yo reconozco como mi tono habitual de piel y aun permanezca un reflejo amarillento en mis ojos, sé que voy recuperándome. La analítica de la semana pasada también lo corroboró. Creo que tanto la doctora como yo esperábamos encontrar una mejoría más llamativa, pero al menos no he empeorado y, además, los valores que tienen que bajar siguen haciéndolo. Bueno, casi todos, porque el colesterol ha subido y tengo que tomar un medicamento repulsivo que es como tragar arena...
También sigo de baja laboral. La semana pasada, tras la consulta con la doctora en el hospital, podía haber insistido a mi médica de cabecera para que me diese el alta, pero no lo hice (y tengo claro que ella tampoco piensa precipitarse. Vamos, que no tiene ninguna prisa y menos sin que el hospital confirme que estoy curada al 100%). Mañana vuelvo a tener cita con la médica para que me renueve la baja una semana más o, como quedé el marte pasado, me dé el alta.
Hasta esta mañana tenía clarísimo que el miércoles volvería al trabajo. Ya no lo tengo tanto.
Si prorrogo otra semana más la baja, me incorporaría el día 01 de agosto. No sé si volver una semana antes mejoraría en algo la que sé que va a ser mi precaria nómina de julio. Bueno, en realidad sé que a estas alturas del mes las nóminas ya están cerradas, en tal caso influiría en mi sueldo de agosto.
Pero no sé si sería así y me temo que no.
La verdad es que no tengo la más mínima gana de volver al trabajo, para qué decir otra cosa....
Igual lo poco que aún quedaba en mí de mi antigua (y famosa) adicción al trabajo está desapareciendo a toda velocidad. Y creo que eso es bueno, la verdad.
En otro orden de cosas...
Es complicado mantener la decisión de no llamarle, de que eso sea lo que debo hacer cuando ni se molestó en enviarme un sms sabiendo que estaba ingresada. Es complicado cuando sé que sigo queriéndole, que me sigue importando por encima de tantas cosas... Que una de las razones y de los motivos de esto injustificable médicamente hablando que me ha pasado ha sido mi preocupación por él y el no verle, el no poder verle...
Es complicado mantenerse firme cuando sé que me hace bien siquiera escucharle hablar...
Mañana probablemente me den el alta médica y el miércoles vuelva al trabajo. a la rutina de tres horas y pico diarias de transporte público y todo lo demás.
Pero seguiré sin verle. Ocho meses y medio ya sin verle.
En los últimos nueve años, los primeros ocho meses y medio.
Doscientos cincuenta y seis días lejos de mis ojos y mi piel.
lunes, 9 de julio de 2018
Semi-inactividad.
Sigo en estado de semi-inactividad.
También por eso escribo poco por aquí.
Vivo en un estado casi de perplejidad continua. Cada vez que en algún sitio dicen la fecha en que estamos, algo me 'baila' en la cabeza. Los almanaques, el propio reloj-calendario del portátil me dicen que estamos en el mes de julio. Casi a mediados de julio, de hecho.
Mi mente sigue vagando en alguna fecha de junio. Sigue buscando, cada vez que escucha la fecha actual, dónde está el mes de junio...
Mi tratamiento médico consiste en descansar y beber agua. Así de básico. Reposo relativo y entre dos y tres litros de agua diarios. Y alimentos frescos. Nada más. El único medicamento que tomaba (algo absolutamente repulsivo, algo que era como beber arena y que ni siquiera era un medicamento para lo que tengo) me lo retiró la doctora hace una semana. Reconociendo, además, que ni siquiera era un medicamento específico para lo que tengo....y que no han conseguido averiguar qué lo produjo (o qué lo produce). Los resultados de la analítica de la semana pasada seguían indicando que mi mejoría iba a buen ritmo...y por libre. Porque ni han sido capaces de saber qué me había puesto al borde de la muerte...ni saben porqué mi cuerpo se ha puesto a mejorar de forma espontánea.
Lo único que dice la ciencia (tras analíticas diarias con todo tipo de serologías, resonancias, radiografías, TACs, ecografías..., hasta una biopsia) es que lo que he tenido me lo ocasionó un 'envenenamiento por medicamentos'. Que sería un diagnóstico de lo más lógico...de no ser porque no tomo medicamentos...
El tratamiento que me ha mantenido con vida en los peores momentos (los resultados de las analíticas decían que iba empeorando...mientras el resto de las pruebas indicaban que, objetivamente, no tenía nada de nada) ha sido el suero salino. Litros de suero salino en vena. Nada más. Suero y reposo.
Más reposo del aconsejable, puesto que algunos días no me apetecía levantarme de la cama y mi máximo esfuerzo era desplazarme hasta el aseo (dentro de la habitación del hospital) para eliminar el suero. No podían darme otra cosa, puesto que al no saber qué era lo que tenía...cualquier antídoto podía agravar mi estado.
Suero y esperar.
Y lo que llegó solo se empezó a ir del mismo modo. Mi organismo decidió atacarme...y, de pronto, se lo pensó mejor.
Físicamente me van a quedar un par de recuerdos en forma de cicatriz: la de la biopsia y la de la vía intravenosa que mantuve durante diez días (es aconsejable cambiarla cada dos o tres días...pero la tenía muy bien puesta. Y, además, este tipo de vías, si se ponen en un emplazamiento físico donde se garantiza que van a funcionar bien..., son muy dolorosas de poner). La cicatriz de otra vía anterior, que tuve otra semana completa (aunque realmente sólo estuvo activa cuatro días) parece que va suavizándose. E imagino que en la próxima analítica ya hayan cicatrizado lo suficiente mis venas como para que a la primera sean capaces de 'producir' sangre, cosa que en la última analítica, y empleando una de mis 'venas fáciles', no fue posible.
Me han pinchado en ambos 'antecodos' en todas las venas visibles. En los antebrazos. En el dorso de las dos manos. En mínimo tres ocasiones me sacaron más de diez tubitos de sangre, aunque lo normal era entre cuatro y seis. Siempre antes de las seis y media de la mañana. Sólo 'descansaba' los sábados y los domingos. Esos días, el hospital se diría adormecido, sólo funcionan las urgencias y la intendencia: cambiar las sábanas de las camas, fregar suelos y baños, atender a las personas que necesitan asistencia para asearse o levantarse de la cama.
Cada vez que una enfermera o celadora me veía por primera vez, su reacción y hasta sus palabras eran las mismas: '¡qué joven eres!!'. No, no soy joven (aunque tampoco aparento la edad que dice mi dni. Imagino que llevar el pelo largo, muy largo, ayuda) y mi aspecto con el horroroso y enorme camisón hospitalario de florecitas y los visibles síntomas de mi enfermedad en la piel y los ojos tampoco ayudaban. Pero, por contraste con el resto de los ingresados en el módulo donde yo estaba, era una cría. Porque estaba en un módulo de ancianos en estado casi terminal...
Los síntomas físicos terminarán por desaparecer. Probablemente las cicatrices también (o se suavicen tanto que llegue un momento en que me cueste localizarlas, o directamente me acostumbre a ellas y ni las vea). Pero creo que las otras cicatrices, las psicológicas, no se irán nunca.
Y soy consciente de que va a ser ahora, que está siendo ahora, cuando empiezan a ser visibles.
Tengo sueños muy raros y muy densos. Creo que son debidos al otro único medicamento que puedo tomar, que es un antihistamínico y que ni siquiera tomo todos los días. Podría tomar hasta 3 pastillas al día. No lo hice nunca. Ahora y no todas las noches, me tomo una antes de dormir. Más por el componente 'sedante' que tienen los antihistamínicos que para lo que los tengo recetados (evitar los síntomas de picor en la piel). Creo que los sueños raros y densos son producto de este medicamento.
En estos días he descubierto que me gusta dormir. Cosa en la que nunca había pensado, en que me pudiese gustar dormir, a mí, que siempre trasnocho y casi siempre madrugo...
Creo que me va a costar volver a mis horarios laborales normales.
Sigo medio desconectada del mundo, de las redes sociales. Tengo problemas con el whatsapp y con el messenger (por tanto, mensajes sin leer y sin responder) y no me estoy esforzando por arreglarlos. Quizá mi cuerpo, ése que decidió matarme y luego se lo pensó mejor y empezó a curarse solo, está decidiendo que quiere descansar..., que el reposo recetado le viene bien. Y no sabe que en una semana probablemente vuelva al trabajo.
Y no sé cómo va a reaccionar cuando llegue ese día...
También por eso escribo poco por aquí.
Vivo en un estado casi de perplejidad continua. Cada vez que en algún sitio dicen la fecha en que estamos, algo me 'baila' en la cabeza. Los almanaques, el propio reloj-calendario del portátil me dicen que estamos en el mes de julio. Casi a mediados de julio, de hecho.
Mi mente sigue vagando en alguna fecha de junio. Sigue buscando, cada vez que escucha la fecha actual, dónde está el mes de junio...
Mi tratamiento médico consiste en descansar y beber agua. Así de básico. Reposo relativo y entre dos y tres litros de agua diarios. Y alimentos frescos. Nada más. El único medicamento que tomaba (algo absolutamente repulsivo, algo que era como beber arena y que ni siquiera era un medicamento para lo que tengo) me lo retiró la doctora hace una semana. Reconociendo, además, que ni siquiera era un medicamento específico para lo que tengo....y que no han conseguido averiguar qué lo produjo (o qué lo produce). Los resultados de la analítica de la semana pasada seguían indicando que mi mejoría iba a buen ritmo...y por libre. Porque ni han sido capaces de saber qué me había puesto al borde de la muerte...ni saben porqué mi cuerpo se ha puesto a mejorar de forma espontánea.
Lo único que dice la ciencia (tras analíticas diarias con todo tipo de serologías, resonancias, radiografías, TACs, ecografías..., hasta una biopsia) es que lo que he tenido me lo ocasionó un 'envenenamiento por medicamentos'. Que sería un diagnóstico de lo más lógico...de no ser porque no tomo medicamentos...
El tratamiento que me ha mantenido con vida en los peores momentos (los resultados de las analíticas decían que iba empeorando...mientras el resto de las pruebas indicaban que, objetivamente, no tenía nada de nada) ha sido el suero salino. Litros de suero salino en vena. Nada más. Suero y reposo.
Más reposo del aconsejable, puesto que algunos días no me apetecía levantarme de la cama y mi máximo esfuerzo era desplazarme hasta el aseo (dentro de la habitación del hospital) para eliminar el suero. No podían darme otra cosa, puesto que al no saber qué era lo que tenía...cualquier antídoto podía agravar mi estado.
Suero y esperar.
Y lo que llegó solo se empezó a ir del mismo modo. Mi organismo decidió atacarme...y, de pronto, se lo pensó mejor.
Físicamente me van a quedar un par de recuerdos en forma de cicatriz: la de la biopsia y la de la vía intravenosa que mantuve durante diez días (es aconsejable cambiarla cada dos o tres días...pero la tenía muy bien puesta. Y, además, este tipo de vías, si se ponen en un emplazamiento físico donde se garantiza que van a funcionar bien..., son muy dolorosas de poner). La cicatriz de otra vía anterior, que tuve otra semana completa (aunque realmente sólo estuvo activa cuatro días) parece que va suavizándose. E imagino que en la próxima analítica ya hayan cicatrizado lo suficiente mis venas como para que a la primera sean capaces de 'producir' sangre, cosa que en la última analítica, y empleando una de mis 'venas fáciles', no fue posible.
Me han pinchado en ambos 'antecodos' en todas las venas visibles. En los antebrazos. En el dorso de las dos manos. En mínimo tres ocasiones me sacaron más de diez tubitos de sangre, aunque lo normal era entre cuatro y seis. Siempre antes de las seis y media de la mañana. Sólo 'descansaba' los sábados y los domingos. Esos días, el hospital se diría adormecido, sólo funcionan las urgencias y la intendencia: cambiar las sábanas de las camas, fregar suelos y baños, atender a las personas que necesitan asistencia para asearse o levantarse de la cama.
Cada vez que una enfermera o celadora me veía por primera vez, su reacción y hasta sus palabras eran las mismas: '¡qué joven eres!!'. No, no soy joven (aunque tampoco aparento la edad que dice mi dni. Imagino que llevar el pelo largo, muy largo, ayuda) y mi aspecto con el horroroso y enorme camisón hospitalario de florecitas y los visibles síntomas de mi enfermedad en la piel y los ojos tampoco ayudaban. Pero, por contraste con el resto de los ingresados en el módulo donde yo estaba, era una cría. Porque estaba en un módulo de ancianos en estado casi terminal...
Los síntomas físicos terminarán por desaparecer. Probablemente las cicatrices también (o se suavicen tanto que llegue un momento en que me cueste localizarlas, o directamente me acostumbre a ellas y ni las vea). Pero creo que las otras cicatrices, las psicológicas, no se irán nunca.
Y soy consciente de que va a ser ahora, que está siendo ahora, cuando empiezan a ser visibles.
Tengo sueños muy raros y muy densos. Creo que son debidos al otro único medicamento que puedo tomar, que es un antihistamínico y que ni siquiera tomo todos los días. Podría tomar hasta 3 pastillas al día. No lo hice nunca. Ahora y no todas las noches, me tomo una antes de dormir. Más por el componente 'sedante' que tienen los antihistamínicos que para lo que los tengo recetados (evitar los síntomas de picor en la piel). Creo que los sueños raros y densos son producto de este medicamento.
En estos días he descubierto que me gusta dormir. Cosa en la que nunca había pensado, en que me pudiese gustar dormir, a mí, que siempre trasnocho y casi siempre madrugo...
Creo que me va a costar volver a mis horarios laborales normales.
Sigo medio desconectada del mundo, de las redes sociales. Tengo problemas con el whatsapp y con el messenger (por tanto, mensajes sin leer y sin responder) y no me estoy esforzando por arreglarlos. Quizá mi cuerpo, ése que decidió matarme y luego se lo pensó mejor y empezó a curarse solo, está decidiendo que quiere descansar..., que el reposo recetado le viene bien. Y no sabe que en una semana probablemente vuelva al trabajo.
Y no sé cómo va a reaccionar cuando llegue ese día...
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domingo, 1 de julio de 2018
Quien está y quién nunca.
Tres semanas de ingreso hospitalario.
Con posibilidades de volver a ingresar el próximo martes, si los resultados de la analítica no demuestran una mejoría.
Ahora no me apetece escribir sobre la enfermedad en sí. Es algo aparentemente simple, que hasta suena gracioso cuando lo menciono..., pero que no lo es tanto. Si no me hubiesen ingresado hace tres semanas, probablemente no estaría aquí para contarlo.
No sabemos si se quedará en algo crónico, si desaparecerá como apareció, si finalmente será más fuerte que yo y terminará conmigo... No sabemos qué es lo que en realidad lo ha desencadenado (ninguna prueba da un resultado concluyente) por tanto, no hay tratamiento concreto (más allá del reposo y los litros y litros de suero salino que me han suministrado estos días). La ciencia no considera válidos los motivos emocionales...y yo sé, estoy completamente segura, de que es eso lo que ha desencadenado todo esto. Sé en qué momento concreto se rompió todo y cuando empezó el daño. Pero como no puede achacarse a una sustancia...es como si no existiera.
Da igual.
Estos días ingresada me han servido, además de para pensar mucho (mucho, mucho, mucho. En algún momento llegué a pensar que demasiado. No, nunca es demasiado) para saber quién es cada cual. Quien está y quien no está. He tenido sorpresas en ambos sentidos. Las sorpresas de quienes 'están', aunque ni me habría parado a echar en falta si no hubiesen estado, son siempre agradables. Descubrir quien 'no está', cuando previamente esa era una posibilidad impensable...duele. En algún caso, ha dolido mucho.
El mayor dolor, por supuesto, ha sido su absoluta ausencia.
Sabe que he estado ingresada. Se lo comuniqué yo misma al día siguiente del primer ingreso (realmente han sido dos, porque me dejaron salir el fin de semana tras seis días...para volver el lunes. Había empeorado considerablemente). Sabe que seguía en el hospital porque también se lo comuniqué yo. Sabe que lo que tengo es bastante serio.
No ha habido ni un intento de llamada. Ni un mensaje. Nada.
Total indiferencia.
He sido yo quien le ha escrito para saber cómo está. En su respuesta no me ha preguntado cómo estoy yo. Lo ha zanjado con un cortés 'espero que hayas iniciado el camino de recuperación' y 'espero que también vayas a mejor'. Nada más.
Para qué. Total, soy yo. Total, se trata de mí.
Sé que esto, darme cuenta y sentirme mal por ello, no ayuda a mi sanación. Sé que el 50% de lo que me pasa es eso, es él, es su actitud hacia mí (absoluta indiferencia, absoluto desprecio. Por fin me he atrevido a poner por escrito esa definición) creciente y progresivo desde hace un par de años. Hasta llegar a esto. A dejarme perfectamente claro que le da exactamente igual si estoy viva o no.
A estas alturas, no soy capaz de entender el motivo..., y creo que me da igual. Ya no tiene arreglo.
Sí me he preguntado con quién se supone que he estado estos últimos años, en realidad. Cómo y cuanto me he dejado engañar. A quién, en realidad, dejé entrar en mi casa y en mi cama. Cómo me negaba a ver que todo era mentira, que las excusas para las cancelaciones de última hora eran eso, excusas (simplemente le surgía un plan mejor, lo que tampoco era tan complicado, y ya está). Que en realidad no sé quien es, no sé nada de su vida (porque empiezo a no creerme nada, absolutamente nada, de lo que me haya podido contar. Me he creído el personaje que probablemente fue inventando sobre la marcha). Yo necesitaba creerle y quererle. Él no me quiso nunca.
Tantos años de negarme, de no dejarse ver conmigo (esas negativas para que quedásemos a comer, a cenar, siquiera a tomar café en los últimos tiempos; ese momento en que decidió que no quería que volviera a ir a esperarle a la estación donde cogía el metro de vuelta, que tampoco quería que le esperase en cualquier otro punto...) la conclusión lógica sólo podía ser ésta. Le da igual si estoy enferma o si me estoy muriendo. No existo.
Estas tres semanas de encierro hospitalario, este paréntesis en mi vida real, me han servido para pensar. Para hacer inventario. Para saber quien está (y se va a quedar), quien aparentemente estaba (y como no está, voy a sacar de mi vida a escobazos), a quien no voy a creer nunca más (porque no puedo sacar de mi presente voluntariamente). Y también para algo tan doloroso como tener que reconocer que una de las personas a quien más he podido querer en mi vida, del modo más incondicional, alguien de quien nunca quise tener dudas, que jamás me habría planteado la posibilidad de que no pudiese estar en casos como éste...pues no, no ha estado. No está.
Le da igual mi vida, siempre le ha dado igual.
Lo contrario sólo era parte del espejismo que me había creado. Que el personaje que se inventó para mí me había hecho deducir que, en un caso como éste, sería de otra manera.
Con posibilidades de volver a ingresar el próximo martes, si los resultados de la analítica no demuestran una mejoría.
Ahora no me apetece escribir sobre la enfermedad en sí. Es algo aparentemente simple, que hasta suena gracioso cuando lo menciono..., pero que no lo es tanto. Si no me hubiesen ingresado hace tres semanas, probablemente no estaría aquí para contarlo.
No sabemos si se quedará en algo crónico, si desaparecerá como apareció, si finalmente será más fuerte que yo y terminará conmigo... No sabemos qué es lo que en realidad lo ha desencadenado (ninguna prueba da un resultado concluyente) por tanto, no hay tratamiento concreto (más allá del reposo y los litros y litros de suero salino que me han suministrado estos días). La ciencia no considera válidos los motivos emocionales...y yo sé, estoy completamente segura, de que es eso lo que ha desencadenado todo esto. Sé en qué momento concreto se rompió todo y cuando empezó el daño. Pero como no puede achacarse a una sustancia...es como si no existiera.
Da igual.
Estos días ingresada me han servido, además de para pensar mucho (mucho, mucho, mucho. En algún momento llegué a pensar que demasiado. No, nunca es demasiado) para saber quién es cada cual. Quien está y quien no está. He tenido sorpresas en ambos sentidos. Las sorpresas de quienes 'están', aunque ni me habría parado a echar en falta si no hubiesen estado, son siempre agradables. Descubrir quien 'no está', cuando previamente esa era una posibilidad impensable...duele. En algún caso, ha dolido mucho.
El mayor dolor, por supuesto, ha sido su absoluta ausencia.
Sabe que he estado ingresada. Se lo comuniqué yo misma al día siguiente del primer ingreso (realmente han sido dos, porque me dejaron salir el fin de semana tras seis días...para volver el lunes. Había empeorado considerablemente). Sabe que seguía en el hospital porque también se lo comuniqué yo. Sabe que lo que tengo es bastante serio.
No ha habido ni un intento de llamada. Ni un mensaje. Nada.
Total indiferencia.
He sido yo quien le ha escrito para saber cómo está. En su respuesta no me ha preguntado cómo estoy yo. Lo ha zanjado con un cortés 'espero que hayas iniciado el camino de recuperación' y 'espero que también vayas a mejor'. Nada más.
Para qué. Total, soy yo. Total, se trata de mí.
Sé que esto, darme cuenta y sentirme mal por ello, no ayuda a mi sanación. Sé que el 50% de lo que me pasa es eso, es él, es su actitud hacia mí (absoluta indiferencia, absoluto desprecio. Por fin me he atrevido a poner por escrito esa definición) creciente y progresivo desde hace un par de años. Hasta llegar a esto. A dejarme perfectamente claro que le da exactamente igual si estoy viva o no.
A estas alturas, no soy capaz de entender el motivo..., y creo que me da igual. Ya no tiene arreglo.
Sí me he preguntado con quién se supone que he estado estos últimos años, en realidad. Cómo y cuanto me he dejado engañar. A quién, en realidad, dejé entrar en mi casa y en mi cama. Cómo me negaba a ver que todo era mentira, que las excusas para las cancelaciones de última hora eran eso, excusas (simplemente le surgía un plan mejor, lo que tampoco era tan complicado, y ya está). Que en realidad no sé quien es, no sé nada de su vida (porque empiezo a no creerme nada, absolutamente nada, de lo que me haya podido contar. Me he creído el personaje que probablemente fue inventando sobre la marcha). Yo necesitaba creerle y quererle. Él no me quiso nunca.
Tantos años de negarme, de no dejarse ver conmigo (esas negativas para que quedásemos a comer, a cenar, siquiera a tomar café en los últimos tiempos; ese momento en que decidió que no quería que volviera a ir a esperarle a la estación donde cogía el metro de vuelta, que tampoco quería que le esperase en cualquier otro punto...) la conclusión lógica sólo podía ser ésta. Le da igual si estoy enferma o si me estoy muriendo. No existo.
Estas tres semanas de encierro hospitalario, este paréntesis en mi vida real, me han servido para pensar. Para hacer inventario. Para saber quien está (y se va a quedar), quien aparentemente estaba (y como no está, voy a sacar de mi vida a escobazos), a quien no voy a creer nunca más (porque no puedo sacar de mi presente voluntariamente). Y también para algo tan doloroso como tener que reconocer que una de las personas a quien más he podido querer en mi vida, del modo más incondicional, alguien de quien nunca quise tener dudas, que jamás me habría planteado la posibilidad de que no pudiese estar en casos como éste...pues no, no ha estado. No está.
Le da igual mi vida, siempre le ha dado igual.
Lo contrario sólo era parte del espejismo que me había creado. Que el personaje que se inventó para mí me había hecho deducir que, en un caso como éste, sería de otra manera.
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