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viernes, 7 de noviembre de 2025

Al menos hoy, llueve.

 Viernes noche.

sábado, 10 de octubre de 2020

Es todo muy raro.

 Llevo toda la semana muy cansada. 

Anoche dormí fatal (creo que no es la única noche de esta semana en que he dormido mal, de hecho).
Me paso todo el día somnolienta, pensando en que perfectamente podría meterme en la cama y dejarme llevar (cuando estoy en casa, claro. O sea, ayer y hoy) pero luego me dan las tantas despierta y levantada. Ayer hasta me tomé una infusión de las que ayudan a dormir...y sí, me terminé quedando dormida en el sofá, pero cerca de la una de la madrugada. Y tampoco he dormido bien: tras trasladarme a la cama en torno a las tres, previo paso por el baño y dormir un rato, vuelvo a estar entresueños, vueltas en la cama, despertarme a las siete y pico, no conseguir dormirme agusto de nuevo...
Vivo entre sueños raros. Sueños raros de noche, rutina intranscendente de día. Y volver a los sueños raros.

A veces me duele el estómago. No ayer y hoy, sino toda la semana y tal vez en semanas pasadas. Y me da miedo a que no sea el estómago. Entonces analizo qué he podido comer que me haya podido hacer daño, con qué estoy obligando a mi hígado a trabajar más de la cuenta...
Algunos días me despierto especialmente hinchada. No sé, pero bien del todo sé que no estoy. 

Esta semana es festivo el lunes. Da igual: volvemos a estar confinados, no voy a ir a ningún sitio. Casi la novedad es ésa: precisamente por ser festivo el lunes, no voy a ir a ningún sitio (porque el tipo de confinamiento conlleva el no poder salir del municipio donde te encuentres). 

Es todo muy raro. Y yo estoy muy cansada. 

domingo, 4 de octubre de 2020

Comienza octubre, avanza el año.

Terminó septiembre y entramos en octubre. 

Porque lo único normal de este año es que los meses siguen pasando, uno tras otro y sin más misterios.
Pasan los días. Volvemos a un confinamiento similar al  de finales de abril-comienzos de mayo, aquel en que ya podíamos más o menos salir a la calle e ir al trabajo si llevábamos un justificante de la empresa, pero no podíamos salir del municipio si no era con causa justificada y demostrable.
El problema es que en aquel confinamiento la gente se lo tomaba en serio porque veníamos de días aún más restrictivos. Y ahora está siendo un pequeño desastre. Y, por tanto, en cualquier momento nos confinarán aún más: con horarios para salir a pasear, por ejemplo.
No sé, esto está siendo un pequeño gran desastre. 

Poco más. 

En mi empresa han decidido que el departamento en que trabajo debe ser presencial (o sea, se terminó el teletrabajo más o menos voluntario. Ahora si alguien necesita teletrabajar deberá consensuarlo con la empresa).
Francamente, imagino que cada cual seguirá haciendo lo que le dé la gana y que no se le obligará a ir a trabajar. Más que nada, porque por parte de RRHH ya se comunicó que el teletrabajo era un hecho...y que la oficina estaría abierta para quien quisiera ir, pero no se hablaba de obligaciones.

Ya iré viendo. Mis planes-proyectos eran ir a la oficina los martes-miércoles-jueves y teletrabajar lunes y viernes. De momento, el teletrabajo se limitará a los viernes. Aunque si esta semana veo que cada cual va cuando le da la gana...pues la semana próxima decidiré qué quiero hacer. 

Poco más. 

Bajaron, por fin, las temperaturas. Aún no he añadido la mantita a la cama, pero no creo que tarde muchos días si la temperatura sigue manteniéndose: a medianoche refresca. Incluso yo, que no soy nada friolera, lo noto.

Sigo teniendo sueños raros, densos, pero que olvido a los pocos minutos de despertar. Algunos intento mantenerlos y, aunque el cuerpo casi en vela me diga que debo levantarme porque tiene sed o necesita ir al baño, intento no hacerle caso y quedarme en ese sueño, como una se queda frente al televisor esperando el siguiente intermedio para no perderse ni un minuto de película... 

Sigo teniendo sueños raros. Alguno con contenido erótico...del que luego no recuerdo el argumento y solo me quedan sensaciones confusas, de deseo insatisfecho. Demasiados meses de aplazamientos sucesivos, supongo.
Y estas últimas semanas en que nuevamente en nuestras conversaciones hay alguna connotación sexual, aquel sexo dialéctico o verbal que en nuestras primeras conversaciones era una constante y que luego desapareció...y del que durante los últimos años no hubo ni rastro. No voy a preguntar, ni preguntarme, (ni aún menos preguntarle) qué ha cambiado, qué ha pasado. 

Octubre. Y hace once años justos, técnicamente hablando, que le conocí. Y aquel 2009 es prácticamente idéntico (a partir del 01 de marzo de este año, porque ha sido bisiesto y aquel no lo fue) a este 2020. Observación, conocimiento inútil, puesto que esto no quiere decir nada más que eso: que aquel octubre empezó también un jueves. 

Comienza octubre, avanza el año. Sin más.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Avanza septiembre.

Avanza septiembre. 
Tanto, que está a punto de terminarse. Y pasará tan sin pena ni gloria como el resto del año. 

Algunos días estoy tremendamente cansada. Otros, sin el adverbio.  
Sigo durmiendo mal. Sigo con la sensación que demasiadas cosas no encajan y, encima, ni siquiera podría decir cuales son. Sensación de inminente tormenta, de la que arrasan y al terminar tampoco dejan un aire limpio y un cielo despejado. No sé.

Tengo sueños raros. Y también durante el día me acuerdo, de pronto, de cosas. Cosas que no sé si he soñado o de las que simplemente me estoy acordando sin que venga a cuento. 
Me despierto, a veces, cantando mentalmente canciones que ni siquiera me gustan. Y tampoco sé si han sido parte del sueño. 
Me digo en esos casos que debería tener un cuaderno a mano y anotar esas rarezas. Por si quieren decir algo. Por si de pronto pasa algo y todo encaja, o por si necesito esas 'pistas' para resolver algún enigma que de repente me presente la vida. 

El trabajo no sé ni cómo va. Sigo combinando el teletrabajo con la parte presencial. La semana pasada fui el martes, miércoles y jueves a la oficina. Y estuve casi sola, pero al menos quedó el 'casi', que algunos días del pasado verano directamente estuve sola en aquella oficina tan grande. 
Tengo la sensación de que la empresa va a prescindir en cualquier momento del departamento en que trabajo. Todo va encaminado a eso. Y..., y como no tengo tratos con nadie, no sé si alguno de mis (prácticamente desconocidos) compañeros tendrá la misma percepción.
No sé. Me digo que no debo adelantarme, que no debo preocuparme antes de tiempo. Lo que tenga que ser, será. Sin más. 

Y con respecto a otros temas... Últimamente hablamos más por teléfono. En cierto modo tengo la sensación de haber vuelto a la relación que manteníamos hace años. La relación que me gustaba tanto.
Supongo que algo de las muchas cosas que no controlo ha cambiado. Y..., tampoco me quiero cuestionar nada. Últimamente hablamos más por teléfono y eso me gusta. Y eso es lo que tengo, porque llevo tres meses sin verle, tres meses y varias cancelaciones de ésas que llamo 'aplazamientos sucesivos'. y en las que lo que más me importa y me preocupa es él y su estado de salud. 
Sé que siempre voy a priorizarle. Que aunque a veces me he auto-reprendido y me he dicho que debería ser más egoísta...pues no. Ya no puedo cambiar eso.
Me he adaptado a no verle, lo que no quiere decir no le eche de menos. Ni que no quisiera que las cosas fuesen de otro modo. Pero me he terminado adaptando a no verle. 
Espero que en octubre pueda ser, ya que en septiembre no ha sido ni ya será.

Avanza septiembre. Y se irá sin pena ni gloria, como casi cada mes de este año tan raro.

martes, 4 de agosto de 2020

Insomnio y teletrabajo.

Lo bueno del teletrabajo es que si tienes insomnio resulta menos preocupante la idea de quedarse dormida al amanecer y llegar tarde al trabajo.

Esta idea se me ocurrió la noche pasada, cuando me desperté cerca de las tres de la mañana, sudando, en el sofá, me trasladé a la cama...y me desvelé. Y pasé tres horas, quizá más, dando vueltas en la cama entre breves periodos de sueño lleno de imágenes raras.

Pensé en levantarme, ir a por el portátil y escribir un rato. Luego sólo bastaba dejarlo a los pies de la cama. O incluso bajo ésta: a veces me olvido que la razón por la que el portátil tiene ese nombre es, precisamente, porque se puede trasladar de un lugar a otro. 
Pero casi me daba miedo desvelarme del todo. Así que intentaba quedarme quieta, cerrar los ojos y llamar al sueño.
Hasta me resistí a levantarme a por un vaso de agua...aunque me estaba deshidratando. Pero sí: recordé que tenía un vaso vacío sobre la cómoda y fui al baño a beber y regresé con él medio lleno a la cama, dejándolo en la mesilla. 

Calor. Y más calor. Y más vueltas en la cama.

Y recordar de pronto que me había quedado dormida en el sofá sin quitarme el rimmel. Y que llevaba puesta una pulsera de bolas gorditas, de plata. Y el pelo recogido en una coleta alta (suelo dormir con trenzas). 
Me había quedado dormida en el sofá por puro agotamiento, tras un día raro en que creo que tuve algo de fiebre (no llegó a los 37ºC, me puse dos veces el termómetro), en que llegué a tomarme un paracetamol (hacía semanas del último), en que me acompañó una sensación de nauseas desde primera hora de la mañana y me hizo tomarme un té de jengibre a media tarde. A poco antes de las tres, cuando me desperté, estaba sudando a chorros (esta mañana lavé funda y cojines del sofá. Aunque como bebo tanta agua ni siquiera el sudor tiene olor alguno. Pero..., lo bueno del calor sofocante es lo rápido que se seca cualquier tejido y, total, la lavadora tarda menos de una hora en hacer un lavado completo). Y en la cama, además del calor, me seguía doliendo el estómago, la pierna izquierda...

Y en algún momento pensé que lo bueno de teletrabajar es que daba igual si me quedaba dormida y no me levantaba a las nueve (que es mi hora habitual cuando trabajo en casa, para empezar a hacerlo en torno a las diez y media, tras ducharme, vestirme, peinarme, salir un rato a la terraza, desayunar...). 

Espero dormir un poco mejor esta noche. Mañana sí quiero acercarme por la oficina. 

Y, aunque esta semana siga pudiendo tener un horario un tanto libre y dé igual si me quedo dormida y no aparezco por allí hasta mediamañana, prefiero tener la sensación de que al menos soy capaz de controlar algo en mi vida.
Siquiera cosas así de simples: saber que me despertaré y levantaré a la hora que yo haya decidido.

domingo, 2 de febrero de 2020

02/02/2020

En mi vida hay círculos que tarde o temprano se cierran, capicuas numéricos, fechas-aniversario en las que año tras año pasan cosas similares (o que yo soy capaz de relacionar), personas nacidas el mismo día de años diferentes, nombres compuestos, lugares con los que sueño hasta que los encuentro (y dejo de soñarlos).

A estas alturas ya sé que todas estas neuras no son algo que sólo me ocurra a mí, obviamente. 


Este post supongo que debería tratar sobre otras cosas. Sobre esta semana extraña. Sobre mi vida vacía, sobre la seguridad de que no estoy bien (al menos anímicamente). Pero es domingo, estamos ya en febrero, está nublado pero no hace frío. Y...

Curiosidades cronológicas:
Quienes tenemos más de 30 años hemos conocido:
-Un cambio de siglo (del XX al XXI).
-Un cambio de milenio (de los 1000 a los 2000).
-Dos años capicua: el 1991 y el 2002.

-Y la fecha de hoy, que es muy capicua también: 02/02/2020.

Ya digo: simples curiosidades del Primer Mundo.
Y una forma como otra cualquiera de rellenar un ratito de mi vida vacía. Y de este blog al que cada vez veo menos razón de seguir manteniendo abierto.


lunes, 20 de enero de 2020

Blue monday,

Los angloparlantes lo llaman 'blue monday' y dicen que es el día más triste de todo el año.

¿Razones para considerarlo así? Que es lunes, hace frío, los días solares son aún cortos, ya pasaron todas las fiestas (todas) navideñas, aún falta para que lleguen las siguientes, a nadie le quedan días de vacaciones por disfrutar, ya nos ha llegado el extracto del banco y somos conscientes de lo mucho que hemos gastado en navidad, faltan días para cobrar la nómina, ya hemos pasado por la báscula y sabemos que hemos ganado peso, ya no hay nada interesante en las rebajas, han transcurrido días suficientes de enero para saber que no hemos sido capaces de seguir con los 'propósitos de año nuevo' que nos hicimos a finales de diciembre...

Sé que hay más razones, pero más o menos vienen a ser éstas.

También hay comercios que están empleando la fecha para hacer nuevas promociones (cómo no), porque todas las razones descritas antes sirven, precisamente, para inventar antídotos para la tristeza. ¿Cómo? Pues gastando. Dándonos un capricho, nos dicen. De hecho, creo que esta fecha la inventó,  no hace demasiados años, una agencia de viajes para eso: decir que era el mejor momento para planificar un viaje...

No sé si este lunes será el día más triste del año. Pero son casi las once y media de la mañana, llevo despierta desde antes de las nueve (dormitando un rato más. Estoy teniendo sueños raros, densos, tras quedarme dormida en el sofá y trasladarme a la cama raramente antes de las cuatro de la madrugada) y todavía no he desayunado (bueno, miento:  me he tomado un zumo) y escribo esto desde la cama, a donde me he traído el portátil. En penumbra, sin poner la radio ni ningún otro estímulo sonoro.

No sé si es un 'lunes triste', pero yo ando completamente desanimada. No se llamará 'blue monday', pero sí es uno de esos días en que lo único que apetece es no salir de la cama, no hacer nada, arrebujarse de nuevo entre sábanas y mantas tibias y recuperar el sueño. Y dormir sin imágenes, mientras la vida se resuelve fuera ella sola.
Estoy rara. 


Y aunque para el mundo anglosajón y para el comercio hoy sea el 'blue monday', para mí sólo tendría que ser otro veinte de enero.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Pero llueve.

Rara. Es así como me siento.
Debería estar ya trabajando. O, al menos, en pleno proceso de búsqueda activa de empleo (enviar CV's, presentarme o no a entrevistas, estar en algún proceso de selección o algún paripé de ésos que llaman 'formación selectiva y no remunerada'). Y no estoy haciendo nada de eso.
Y lo peor es que me da la sensación de que me estoy acostumbrando a esa inactividad. 

Limpio en casa (sin obsesiones, he de confesar). Salgo a comprar cosas básicas. Voy a comprar cosas que igual no lo son tanto (me temo que estoy gastando mucho más de lo que debiera...porque no debo. El 'paro' que me ha quedado me da para pagar los gastos más elementales del mes: alquiler, luz, teléfono, transporte, alimentación básica..., pero yo estoy comprando también cosméticos, cosas para la casa, algo de ropa... y no debo). Paso en internet más tiempo del habitual. Veo la tele..., bueno, en realidad la tengo puesta aunque le haga el caso habitual (poco y a cosas concretas). Apenas trato con nadie. Hay días que no sé si intercambiaré media docena de frases...y si no salgo a comprar, ni eso. Poco a poco se me van quitando ganas hasta de hablar por teléfono. Del guasap y esas cosas paso olímpicamente.


No duermo bien y tengo sueños raros. Ni siquiera son pesadillas: son sueños raros, entrecortados. Algunas mañanas me despierto recordando que en algún momento he mantenido en sueños conversaciones que debería tener en el mundo real. O, mejor dicho, sueño con conversaciones que me gustaría mantener en el mundo real, con personas que conozco. Con personas que han pertenecido a mi entorno laboral, en algunos casos.

Me siento extrañamente cansada. Las analíticas no dan nada raro (bueno, es que son muy específicas y tampoco se centran en cosas como las vitaminas o el colesterol o..., yo qué sé). Cada día veo peor. Recurro a gafas de ésas casi 'de juguete' (bueno, en realidad sí que tienen graduación) porque me da pereza ir a una óptica y empezar con el proceso normal de graduación de la vista. Que es raro llegar a mi edad sin necesitar gafas...y yo no las llevo. Aunque sé que las necesito: las pantallas me han destrozado la vista, directamente. 

Me apetece mucho verle. Mucho. Aunque hace apenas 15 días que estuve con él. Apenas 15 días... Me resulta curiosa la relatividad de esa distancia. Que me parece poca cuando sé que he pasado meses, muchos, sin verle. Que me parece enorme cuando recuerdo que hubo un tiempo en que nos veíamos tan a menudo. Incluso que en sus inicios nos veíamos a diario, cada día laborable.
Da igual.
Sé que a mí me apetece verle. Sé que no es una apetencia mutua ni recíproca. Y ya está.

Llueve. Afortunadamente, llueve. El verano ha sido al mismo tiempo muy largo (porque ha hecho muchísimo calor) y muy corto, porque no tengo apenas recuerdos para identificarlo.
No hago nada de provecho. Dejo pasar los días y cada vez tengo menos ganas de hacer nada.
Pero llueve. Y eso, al menos eso, está bien y está en su sitio.

viernes, 2 de agosto de 2019

Frío soñado.

Hay semanas extrañas. 
O semanas más extrañas que otras.
Ésta me lo ha parecido. Sin que haya pasado nada excepcional y transcurriendo tan rápida como están transcurriendo todas las semanas del último mes, pero dejando un poso raro.

Terminó el mes de julio. Comenzó agosto.

Sigue haciendo mucho calor. Uno de los detalles que han contribuido a la sensación de extrañeza que deja esta semana fue que una noche (¿la del domingo al lunes?¿la del lunes al martes?) sentí o soñé que sentía frío. Pero frío de tiritar (me recuerdo tiritando). Tiré de las sábanas, que cada noche quedan dobladas a los pies de la cama,  y me arrebujé en ellas. Y ese es mi recuerdo, de realidad o de sueño: tiritar enrollada en la sábana de satén.
Un momento raro...cuando llevamos dos meses de un calor sofocante que hace complicado conciliar el sueño.
Probablemente no fue más que un instante de corriente de aire al amanecer, aire entre la ventana del dormitorio y la del baño, y mi cama y yo en medio de ambas. Que lo que recuerdo como 'frío' no fue sino esa brisa y mi piel sudorosa, como cada noche, y mi sensibilidad natural en algunos momentos, que hace que la piel se me erice.


Semana rara. De aplazamientos y desorganización cuando hay quienes se empeñan en organizarte la vida.

Me hubiese gustado hablar con él, siquiera unos minutos. Hay semanas en que llevo mal la certeza de no poder hablar con él cuando lo necesito. Necesitar escucharle, sin que realmente me esté pasando nada. Porque hubo otros momentos, otros tiempos, en que sí necesité contarle cosas, desahogarme, y las llamadas no fueron sino un monólogo por su parte. Y me acostumbré. Y esa costumbre ya no tiene solución.
Además, tengo la absoluta certeza de que no le interesa en lo más mínimo lo que pueda contarle.
Pero me hubiese gustado poder escucharle unos minutos. 

Cada vez me conformo con menos. Supongo que porque cada vez tengo más interiorizado que soy algo completamente ajeno a su vida. 
Y que tarde o temprano deberé dejar de dar señales de que existo y desaparecer completamente de ella. 

lunes, 9 de julio de 2018

Semi-inactividad.

Sigo en estado de semi-inactividad.
También por eso escribo poco por aquí.

Vivo en un estado casi de perplejidad continua. Cada vez que en algún sitio dicen la fecha en que estamos, algo me 'baila' en la cabeza. Los almanaques, el propio reloj-calendario del portátil me dicen que estamos en el mes de julio. Casi a mediados de julio, de hecho.
Mi mente sigue vagando en alguna fecha de junio. Sigue buscando, cada vez que escucha la fecha actual, dónde está el mes de junio...

Mi tratamiento médico consiste en descansar y beber agua. Así de básico. Reposo relativo y entre dos y tres litros de agua diarios. Y alimentos frescos. Nada más. El único medicamento que tomaba (algo absolutamente repulsivo, algo que era como beber arena y que ni siquiera era un medicamento para lo que tengo) me lo retiró la doctora hace una semana. Reconociendo, además, que ni siquiera era un medicamento específico para lo que tengo....y que no han conseguido averiguar qué lo produjo (o qué lo produce). Los resultados de la analítica de la semana pasada seguían indicando que mi mejoría iba a buen ritmo...y por libre. Porque ni han sido capaces de saber qué me había puesto al borde de la muerte...ni saben porqué mi cuerpo se ha puesto a mejorar de forma espontánea.

Lo único que dice la ciencia (tras analíticas diarias con todo tipo de serologías, resonancias, radiografías, TACs, ecografías..., hasta una biopsia) es que lo que he tenido me lo ocasionó un 'envenenamiento por medicamentos'. Que sería un diagnóstico de lo más lógico...de no ser porque no tomo medicamentos...

El tratamiento que me ha mantenido con vida en los peores momentos (los resultados de las analíticas decían que iba empeorando...mientras el resto de las pruebas indicaban que, objetivamente, no tenía nada de nada) ha sido el suero salino. Litros de suero salino en vena. Nada más. Suero y reposo.
Más reposo del aconsejable, puesto que algunos días no me apetecía levantarme de la cama y mi máximo esfuerzo era desplazarme hasta el aseo (dentro de la habitación del hospital) para eliminar el suero. No podían darme otra cosa, puesto que al no saber qué era lo que tenía...cualquier antídoto podía agravar mi estado.
Suero y esperar.

Y lo que llegó solo se empezó a ir del mismo modo. Mi organismo decidió atacarme...y, de pronto, se lo pensó mejor.
Físicamente me van a quedar un par de recuerdos en forma de cicatriz: la de la biopsia y la de la vía intravenosa que mantuve durante diez días (es aconsejable cambiarla cada dos o tres días...pero la tenía muy bien puesta. Y, además, este tipo de vías, si se ponen en un emplazamiento físico donde se garantiza que van a funcionar bien..., son muy dolorosas de poner). La cicatriz de otra vía anterior, que tuve otra semana completa (aunque realmente sólo estuvo activa cuatro días) parece que va suavizándose. E imagino que en la próxima analítica ya hayan cicatrizado lo suficiente mis venas como para que a la primera sean capaces de 'producir' sangre, cosa que en la última analítica, y empleando una de mis 'venas fáciles', no fue posible.

Me han pinchado en ambos 'antecodos' en todas las venas visibles. En los antebrazos. En el dorso de las dos manos. En mínimo tres ocasiones me sacaron más de diez tubitos de sangre, aunque lo normal era entre cuatro y seis. Siempre antes de las seis y media de la mañana. Sólo 'descansaba' los sábados y los domingos. Esos días, el hospital se diría adormecido, sólo funcionan las urgencias y la intendencia: cambiar las sábanas de las camas, fregar suelos y baños, atender a las personas que necesitan asistencia para asearse o levantarse de la cama.

Cada vez que una enfermera o celadora me veía por primera vez, su reacción y hasta sus palabras eran las mismas: '¡qué joven eres!!'. No, no soy joven (aunque tampoco aparento la edad que dice mi dni. Imagino que llevar el pelo largo, muy largo, ayuda) y mi aspecto con el horroroso y enorme camisón hospitalario de florecitas y los visibles síntomas de mi enfermedad en la piel y los ojos tampoco ayudaban. Pero, por contraste con el resto de los ingresados en el módulo donde yo estaba, era una cría. Porque estaba en un módulo de ancianos en estado casi terminal...

Los síntomas físicos terminarán por desaparecer. Probablemente las cicatrices también (o se suavicen tanto que llegue un momento en que me cueste localizarlas, o directamente me acostumbre a ellas y ni las vea). Pero creo que las otras cicatrices, las psicológicas, no se irán nunca.
Y soy consciente de que va a ser ahora, que está siendo ahora, cuando empiezan a ser visibles.

Tengo sueños muy raros y muy densos. Creo que son debidos al otro único medicamento que puedo tomar, que es un antihistamínico y que ni siquiera tomo todos los días. Podría tomar hasta 3 pastillas al día. No lo hice nunca. Ahora y no todas las noches, me tomo una antes de dormir. Más por el componente 'sedante' que tienen los antihistamínicos que para lo que los tengo recetados (evitar los síntomas de picor en la piel). Creo que los sueños raros y  densos son producto de este medicamento.

En estos días he descubierto que me gusta dormir. Cosa en la que nunca había pensado, en que me pudiese gustar dormir, a mí, que siempre trasnocho y casi siempre madrugo...
Creo que me va a costar volver a mis horarios laborales normales.

Sigo medio desconectada del mundo, de las redes sociales. Tengo problemas con el whatsapp y con el messenger (por tanto, mensajes sin leer y sin responder) y no me estoy esforzando por arreglarlos. Quizá mi cuerpo, ése que decidió matarme y luego se lo pensó mejor y empezó a curarse solo, está decidiendo que quiere descansar..., que el reposo recetado le viene bien. Y no sabe que en una semana probablemente vuelva al trabajo.

Y no sé cómo va a reaccionar cuando llegue ese día...

lunes, 3 de octubre de 2016

Real irrealidad.


Septiembre ha sido raro.
Octubre no ha empezado mucho mejor. Ni mucho peor, a decir verdad. Ha empezado igual de raro porque, total, septiembre apenas se terminó hace unas horas.

Toda la semana ha tenido un progresivo aire de irrealidad. Algunos ratos dudaba de si estaría realmente despierta, de si lo que creía haber vivido apenas unos minutos antes no sería un capítulo de un libro leído en la pausa de la comida y yo lo estaría mezclando con la realidad. Algunos días de este septiembre me he tenido que parar a pensar en qué mes estábamos, recordarme que ya había pasado el verano, que no íbamos hacia la primavera sino hacia navidad. Algunos lunes se me han hecho tan largos que me ha costado convencerme que el domingo había sido sólo el día anterior.
Ayer tuvimos una comida de empresa, una especie de celebración. Un cambio en la rutina.
Como a mediodía comí, mi cena fue un melocotón de lata (me apetecía justo eso) sobre las ocho de la tarde, que en estos días ya es noche antes de ser ocho y media. Descargué las fotos en el portátil, envié alguna por guasap a mis compañeras. Vi el telediario sin casi enterarme de nada, le llamé pero no estaba disponible y la línea de mi teléfono era un puro ruido. Creo que sobre las diez y media me había dormido en el sofá.

No tengo claro a qué hora ni cómo me trasladé a la cama. Creo recordar las doce y media en el reloj que refleja las horas en el techo. Y creo que la televisión ya se había apagado sola.

He dormido muy mal. De hecho ayer me quedé dormida antes de tomarme la pastilla para el dolor de cabeza y de piernas que me estaba pidiendo el cuerpo, e imagino que también en alguno de mis despertares de la noche necesité eso....pero también imagino que no fui capaz siquiera de plantearme cómo llegar a la cocina a por el paracetamol.

He tenido un sueño angustioso. Como un cuento de Cortázar. De ésos que en el fondo sabes que no es real...pero todo lo parece. Exactamente la misma sensación de mis días...que son reales, pero tienen un algo que los hace no parecerlo. Igual por eso el sueño me ha resultado tan desasosegante... Estaba en mi casa, pero ya no era mi casa. La estaban reformando y yo tenía claro mi derecho a seguir viviendo en ella (he firmado la renovación del contrato, en el mundo real, hace un mes). Como tantas veces cuando sueño con mudanzas (uno de mis sueños-pesadilla) los pasillos eran largos, las terrazas mucho más grandes de lo que es la real. Había una luz de sol muy de enero soleado al amanecer, muy amarilla pálida, que lo llenaba todo. Las nuevas puertas eran blancas, yo encerraba a alguien para que no le pasase nada malo y lo hacía en una habitación que en la realidad no existe, que daba a un patio y estaba junto al baño... Y sabía que era un sueño pero igual no lo era, y sabía que no podían haberme echado de mi casa con todo el derecho unos okupas que sabía que eran los dueños, porque el derecho a vivir en ella lo tenía yo...
Me he despertado sobre las ocho y media y ya no he vuelto a dormirme. La sensación de desasosiego del sueño no me ha abandonado en todo el día.

A mediodía ha dejado de funcionarme la línea telefónica. He dado parte de avería, por la tarde me han confirmado que el lunes vendrá un técnico a ver dónde está el fallo. Antes de eso, una locución me ha informado de que la visita, si 'la culpa' de que la línea no funcione es mía, tendrá un coste económico...que supera lo que pago al mes. No se me ocurre cómo puedo ser la responsable...pero me he mentalizado para serlo.
El lunes tendré que emplear unas horas de mis 'vacaciones pendientes' para salir antes y estar en mi casa cuando venga el técnico. Eso también me lo ha confirmado alguien que probablemente me haya llamado desde el otro lado del mundo.
Al estar sin teléfono, estoy también sin adsl, claro. Escribo esto en word la tarde-noche del sábado día uno de octubre...no sé cuándo lo publicaré. Espero que el lunes. Y espero que ese mismo lunes no tenga ya esta sensación de que todo es irreal...