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sábado, 8 de abril de 2023

Semana que empieza y termina en domingo.

 La llamada Semana Santa empieza en domingo. El llamado 'Domingo de Ramos'. Ése del ramo de olivo y romero que se cuelga en la terraza y que está ahí un año, día arriba, día abajo. 

El único día del año en que entro en una iglesia y estoy un rato mientras un cura católico habla es el Domingo de Ramos. Hace años, tras comprar los ramos de olivo a la gitana, cualquiera de las gitanas, que acampan en el entorno de la iglesia para sacarse unos euros con la venta de los citados ramos, me dio por entrar en la iglesia...y así supe de la llamada 'bendición de los ramos'. Que es el acto que comienza las misas de esa mañana: el cura pasea con un hisopo y va bendiciendo con agua bendita a los fieles y sus ramos, alzados en los brazos, emulando a aquellos que en la Palestina de hace más de dos siglos recibieron al que llamaban El Mesías. 

Un Domingo de Ramos me quedé, ya que estaba allí, a ver en qué consistía la mencionada 'bendición de los ramos'...y se convirtió en costumbre a repetir cada año.

La llamada Semana Santa también incluye el día que menos me gusta de todo el año. El miércoles, que no sé si oficialmente se llama 'miércoles santo'. No sé bien porqué, pero no me gusta ese día. Me produce una tristeza rara, profunda. Desasosegante. El miércoles de Semana Santa es día de maletas, de comenzar viajes, de hacer un paréntesis en el trabajo. De atascos en la carretera, de estaciones de tren y autobuses repletos de gente. 

Quizá sea eso lo que hace que casi aborrezca ese día: mi ausencia de planes. O..., no sé. Tampoco sé si es eso. 

Mi único plan de esta Semana Santa, de estos cuatro días (jueves, viernes, sábado y domingo, sobre todo los dos primeros) han sido dormir. Levantarme tarde. Yo, que siempre he dormido poco, que siempre trasnoché y nunca me costó madrugar. Dormir sin prisas por levantarme. También tenía otros planes: limpiar, poner lavadoras, ordenar, regar las plantas y revisar su estado...
Planes de cualquier fin de semana, en realidad. 

Ya no tengo otros planes. Ya no tengo planes de ningún tipo, en realidad.

Mañana, o casi mejor decir 'dentro de unas horas', se acaba la Semana Santa. Domingo de Resurrección, le llaman al domingo en que acaba esta semana regida por la primera luna llena de la primavera. Semana que empieza y termina en domingo.

En mi vida ya no hay nada que resucite ni me haga resucitar. Pasé de tener sueños a, sí, simplemente tener sueño.

jueves, 29 de marzo de 2018

Tiempo es lo único que pasa.

Y no pasa otra cosa que el tiempo. Nada más.

A punto de terminar otro mes. El tercero del año. Cuando es como si acabase de pasar la navidad, cuando aún tengo regalos de Reyes sin colocar en ningún sitio concreto, y ya han pasado tres meses.
Porque solo pasa eso: tiempo.

Esperaba estos días para poder descansar. Sobre todo, para poderme permitir el lujo de levantarme tarde. Pero esta mañana ya estaba despierta a las ocho. Que, con el cambio horario (que se hizo la noche del sábado al domingo y que tardo bastantes días en asimilar) para mi cuerpo eran las siete. Y ya no he sido capaz de volverme a quedar dormida en condiciones.

Ayer querría haber escrito algo. Pero..., no sé. No me gustan los miércoles de la semanasanta. Es un día que nunca me ha gustado, que me trae recuerdos..., recuerdos raros y casi ninguno bueno. Me produce desasosiego, encontrarme con dos días libres por delante y casi que me pille por sorpresa y casi siempre sin planes. O con planes fallidos. 
Por eso no me gustan. Por eso decidí no escribir.

Porque este año no está siendo bueno y no lo está siendo por muchas razones y en muchos aspectos.

Sigo sin saber nada de él. Sigo echándole muchísimo de menos.
Sigo teniendo claro que me ha sacado totalmente de su vida y que, probablemente, nunca volveré a verle. Y raramente volveremos a hablar.

Fue otra semanasanta cuando también supe que probablemente dejaría de verle en breve. Pero luego no fue así porque me resistí a aceptarlo y me empeñé en que no fuese.

Pero aquella semanasanta también fue complicada. Ocho años ya. Mañana hará ocho años de ese día, del día en que supe que no quería que fuese el fin de nuestra relación, pero parecía inevitable.

Ocho años. Cuanto tiempo.
Qué rápido ha pasado, también.

Y como se terminan a veces las cosas, cuando quizá menos lo esperas, cuando sólo es la voluntad de que se acaben lo que importa.