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viernes, 7 de julio de 2023

No fui yo, pero podría haber sido.

 Hace unas semanas se publicó la noticia de que en un callcenter había fallecido una trabajadora en su puesto de trabajo y que sus compañeros siguieron trabajando como si no pasara nada hasta que se llevaron el cadáver. Más de dos horas. 

No pasó en la empresa donde trabajo (o, mejor dicho, que me tiene en plantilla) pero perfectamente podría ocurrido allí. Es lo primero que me pasó por la cabeza. Alguien que muere en su cubículo (los callcenters convencionales tienen eso, cubículos donde están sus empleados. Rodeados de mamparas que les impiden ver qué pasa en la mesa de su derecha, su izquierda o la está al otro lado, en una fila idéntica, teniendo la pantalla del ordenador y el teclado (o un portátil, algo más habitual tras la llegada del obligatorio teletrabajo en tiempos de pandemia). Mamparas que en la mayoría de los casos son de algún material textil, tipo moqueta (imagino que también sirven como aislante acústico). Teleoperadores con su casco-telefónico todo el día, sin apenas poder moverse, sin levantarse de la silla (presuntamente ergonómica, realmente incomodísima) durante horas. 

Según la noticia, la fallecida era mujer, más de cincuenta años. No se facilitaron más datos. Murió de un infarto sin que nadie pudiese auxiliarla (como he indicado, en estos sitios los trabajadores están rodeados de semejantes, pero apenas si se dan cuenta de nada porque todo el día deben estar mirando al frente, a la pantalla de su equipo informático, pendientes de las llamadas que reciben o emiten, codificando correctamente, recitando como papagayos 'argumentarios', 'condiciones contractuales', 'textos legales'...) y no sé cuanto tardarían esos compañeros en darse cuenta (imagino que más bien se daría cuenta la persona responsable del grupo, también llamado 'coordinador de campaña' cuando se percatase que la 'empleada tal posición' llevaba dos minutos sin contestar llamadas, sin codificar correctamente, estando sin hacer nada pero sin marcar correctamente el motivo de su pausa. Se daría cuenta que estaba muerta cuando fuese a amonestarla, claro, quizá tras darle dos voces y no recibir respuesta ni reacción.

¿Qué pasó luego? Lo ignoro, pero lo imagino.

Se filtró que las autoridades pertinentes (los sanitarios que fueron avisados y que procederían a realizar el protocolo de reanimación, el médico que certificase que la persona estaba sin vida, el juez que tuvo que decretar que esa persona había fallecido y autorizar al levantamiento del cadáver, los empleados de la funeraria que procedieron a llevárselo..) tardaron unas dos horas y media en completar el proceso. Y que, durante todo ese tiempo, el resto de los empleados del callcenter siguieron con su quehacer como si nada hubiese ocurrido. Sentados en su silla incómoda, mirando la pantalla del ordenador, hablando a través de los cascos-diadema, codificando correctamente. Sin parar un instante. O parando cuando su planning personal lo tuviese previsto: cinco minutos por hora como pausa visual que se suelen aprovechar para ir al aseo, veinte minutos para comer...

La noticia, difundida a través de rrss, culpaba a la empresa de haber obligado a sus trabajadores a seguir allí, compartiendo espacio físico con el cadáver de una compañera. 
La empresa, según leí luego en algún sitio, dijo que no, que ellos (como empresa) no obligaron a nadie a seguir trabajando. Como siempre, echando balones fuera.

Y yo, cuando me llegó la noticia...lo único que pensé es que no había pasado en la empresa que me tiene en nómina, pero que perfectamente podría haber pasado. Que esa mujer podría haber sido yo misma o cualquier compañera, y que probablemente todo se habría desarrollado de igual modo. Con la responsable del callcenter diciendo que no había motivos para que nadie dejase de trabajar, con los coordinadores gritando que había que llegar a objetivos, pasando avisos por chat privado a quienes estaban cerca del cadáver para recordarles sus obligaciones, notificándoles los resultados del día (vas muy flojo, tú verás), con compañeros tan abducidos por la política de la empresa o tan asustados y estresados a esas alturas que ni se plantearían la posibilidad de plantarse y decir que no, que ni pensaban seguir trabajando en una sala donde había una persona fallecida...ni lo iban a hacer por respeto a esa persona.
En estas empresas, a medio plazo su plantilla está compuesta por un importante porcentaje de trabajadores zombis.

Curiosamente, me creo el comunicado de aquella empresa: ellos no obligaron a nadie. Porque, con toda seguridad, oficialmente ni lo hicieron ni se plantearían jamás hacerlo. 

Incluso me creo que gran parte de los empleados, compañeros circunstanciales de la fallecida, decidieran motu proprio seguir trabajando, intentando alcanzar sus objetivos diarios. Metidos completamente dentro de su cubículo, que cuando se trabaja equis tiempo en este tipo de empresas no se limita a los paneles enmoquetados sino que se convierte en algo mental. Siguiente llamada. Objetivos. Tiempo de conversación. No pasarse más de treinta segundos de lo marcado en los descansos medidos. Competir con los compañeros. Asentir cuando los responsables hablan de 'trabajo en equipo' pero entender que eso no significa pararse dos minutos si el compañero de la derecha te pide ayuda porque lleva allí dos días y aún no controla el programa informático, echar una mano al de la izquierda porque se ha quedado mentalmente en blanco en plena llamada. No, ayudar o pedir ayuda a los que trabajan a tu lado, en lo mismo que tú, en un cubículo idéntico no tiene que ver con el concepto 'trabajo en equipo' que se indicaba en el anuncio de empleo por el que supiste de esa vacante, con el que se repite en reuniones cuando no se llega a objetivos, con el que se menciona a veces para recibir tal premio 'si todo el equipo alcanza sus objetivos'. 
El trabajo en equipo en este tipo de empresas no implica pararse a auxiliar a una compañera que está sufriendo un infarto. Por ejemplo.

Trabajo en una empresa con esos valores. Llevo en ella desde mediados-finales de enero y he visto suficientes cosas como para tener claro eso: que aunque no fuese allí donde una mujer a falta de no demasiados años para jubilarse hubiese fallecido de un infarto, sin el menor auxilio, y cuyos compañeros estuvieron trabajando dos horas y pico a su lado como si nada ocurriera...perfectamente la historia encaja con la empresa en que trabajo.

Llevo de baja médica desde mediados de junio. La referida noticia ocurrió después (o yo la supe estando ya de baja).

Estoy de baja por estrés, porque la angustia ya no me permitía dormir, ni descansar, ni hacer otra cosa por mí misma que ducharme y cambiarme de ropa por simple higiene. Porque los ataques de ansiedad me dejaban sin respiración. Porque sufrí dos, quizá tres, ataques de pánico en los últimos días. 
Porque mis analíticas dijeron que no tengo nada físico importante (más allá de una ligera carencia de hierro, corregible a base de una pastillita diaria de ácido fólico, y otra ligera carencia de vitamina D, corregible también a base de un comprimido semanal). Pero yo ya no podía más. 
Y, ya de baja, leí esa noticia.

Y tuve perfectamente claro que eso me podía haber pasado a mí. Y que la historia habría ocurrido exactamente como contaba esa noticia.

domingo, 1 de mayo de 2022

Basura mental. Mes de mayo.

 Hace mucho que no escribo.
La verdad es que no era consciente de que hubiese pasado más de un mes desde el último post. Quizá  tengo un tanto perdido el sentido del tiempo. O igual tampoco es exactamente así. No sé.

Los días pasan uno tras otro sin aportar ninguna novedad a mi vida. Nunca, jamás, había tenido un presente tan monótono. Y tan pocas perspectivas de cambio. Y tan nulos planes de futuro.

No hago nada de provecho. Trabajo, trabajo, trabajo. Sin otra compensación que un sueldo de absoluta supervivencia, de ésos que no te permiten ningún extra reseñable. Trabajo más horas de las obligadas por contrato. Cada día me digo 'mañana voy a trabajar, exclusivamente, las siete horas justas que debo', pero..., de nuevo cada día me digo 'mañana sí que sí: mañana no trabajo ni un solo minuto de más'. Y al final no es así. También me digo que será mañana cuando prepare algo sensato para comer y llevar al trabajo, pero lo único que hago es volver a planificar ese cambio...para empezar mañana.

Estoy tremendamente cansada.
Duermo fatal. Tengo pesadillas. No los recuerdo al despertar, pero sé que  mis sueños son pesadillas. Me levanto cansada. Arrastro el cansancio todo el día, llego agotada a la noche. Si me tumbo en el sofá y me empieza a entrar sueño, no hago esfuerzo para trasladarme a la cama sino que me dejo llevar. Y me duermo a veces una hora, a veces tres. Me dejo llevar sin trasladarme a la cama porque sé que igual esas horas van a ser lo único que duerma de un tirón esa noche. Porque, a veces, cuando por fin me meto en la cama ya no vuelvo a coger el sueño. Y cuando suena el despertador a las siete ya llevo un rato despierta. De hecho, ni siquiera lo dejo sonar. Pero tampoco salto de la cama. Remoloneo, me digo lo de 'cinco minutos más', aun sabiendo que luego todo serán prisas.  
Y es que no quiero ir al trabajo. Simplemente es eso. No quiero ir. 

El jueves, anteayer, debí cerrar los ojos sobre la una de la madrugada. Televisión encendida, pero volumen muy bajo. Arrebujada bajo una manta en el sofá.
Cuando volví a abrirlos ya había amanecido. 
Me trasladé a la cama. Los viernes teletrabajo y hasta las nueve no tengo que levantarme, así que imagino que me adormilé esa hora y media, dos horas. 
Algunas noches me quedo dormida y me traslado a la cama sobre las tres, alguna noche más tarde. Pero creo que nunca me había despertado en el sofá siendo ya de día.
El viernes volvió a pasarme. Y casi creo que realmente era consciente de ello cuando me arropé con la manta y me hice un ovillo, televisión encendida...

No estoy bien y lo sé. Y ni siquiera estoy segura de que se trate de algo físico.

No tengo vida social. Ni real ni virtual. Mi presencia en redes sociales es prácticamente inexistente. No sé si sigo teniendo 'amigos' en facebook porque apenas entro, apenas publico, no entro en el perfil de nadie. En realidad mantengo abierta la cuenta porque co-administro un grupo de carácter cultural: de no ser así, ya la habría cerrado. El whatsapp es una herramienta de trabajo: si alguien me escribe puede ser o no que responda. Lo mismo pasa con otras vías de mensajería. Y ni siquiera es porque no quiera tratar con alguien en concreto: simplemente los días pasan...

Hace unos días sufrí un ataque de pánico en uno de los sitios donde más segura me suelo sentir habitualmente (una enorme estación de tren). Lo controlé, pero derivó en ataque de ansiedad cuando llegué a mi casa. Al día siguiente, tras terminar la jornada laboral, ir a hacer la compra semanal y, en cierto modo, dar por finalizadas las obligaciones...me eché a llorar y estuve quizá más de dos horas sin poder parar. 

No sé. Las cosas no están bien. 
Yo no estoy bien.

Sé que escribir siempre me sirvió positivamente. Quizá debo obligarme a hacerlo, a volver a a escribir cada día un ratito. 
Terapia para sacar la basura mental.

domingo, 6 de mayo de 2018

Semana de pesadilla.

Me gustaría decir que estoy o me siento convaleciente, porque eso querría decir que realmente estoy bien y lo único que tengo es la fatiga lógica tras pasar una enfermedad...pero no es así.
No estoy bien.

Creo que esta que acaba hoy es la peor semana que recuerdo, de toda mi vida, del aspecto 'salud'. Arrastrando aún las secuelas del ataque de ansiedad de hace ocho días, el lunes volví a sufrir otro.
Y llegué a creer que me moría. No recuerdo haberlo pasado tan mal nunca.

Me empecé a poner mala en el trabajo. Aguanté hasta las seis de la tarde, no sé bien cómo ni con qué intención (¿pensando quizá que al salir de allí se me pasaría como por arte de magia? ¿ que llegada la hora de salir mi angustia, mi dolor terrible de espalda, la sensación de estarme ahogando, el estómago revuelto, el dolor de cabeza como de golpes de martillo..., el resto de los síntomas, no se vendrían conmigo?) y el recorrido de vuelta a casa fue una pesadilla de más de dos horas y media. Y se prorrogó en la noche, y...
Es la primera vez en mi vida en que estoy en la cama hasta más de la una del mediodía. Tras no haber dormido apenas y no saber qué hacer ni qué tomar para conseguir quitarme el dolor y la angustia...
No le voy a dar más vueltas.

Tengo controlada la ansiedad, y con eso me estoy conformando.

Me siento muy cansada, mucho. Me duele todo el cuerpo. Me pica toda la piel, a ratos de una forma desquiciante, un picor que no me calma ninguna loción ni evitan las pastillas para la alergia, supongo que porque viene desde el interior. Y a ratos me veo amarillenta.

El martes tengo una analítica. Sé que no me detectarán nada, que seguiré igual de cansada y de harta, que en algún momento pararán los picores y el dolor de estómago. Y que lo único que habré sacado es haber pasado por la desagradable sensación de haberme tenido que pinchar.

Lo único que salvo de esta semana es haberle vuelto a escuchar. Lo único.
E imagino que en cualquier momento decidiré que si la recompensa o la compensación por haber soportado esa semana de pesadilla era eso, volverle a escuchar, habrá valido la pena.
Y..., y curiosamente, mientras le escuchaba no me dolía nada. Y el efecto analgésico se prorrogó hasta horas más tarde, quizá toda la noche...

Sé que lo que me pasa también es consecuencia de estos meses sin él. De mi preocupación inevitable por él, de mi tristeza infinita al no tenerle ni saber nada de él.
Pero eso es algo con lo que tendré que aprender a  vivir. También mi cuerpo tendrá que aprender.

Mañana, que realmente es en unas horas, empieza otra semana. Y me da mucho miedo que vuelva a repetirse parte de la que acaba de terminar.

domingo, 29 de abril de 2018

Enferma.

El viernes fui al médico. Y entendí (recordé) enseguida porqué no voy.
Lo primero que hice cuando salí de la consulta fue pedir el cambio de médico. Creo que esto bastará para resumir lo agradable de la situación.

Llevaba más de diez años sin ir. No es que no haya estado enferma en este tiempo, sino que, como creo que ya he dicho alguna que otra vez, me he dado cuenta de que tardo lo mismo en sanar que quienes sí van al médico, cogen días de baja, se medican... Así que me ahorro el trámite. Me decidí finalmente hace un par de semanas: fui a mi centro de salud, intenté pedir un médico 'de tarde', como no había acepté el que tenía 'de mañana' (también pensando que la doctora que me tocaba era una conocida...por haber sido médico de mi familia años atrás), pedí cita...

Y dos semanas más tarde, que era el primer día en que había 'hueco' para primera hora de la mañana, allí estaba yo: a las ocho y media de la mañana, esperando que me atendiesen.

Y allí estuve, intentando contar que estaba siempre, siempre, cansada; que no dormía, o sí, pero seguía cansada y con sueño; que apenas comía y no dejaba de ganar peso; que me sentía hinchada (y lo estaba); que... a alguien que estaba más ocupada y preocupada por mirar su móvil que a mí. Alguien que lo primero que me dijo es que me iba a dar cita para el ginecólogo (y le respondí que no, que no iba a ir y que no había acudido a consulta para eso). Alguien que revisando mi historial (que existe, y que digo yo que reflejará mis problemas hormonales, mi diagnóstico de estrés y de anorexia, mis problemas de sobrepeso...) solo dijo cosas incongruentes referenciándose en lo que iba leyendo.

Lo primero que le dije es que, tras diez años (quizá más) sin hacerlo, probablemente deberíamos empezar por hacerme una analítica.

Por increíble que pueda parecer, al final aceptó...'porque igual piensas que puedas tener alguna enfermedad o algo'.
Hasta ese momento, mi sensación era estar frente a alguien que internamente se estaba preguntando qué hacía yo allí, haciéndole perder el tiempo. Para comprobar que probablemente sí era cierto que mi problema de sobrepeso no era imaginario, lo máximo que me pidió fue que me pusiera en pie y me levantase la camisa...
Nada de pesarme o tomarme la tensión.
Peso 30 kilos más que hace 15 años. Y en esas fechas no estaba esquelética.

Poco menos que me dijo que lo de verse hinchada o tener ojeras era normal, que no podemos estar toda la vida igual y que sólo a los dieciocho años se tiene una piel perfecta... En ningún momento yo hice mención alguna a que me estuviese comparando a 'mi yo pasado'. Sé que no aparento la edad que tengo (es cosas de familia). Igual era eso lo que le rompió los esquemas: ¿qué hace aquí una tía que aparenta diez años menos de los que su ficha dice que tiene, quejándose de no encontrarse bien?

Insistió en lo del ginecólogo (mejor dicho: insistió en que me iba a mandar a hacer una citología: ni siquiera era darme cita para el ginecólogo, que al menos habría tenido alguna lógica. Igual es que le dan puntos por ello, o algo así) y le respondí nuevamente que no. Que ya veríamos en el futuro.

Le pregunté si el justificante de asistencia me lo daba ella o lo tenía que pedir en recepción. Y sí, me lo dio ella. Y me indicó que en recepción me daban la cita para la analítica.
Lo último que hice fue confirmar que nunca había sido médica nuestra. No, no lo había sido (tampoco suplente) porque no encajaban las fechas. Aun así (y esto es cierto) la conozco de algo...y no sé de qué...

En recepción me dieron la cita para la analítica. Al preguntar si el 'frasquito para la orina' me lo daban ellos o lo compraba en farmacia...me respondieron que sólo era análisis de sangre...
Obviamente, lo siguiente fue pedir cambio de médico.

Entramos en bucle: no hay espacio libre para las tardes.
-Necesito un médico de turno de tarde.
-No hay espacio libre para las tardes.
-Pero yo necesito un médico de turno de tarde: no puedo estar viniendo por la mañana.
-Ya, pero los doctores de tarde tienen todo el cupo cubierto.
-¿No podéis ponerme en lista de espera, o algo? Necesito un médico para la tarde.
-No podemos, es que no hay espacio libre.
-¿Entonces, qué tengo que hacer para ver si hay algún hueco en algún momento?
-Pásate de vez en cuando y pregunta.
-Bueno..., pero con mi falta de tiempo...pueden pasar otros diez años.

En algún momento debieron ver que iba en serio. Tanto mi decisión como mi necesidad de cambiar de médico.
-Creo que a la doctora tal le quedó algo libre ayer...espera que mire.... Pues sí ¿te interesa?
-Siendo por la tarde, sí.

Así que tengo cita para analítica y médica para la tarde, que recibirá los resultados de mi analítica y volveremos a empezar con el relato de mis síntomas. Todo en uno.

La sensación de impotencia, de pérdida de tiempo, de mal funcionamiento de la sanidad pública...era tremenda. Tan tremenda como mis ganas de llorar.
No sé si fue por esto..., bueno, no, esto simplemente fue una gota más sobre un vaso ya lleno, pero por la noche me dio un ataque de ansiedad.
Dos días enferma.

Ayer sólo fui desde la cama al sofá. Tras no dormir apenas por la noche (conseguí vomitar varias veces) tiritando y sudando a la vez, creyendo que me estaba muriendo, pasé la mayor parte del día dormitando en el sofá. Salí a mediodía a comprar fresas (la verdad es que lo intento razonar...y me cuesta. Apenas me tenía en pie) y compré también zumo de naranja presuntamente exprimido y un envase grande de yogur natural. Lo único que tomé ayer fue zumo (de piña, una botella entera) y, en la tarde-noche, dos huevos cocidos. Creo que cuando estoy enferma me muevo por instinto en lo de alimentarme...

Por la noche intenté ver a través de internet un capítulo de una serie que estoy siguiendo, pero vi que me estaba quedando dormida, así que lo dejé. Casi a las cuatro de la mañana me tomé un paracetamol. Sé que era esa hora porque di la luz de la cocina. Hasta ese momento estaba durmiendo en el sofá, a partir de ahí fui a la cama a seguir durmiendo...

Ya estoy mejor. Con una sensación rara de convalecencia.
Ayer, mientras bajaba a la calle a por las fresas, reviví la sensación de cuando era pequeña y tenía fiebre, y esa fiebre era la de 'estar creciendo'. Todos conocemos esa sensación... En mi caso, no crecí demasiado. Y obviamente, esta vez no voy a crecer.

Tengo una sensación rara, también, de alergia generalizada... Ayer me picaba la piel simplemente por contacto con la ropa. Esta mañana bastaba con tocarme para que se me irritase el tramo de piel que hubiera tocado. Ahora tengo que ducharme: ya veré cómo reacciono...

Todo esto simplemente acrecienta mi sensación de irrealidad. De que mi presente es irreal.

Lo bueno de ayer es que por un momento noté que había vuelto a recuperar vista (de hecho, creo que sigo teniendo esa recuperación). Y también noto que se me ha acrecentado el sentido del olfato (eso lo noté claramente ayer. Y en alguien que ya de por sí tiene muy desarrollados los sentidos...no es precisamente muy agradable).

No sé si valgo para estar enferma.
No molesto a nadie, eso es cierto. Pero..., tampoco es muy agradable saber eso: que no voy a molestar a nadie porque a nadie le importa como esté.
Ni siquiera a quien supuestamente es mi médico.

domingo, 16 de julio de 2017

Verano. Ansiedad. Tormentas interiores.

Y llega el verano. A lo bestia.
En los medios de comunicación se empeñan en que es la 'segunda ola de calor de la temporada'. En realidad no es otra cosa que el verano de toda la vida..., pero hay días en que el hecho de ser algo conocido no lo hace más soportable. Sobre todo por las noches.

Duermo desnuda, con todas las ventanas que puedan crear corriente de aire entre sí abiertas, con las puertas de las dependencias donde están esas ventanas atrancadas con ladrillos y similares. Las sábanas son de satén blanco. Lo último que hago antes de tirarme sobre la cama es darme una ducha de agua templada (si es fría, la sensación posterior de calor es peor). Da igual. Al rato sé que estoy sudando. Y creo que del puro calor, el sudor se evapora rápido...pero el calor no se va.

Hoy es, sólo, dieciséis de julio. Lo que significa que nos queda por delante al menos dos meses completitos de calor sofocante...más lo que se prorrogue de 'calor normal'. El calor normal puede dejar o no dormir por las noches, pero los días siguen siendo absolutamente veraniegos.
Y yo lo llevo fatal.
Alguna amiga y algunas conocidas de mi edad dicen pasarlo mal por estar ya 'en esa etapa'. La de los sofocos y los calores propios de la condición femenina a partir de determinadas edades. Sé que no es mi caso: yo he llevado mal el verano y he pasado un calor horroroso toda mi vida, desde pequeña. Además, el cuerpo me sigue funcionando como un reloj (o más bien como un calendario electrónico) y no tengo el menor síntoma que me diga que pueda estar entrando en otra etapa...

Sigo evolucionando hacia la obesidad repulsiva, eso sí. Estoy fea y lo sé. Ni siquiera necesito espejos, escaparates: lo sé. Simplemente, a veces me devuelve mi imagen alguno de esos soportes, y lo confirmo. No necesito más.

La semana ha sido muy complicada, mucho. Con ataque de ansiedad incluido. Si no se ha sufrido nunca un ataque de ansiedad, no se puede entender qué es. Y si se ha pasado por uno..., pues tampoco es necesario que diga nada más. Creo que el martes ya me acosté con síntomas. Que me levanté con ellos en miércoles. Que yendo en el metro (abarrotado hasta los topes) me empezó a faltar el aire y a sentir (es algo raro y casi paradójico) que estaba llena de él, inflada como un globo. Que llegué al trabajo pensando en ir a la farmacia a por...qué sé yo, un inhalador simple para despejar las vías respiratorias, unos comprimidos de ésos que llevan carbón activado para que 'absorbieran' el aire que me tenía hinchada, unos analgésicos por si me dolía algo más... A las once dije a mi responsable directa que me iba a la farmacia (mi 'pausa de desayuno' está más cerca de la una que de cualquier otro horario). Creo que no me hicieron gran cosa. Bueno, igual a ratos... A mediodía salí a comprar un sándwich. El calor en la calle era insoportable, pero yo me sentía tan mal que casi no me importaba. Por supuesto, no comí nada (en el frigorífico sigue el sándwich). A las seis de la tarde me di cuenta de que tenía hora  y media, larga, por delante para llegar a mi casa...y apenas podía moverme...
También a esas alturas seguía diciéndome que tenía un ataque de alergia, que seguro que algo me sentó mal la noche anterior...
A mitad de trayecto ya no me quedó la menor duda. Cuando se me empezaron a dormir las extremidades, me empezó la taquicardia, empecé a sudar bajo el aire acondicionado del vagón, el dolor de los pulmones empezó a ser insoportable... Si alguien ha pasado por un ataque de ansiedad, sabe de qué hablo. Piensas que te vas a morir, sin más.
Pero yo sé que no me voy a morir. Identifico los síntomas. En ese momento, tuve claro que era un ataque de ansiedad (lo que llevaba todo el día negándome a reconocer). Salí del vagón. Me senté en el andén. Un andén más que conocido que, de pronto, encontré muy limpio y muy iluminado. Pensé que si me desmayaba, seguro que era fácil sacarme desde allí. Y no llegué a recordar que estaba, además, en una zona donde hay varios hospitales...
Mi recuerdo es haber conseguido volver a coger el siguiente metro, ya controlados los síntomas.
Seguro que, en realidad, no fue así. Seguro que dejé pasar alguno mientras controlando la respiración logré que me volviesen a responder las piernas y los brazos, que se me quitase la opresión en el corazón (quien no ha sentido ese peso de cien kilos sobre el pecho no puede entenderlo), que aunque me dolieran los pulmones, al menos pudiese respirar...
Y conseguí...¿una hora después? llegar a mi casa. Y me tiré en el sofá. Me seguía doliendo todo el cuerpo...pero ya estaba en un entorno controlado. Y ya era consciente de qué me había estado pasando todo el día...

Se me ocurren razones de porqué esta reacción. Pero..., da igual. Ya ha pasado. De hecho, ese mismo día a las diez de la noche ya había conseguido comer algo (un poquito de queso tierno, un brioche con mermelada de melocotón: lo que me pidió el cuerpo. Lo que me pidió el estómago completamente vacío, más allá de café y medio y algún sorbo de agua) y ya se me había pasado. Lo suficiente para poder hablar un rato por teléfono...

La semana ha sido complicada. Por muchas cosas. También tormentas internas, fantasmas. Dudas. Saber qué es lo que quiero y saber que no lo tendré nunca. Saber que no sería difícil dejarme llevar y jugar un poco y sustituir con otra piel, provisional, la que no puedo tener.  Pero yo sólo recuerdo el calor de estos dos últimos días. No quiero recordar otra cosa. No quiero pensar.
Mañana empiezo con el 'horario reducido de verano' en el trabajo. Y..., no sé, es curioso que casi me dé igual.

lunes, 1 de mayo de 2017

Simplemente, sigo viva.

Mes quinto.
Este año, mayo empieza con una especie de 'puente'. Al ser sábado y domingo los últimos días de abril, nos juntamos con cuatro estupendos días no laborables. En mi empresa, me refiero, que no laborable en el resto del país es sólo hoy, Primero de Mayo.

Cuatro días que desde el principio proyecté 'para no hacer gran cosa'. Y que de manera innegociable decidí 'para no madrugar y levantarme tarde'. Todo lo tarde que me permitiese un cuerpo habituado a despertarse en torno a las seis, apagar de un manotazo el despertador a las seis y media, intentar rascar unos minutitos más al descanso...y terminar levantándose con prisa casi a las siete, que antes de las siete menos veinte ya tiene que estar camino del tren...

De momento, lo de levantarme tarde sólo lo he conseguido el sábado. Y la verdad es que hubiese preferido que no..., porque me levanté casi a las doce, pero como consecuencia de haber dormido francamente mal.

Me quedé dormida frente a la tele entorno a las doce, quizá hasta algo más tarde. El 'no tienes prisa mañana'. Me desperté a más de la una.
No podía apenas moverme y me costaba respirar. Era como tener una losa aprisionándome el cuerpo desde el cuello hasta el nacimiento de las piernas. Y los brazos hormigueantes. No sabía si tenía frío o calor o las dos cosas a la vez. La casa está fría porque han bajado las temperaturas y porque, como hizo calor días atrás, la Comunidad ha decidido quitar la calefacción, adelantándose a la 'fecha oficial' que es el 01 de mayo. Pero yo tenía también calor. O la sensación angustiosa de no poder respirar ni moverme me hacía sentirlo.

Ataque de ansiedad. De manual.

Como ya los conozco (suelo conseguir evitarlos en cuanto detecto los síntomas) decidí no entrar en pánico...porque es peor. Sé que no es un infarto. Sé que no es un ictus. También sé que no es un ataque de gastroenteritis (curiosamente, además del resto de los síntomas, el dolor y el malestar en el estómago también es muy similar). Sé que, aunque por un momento pueda pensar otra cosa, puedo levantarme y caminar. Y es lo que hice. Despacio (no respirar con normalidad y sentir que tienes encima un peso superior a tu propio cuerpo no facilita los movimientos). Por un instante sé que también pienso en llamar a emergencias....pero creo que desestimo la idea (o que, directamente, en esos momentos directamente no sé ni cómo se hace, ni dónde tengo el teléfono, ni cual es el número...). Sé que tengo que controlar la respiración poco a poco...

Termino en la cama. Creo que antes paso por el baño, que hasta me enjuago la boca con un elixir de ésos que en un momento dado sustituyen al dentífrico. También he cogido del armario un par de pastillitas para los gases (me siento llena de ellos. Y sé que no soy capaz de expulsarlos, que nunca he sido capaz, como no soy capaz de vomitar, que es algo que en esta situación también me pide el cuerpo y me sentaría bien). Imagino que bebo agua. Y que uso el inhalador multiusos.

Termino en la cama y decido que no voy a morirme.  No esta noche, por muy mal que me sienta. Y me siento muy, muy mal.

Sé que en algún momento me quedé dormida, imagino que cuando conseguí recuperar el ritmo normal respiratorio. Sé que la sensación de hormigueo en las extremidades es simple consecuencia de lo mismo: falta de oxígeno.
No sé cuantas veces me despierto. Tengo conciencia de hacerlo entorno a las ocho y no recuerdo si me levanto o no al baño. Sí sé que son más de las once cuando por fin decido que ya es de día para mí y que he sobrevivido. Me duele todo el cuerpo (sé que es de la tensión que generan estas situaciones) pero estoy aún viva.

Hace unas semanas me caí en la calle (siempre me he caído mucho, conservo cicatrices en las rodillas). Ya no me hago (apenas) daño, porque un día llegué a la conclusión de que si los niños se pasan el día cayéndose y dándose golpes y raramente se rompen nada es gracias a que tienen los huesos muy flexibles...y a que no oponen resistencia a las caídas. Desde que lo hago así, y puesto a que pese a mis 30 kilos de más sigo siendo bastante flexible, apenas me hago daño. Por aparatosa que sea la caída, me levanto y lo máximo será un hematoma durante días en  algún sitio, un dolor persistente unas horas o algún rasguño. Poco más y nada grave.

La caída de hace unas semanas fue así. Pero es la primera vez que me di cuenta de que vivo sola. De que si una caída así deriva en rotura de algún hueso, o me atropella un coche, o tengo cualquier accidente..., vivo sola. Que me tendré que apañar yo sola para todo. Que podía haberme levantado del suelo (hubo quien preguntó si de veras estaba bien, si tenían que llamar a una ambulancia...) llegar a casa (estaba apenas a doscientos metros) y descubrir que tenía un esguince, qué sé yo..., y nadie iba a hacer nada. Que tendría que hacerlo yo, como en este caso me di una crema de componentes naturales que me hizo bien, que repetí la aplicación tras la ducha y de nuevo antes de acostarme e hizo que apenas me doliera la rodilla magullada en toda la noche.

Si un día me caigo en casa y me rompo algo o, peor, pierdo el sentido, o me atraganto y no soy capaz de resolverlo (un par de veces he estado a punto de ahogarme por ese motivo), si el ataque de ansiedad realmente es algo más grave... no se enterará nadie. Ni voy a tener ningún tipo de ayuda al respecto.

Creo que la idea no me gusta en lo más mínimo.

Vivo sola como algo natural, como algo que no planifiqué así ni me pareció nunca raro ni mal. Nunca me planteé como algo vital el tener que vivir con una pareja, pero tampoco lo desestimé. Imagino que, de hecho, siempre pensé que terminaría siendo así...

A estas alturas ya ni me lo planteo, francamente. La última persona con quien sí me habría gustado compartir mi vida nunca podrá ser, y yo no me planteo buscar a nadie ni creo que en un futuro lo encuentre sin buscarlo. Ni me apetece, por lo más remoto, estar con otro hombre que no sea él. Que nunca estará y lo sé. Este año me ha quedado completamente y perfectamente claro. No soy parte de su vida.


Cuatro días libres. Esta mañana del día uno de mayo es el 'ecuador' de ese periodo. Paso de abril a mayo. Y, simplemente, lo empiezo viva. Sigo sola y sigo viva.