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jueves, 5 de octubre de 2023

Y ya se irá viendo.

 Las cosas pasan cuando tienen que pasar. Ni antes, ni después. 
Tema aparte es que no nos guste el momento en que pasan.

Finalmente mi proyecto de incorporación laboral del pasado lunes (o sea, ésa que evitó mi fregadero) se desmoronó del todo. Decidieron desestimar mi contratación. Y...francamente, no me afectó demasiado. En realidad siempre tuve esa sensación desasosegante del 'esto no es', desde la entrevista. Y se ve que no era.

Todo lo demás sí ha venido rodado.

Nada más recibir el correo indicando que no me contrataban, llamé a mi 'plan B'. El de la empresa que me entrevistó (teléfono y videollamada) la semana pasada y a la que dije que no podía incorporarme porque ya tenía compromiso con otro trabajo. Para decirles que si ellos seguían interesados...yo estaba disponible.
Y todo ha ido muy rápido.
Larga entrevista personal, ya cara a cara, ayer miércoles por la tarde.
Confirmación por su parte una hora más tarde y solicitud de los documentos necesarios para preparar el contrato.
Envío por mi parte de esos documentos esta mañana.
Envío por su parte del borrador del contrato (que dejaba de ser borrador si yo lo firmaba y se lo devolvía) esta misma tarde.
Compromiso mutuo de empezar el lunes, a las diez de la mañana. En uno de esos barrios residenciales de altísimo nivel adquisitivo. Una oficina que es un piso adaptado, o más bien dos pisos porque está en la entreplanta y el entresótano. Una especie de callcenter pequeño. Jornada partida: nueve horas de lunes a viernes, pero con una hora para comer (deduzco). El horario no me entusiasma porque saldré a las siete de la tarde...pero, en fin, es lo que hay y ya se irá viendo.

El sueldo es meramente aceptable. Las comisiones ya sé que serán poco menos que un milagro. 

Pero también sé que no me van a gritar (o eso espero). Y que si la cosa va mal...pues buscaré otra cosa y punto. Porque si algo he comprobado este disparatado y estresante mes de septiembre es que trabajos con sueldo de supervivencia hay. Incluso cuando ya se está dentro de una franja de edad descartable por muchas empresas.

El lunes día nueve empieza la aventura.
Y ya iremos viendo.

sábado, 30 de septiembre de 2023

Y terminó otro septiembre.

 Septiembre ha sido un mes desquiciado y desquiciante.
Nada puede describirlo y describirme mejor que esos dos términos. 

El último día de agosto empecé con la búsqueda de empleo. Buscar trabajo es casi un trabajo en sí. Rastrear, a base de ir poniendo palabras clave en los buscadores que todas tienen, las webs donde las empresas anuncian sus ofertas. Aplicar filtros (en mi caso, nada de 'contratos autónomo' u 'otros contratos'; jornada completa, presencial o híbrido), localizar el emplazamiento de la empresa (para descartar municipios en la otra punta de la comunidad autónoma, por ejemplo), seleccionar solo horarios intensivos de mañana o con pausa para comer (pero horario de mañana en cualquier caso: no, no quiero salir a las nueve de la noche y llegar a mi casa a las diez y media), descartar también los turnos rotativos que incluían sábados y domingos (lo del sábado me es negociable, lo de los domingos no). Y dentro de lo poco que quedaba una vez aplicados estos filtros...ver qué condiciones se ofrecían. Y en ese caso, responder. Envía el CV, adaptar la carta de presentación...y esperar.

Y ver como en varios casos la empresa lee mi CV...y la cosa se queda ahí. O lo lee, lo selecciona incluyéndolo en el proceso...y la cosa se queda ahí. O incluso las que leen en CV varias veces. De todos esos detalles va informando el portal de anuncios, claro. Y si alguna te descarta o simplemente cierra el proceso de selección, la página avisa también.

En total han sido cinco entrevistas. Bueno, alguna más, pero en total de cinco empresas. 

En total, cinco empresas me han seleccionado para que trabaje para ellos. No, no ha sido un '5 de 5', sino que ya casi en tiempo de descuento (porque ya me había decidido por una) también me llamó el responsable de la que me entrevistó a finales de julio, me querían para ese momento, yo les pasé la contrapropuesta de '¿y qué tal pasado el puente de agosto, para empezar la penúltima semana del mes?' y no volví a saber nada. Por lo que deduje que, pese al buen rollo y el estar seleccionada...directamente me había descartado sola. Pues sí y no, porque resulta que para octubre sí me querrían...

En cuatro de las cinco en la que sí tuve entrevistas, me seleccionaron para empezar a principios de mes (con formación la última semana de septiembre. Formaciones no remuneradas, cómo no). La quinta generó dos entrevistas, una telefónica donde ya anticipé que la ubicación de la empresa no era lo que buscaba, otra por videoconferencia tras decirles que, bien, podía valorarlo...y que fue de lo más absurda. Lo tengo comprobado: cuando quien te entrevista es 'un consultor' (esto es, no el departamento de RRHH de la empresa contratante, sino una empresa externa que se dedica al filtrado de candidatos o, incluso, formalizar los contratos como ETT)el resultado suelen ser entrevistas que rozan lo sonrojante de puro ridículas en cuanto a preguntas sobre la trayectoria profesional, el envío de 'psicotécnicos' y, sobre todo, el no saber qué responder si les preguntas por cosas concretas del trabajo ofrecido. La videoentrevista fue en esa línea, la empleada de la consultoría quedó en pasar mis datos a la empresa y ya me llamarían ella o el departamento de RRHH del ofertante...y nunca más se supo. Sin que eso me ocasionase ningún quebradero de cabeza: entre las ofertas era una más y poco interesante.

En las demás, ya digo: seleccionada para empezar a principios de octubre.

Y...elegí una de ellas y sé que no es la mejor, ni con mucho. Ni por sueldo, ni por ubicación, ni por posibles comisiones... Pero es la primera que me confirmó que me querían con ellos (eso sí, tuve que explicarles que el sueldo que me ofrecían ni siquiera era el mínimo interprofesional...y tuvieron que rectificar). 

Me incorporo el lunes. Sin saber siquiera qué horario en sí voy a tener de lunes a jueves (los viernes sí: de nueve de la mañana a tres de la tarde). Ni qué trabajo se supone que voy a hacer, ni cuanto va a durar mi formación, ni...

¿Por qué la he elegido? Porque, en realidad, el resto serían el 'plan B', 'plan C' y sucesivos. Sitios con los que poder contactar y preguntar si siguen teniendo vacantes y si me quieren con ellos...si lo que me encuentro el lunes no me gusta. ¿Si podría haber elegido otra de las ofertas y dejar ésta en el apartado de 'planes'? No, creo que no. Era un 'lo tomas o lo dejas'. 

No sé. Todo raro.

Septiembre ha sido raro. Ahora lo veo desde las primeras horas de octubre y casi no recuerdo los nervios, el agobio, el estar despierta como un buho antes de las siete de la mañana, en no sacar provecho a las horas del día, el tener claro que el subsidio de desempleo se me acabaría antes de finales de septiembre y ya no había más y me quedaba sin ingresos; el ponerme plazos cortos para, si no me llamaban de ninguna de las ofertas para las que me había postulado, empezar a responder a turnos de tarde, jornadas parciales...

El dos de octubre vuelvo a la vida laboral, a las incidencias en el transporte público, a pasarme horas hablando con otros seres humanos. 
Y nunca me ha hecho tan poca ilusión volver al trabajo. 

No sé. Me hago mayor, me he hecho mayor. 
Y terminó otro septiembre. 

domingo, 1 de mayo de 2022

Basura mental. Mes de mayo.

 Hace mucho que no escribo.
La verdad es que no era consciente de que hubiese pasado más de un mes desde el último post. Quizá  tengo un tanto perdido el sentido del tiempo. O igual tampoco es exactamente así. No sé.

Los días pasan uno tras otro sin aportar ninguna novedad a mi vida. Nunca, jamás, había tenido un presente tan monótono. Y tan pocas perspectivas de cambio. Y tan nulos planes de futuro.

No hago nada de provecho. Trabajo, trabajo, trabajo. Sin otra compensación que un sueldo de absoluta supervivencia, de ésos que no te permiten ningún extra reseñable. Trabajo más horas de las obligadas por contrato. Cada día me digo 'mañana voy a trabajar, exclusivamente, las siete horas justas que debo', pero..., de nuevo cada día me digo 'mañana sí que sí: mañana no trabajo ni un solo minuto de más'. Y al final no es así. También me digo que será mañana cuando prepare algo sensato para comer y llevar al trabajo, pero lo único que hago es volver a planificar ese cambio...para empezar mañana.

Estoy tremendamente cansada.
Duermo fatal. Tengo pesadillas. No los recuerdo al despertar, pero sé que  mis sueños son pesadillas. Me levanto cansada. Arrastro el cansancio todo el día, llego agotada a la noche. Si me tumbo en el sofá y me empieza a entrar sueño, no hago esfuerzo para trasladarme a la cama sino que me dejo llevar. Y me duermo a veces una hora, a veces tres. Me dejo llevar sin trasladarme a la cama porque sé que igual esas horas van a ser lo único que duerma de un tirón esa noche. Porque, a veces, cuando por fin me meto en la cama ya no vuelvo a coger el sueño. Y cuando suena el despertador a las siete ya llevo un rato despierta. De hecho, ni siquiera lo dejo sonar. Pero tampoco salto de la cama. Remoloneo, me digo lo de 'cinco minutos más', aun sabiendo que luego todo serán prisas.  
Y es que no quiero ir al trabajo. Simplemente es eso. No quiero ir. 

El jueves, anteayer, debí cerrar los ojos sobre la una de la madrugada. Televisión encendida, pero volumen muy bajo. Arrebujada bajo una manta en el sofá.
Cuando volví a abrirlos ya había amanecido. 
Me trasladé a la cama. Los viernes teletrabajo y hasta las nueve no tengo que levantarme, así que imagino que me adormilé esa hora y media, dos horas. 
Algunas noches me quedo dormida y me traslado a la cama sobre las tres, alguna noche más tarde. Pero creo que nunca me había despertado en el sofá siendo ya de día.
El viernes volvió a pasarme. Y casi creo que realmente era consciente de ello cuando me arropé con la manta y me hice un ovillo, televisión encendida...

No estoy bien y lo sé. Y ni siquiera estoy segura de que se trate de algo físico.

No tengo vida social. Ni real ni virtual. Mi presencia en redes sociales es prácticamente inexistente. No sé si sigo teniendo 'amigos' en facebook porque apenas entro, apenas publico, no entro en el perfil de nadie. En realidad mantengo abierta la cuenta porque co-administro un grupo de carácter cultural: de no ser así, ya la habría cerrado. El whatsapp es una herramienta de trabajo: si alguien me escribe puede ser o no que responda. Lo mismo pasa con otras vías de mensajería. Y ni siquiera es porque no quiera tratar con alguien en concreto: simplemente los días pasan...

Hace unos días sufrí un ataque de pánico en uno de los sitios donde más segura me suelo sentir habitualmente (una enorme estación de tren). Lo controlé, pero derivó en ataque de ansiedad cuando llegué a mi casa. Al día siguiente, tras terminar la jornada laboral, ir a hacer la compra semanal y, en cierto modo, dar por finalizadas las obligaciones...me eché a llorar y estuve quizá más de dos horas sin poder parar. 

No sé. Las cosas no están bien. 
Yo no estoy bien.

Sé que escribir siempre me sirvió positivamente. Quizá debo obligarme a hacerlo, a volver a a escribir cada día un ratito. 
Terapia para sacar la basura mental.

lunes, 4 de mayo de 2020

Cuatro de mayo. Se relaja el Estado de Alarma.

Mes y medio de confinamiento.
Casi un mes sin trabajar.
Y sin perspectivas de que lo segundo cambie en breve. Porque lo primero sí va relajándose, paulatinamente.
Esta primera y nueva perspectiva me anima. 
La segunda aumenta mi desánimo anterior.

Me apetece salir a la calle y ya sé que, más o menos y rigiéndome por las normas impuestas, puedo hacerlo. Puedo salir a la compra y hasta es posible que ya haya algún escaparate para poder pararme a mirarlo. También puedo salir a dar un paseo antes de las diez de la mañana o a partir de las ocho de la tarde, aunque como duermo tan mal y tan a trompicones, raramente estoy levantada antes de las diez. Y a las ocho de la tarde estoy en la terraza, más viendo aplaudir que haciéndolo (a estas alturas de la crisis) y luego suelo llamar a mi madre por teléfono. O sea, que no salgo en el horario en que podría hacerlo sin problemas y dentro de la normativa. 

Se va relajando el Estado de Alarma.

Estas semanas atrás, más o menos, había conseguido hacerme a la idea de quedarme en casa y sin trabajar. Ahora, cuando ya se van relajando las condiciones de alarma y ya se habla de empresas que reanudan su actividad, sé que me apetece mucho retornar a la rutina laboral. Además, aunque puedo permitirme un par de meses de drástica reducción de ingresos (cobraré unos trescientos, cuatrocientos euros menos que lo que tengo de gastos fijos al mes y tendré que tirar de ahorro personal. Otra vez. Así es imposible que consiga tener algún día un mínimo ahorro) necesito tener un sueldo normal. Necesito trabajar tanto para normalizar mi estado mental como para mantenerme en el sentido más materialista del mundo. 

Me planteo, mientras llega ese momento y mi empresa (porque me mantiene en plantilla, aunque sea el Estado quien me pague ese 70% de un sueldo de supervivencia con el que tengo que apañarme) reanude sus actividades, planificar una lista de tareas en mi agenda. E irlas cumpliendo. Hoy he lavado las fundas del sofá: las previsiones meteorológicas indicaban que se secarían en el transcurso del día. El calor ha hecho que se secasen a las tres horas de tendidas...

También me he hecho la pedicura. Llevaba...¿dos meses, algo más? sin hacérmela. Total, para qué... No me he pintado las uñas, solo me las he arreglado. Las uñas y la piel de los pies. En un par de días anotaré en la agenda 'arreglarme y pintar las uñas de los pies' y ya tendré tarea.
Estupideces así.
Sigo sin estar bien.

Se relaja el Estado de Alarma. Veo niños en la calle. Veo como los ciclistas llegan el carril-bici bajo mi casa. Me alegra volver a ver gente dando a la calle un aspecto casi normal. El casi lo ponen las mascarillas que lleva todo el mundo. 

Se relaja el Estado de Alarma y yo sigo muy desanimada.
Y hoy ha sido cuatro de mayo.

martes, 26 de noviembre de 2019

Todo tiene que mejorar. Todo va a salir bien.

Cuando hace cinco meses y medio dejé el sitio donde había trabajado los últimos cuatro años y pico, me dije que mi siguiente trabajo sería en algo que me ilusionase hacer.
Incluso lo comenté así en un par de entrevistas el mes pasado: busco involucrarme en un proyecto que me ilusione y me motive.


Y, en vez de eso, llevo tres semanas en el departamento de televenta de un callcenter de ésos donde los trabajadores no llegamos ni a ser números. Un tipo de empresa que hace años, cuando trabajé en la primera, definí como 'fábrica de hamburguesas en las que nosotros somos la carne para la picadora'. Pues eso mismo.
Es imposible ilusionarse e implicarse en empleos de este tipo. Y ya lo sabía. Y simplemente he conseguido reafirmarme en ello. 

No tenía prisa por incorporarme al mercado laboral. Sí ganas (la puñetera hiperactividad, que reaparece con fuerzas en cuanto se me pasa el cansancio y el hastío acumulados...y empieza a aparecer otro tipo de hastío) pero no la necesidad acuciante de otras ocasiones, en que si no encontraba algo a la mayor brevedad, en dos meses no tendría ni ahorros suficientes para pagar los gastos. Ahora no es así. No me puedo permitir dispendios, pero lo que que me correspondía cobrar 'de paro' al menos cubría los gastos básicos. Y durante meses suficientes para tomármelo con una cierta tranquilidad.
En cambio, estoy trabajando en algo que probablemente me aporte un sueldo incluso inferior a lo que estaba cobrando como desempleada. Absurdo, sé que es absurdo.
Por eso no me va a preocupar demasiado si antes de cumplir mi 'periodo de prueba' (un mes, que se cumplirá el día 07 de diciembre) deciden prescindir de mis servicios.
Me producirá la justa desazón, ese bajón anímico que siempre producen los despidos, la sensación pasajera de haber fracasado..., y poco más. 

Y es que pasar siete horas y pico al día (el resto, hasta completar las ocho, es la pausa de la comida, del café y dos o tres visitas rápidas al aseo) con unos cascos esperando que el sistema emita llamadas para ofrecer un producto pésimo a gente harta de que se les ofrezcan productos que no necesitan..., no es muy motivador, seamos realistas. Pasar siete horas rellenando dibujos con pinturas plastidecor sin salirme de los bordes negros, recitando lo mismo una y otra vez..., pues creo que no, que no es mi concepto soñado de 'proyecto que me ilusione'.

Intento sacar la parte positiva a todo. Y en este caso va a ser que he confirmado que no me gustan este tipo de trabajos. Y he recordado (con la práctica) porqué. Y que se me dé medianamente bien no me produce la suficiente satisfacción, la verdad.

Cuando a mediados del mes de octubre decidí no incorporarme a un empleo en que se me esperaba y cuyas condiciones económicas eran superiores a las que tengo en la actualidad, y no lo hice por un presentimiento raro (del que no creo haberme equivocado), me dije a mí misma que para terminar trabajando vendiendo seguros en un callcenter de un polígono a las afueras en turno de tarde...siempre tendría tiempo (y esa descripción era el resumen de qué podía ser lo peor que me podía terminar pasando). 
El tiempo era un año enterito de 'paro' remunerado por delante.

La realidad es que dos semanas después aceptaba algo que, salvo en el horario (que no es de tarde) cumple con todos los requisitos de 'lo peor que me puedo encontrar'.

Soy masoca. Es la única explicación.

La gente normal agota el paro. La gente normal no renegocia con el médico su incorporación al trabajo cuando está en una más que justificada baja laboral y, además, cobrando más que trabajando. La gente normal intenta aprovechar las cosas gratis, intenta lanzar balones fuera, escaquearse de las obligaciones, llegar tarde al trabajo si no le dicen nada, cogerse todas las pausas a la que tiene derecho. 
Y yo hago todo lo contrario.
Así me va en la vida. Así me ha ido. Y sé que ya no tiene remedio.

Pero espero encontrar un trabajo que me motive.
Porque cuando a una la despiden de un empleo donde tenía un contrato indefinido y una base de cotización aceptable (lo suficiente para que, si se queda en paro, cobre el máximo previsto para estos temas. Que tampoco es tan alto, pero que supera el sueldo mínimo interprofesional), donde llevaba más de cuatro años, donde (aunque no haya nadie imprescindible, evidentemente) era una pieza necesaria y útil para su empresa...o te agarras a algunas ideas y te inventas algún sueño...o decides agotar subsidios y ahorros antes de saltar por el balcón.

Todo tiene que mejorar. No sé cómo, pero tiene que hacerlo. Esto tiene que haber pasado por algo.
Recupero esa frase, la frase de hace casi seis meses: todo va a salir bien.