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domingo, 22 de octubre de 2023

Tengo trabajo. Y ya está.

 Trabajando. Desde hace dos semanas.
Sin excesivas expectativas. Es simplemente trabajo

No estoy a disgusto, me tratan bien. El trabajo en sí es monótono, pero no agotador. Es de los de 'mínimo esfuerzo'. Llamar por teléfono, hablar con quienes te atiendan la llamada, cualificar y tipificar correctamente, enviar whatsapp y correos..., poco más. El horario es muy cómodo en cuanto a horario de entrada y sería muy cómodo en general si no se tratase de turno partido y me encontrase con una hora a mediodía sin tener nada que hacer. Preferiría tener solo media hora para comer y salir media hora antes...pero esto es lo que hay.

Las comunicaciones para ir no están mal, lo que pasa es que vivo lejos (o lejos al menos del sitio donde está la oficina) y eso hace que tenga que destinar la hora y pico de rigor en cada trayecto, con los consiguientes trasbordos y demás. Y si a eso le sumamos los cortes de líneas de metro, las lluvias donde se inundan estaciones y similares incidencias...me puedo encontrar con salir del trabajo a las siete de la tarde y llegar a mi casa casi a las nueve de la noche.

Pero...en fin: como he dicho es lo que hay y punto. Y que dure.

Tengo un 'periodo de prueba' de cuatro meses. Un plan de comisiones que en menos de dos semanas me ha quedado claro que son inalcanzables (y aunque no lo fuesen, son muy bajas. Así que tampoco importa demasiado no cobrarlas). Todos los días tengo el mismo horario, los viernes teletrabajo. La empresa nos da café (el que queramos o podamos tomar, si es que no se han terminado las cápsulas), tenemos acceso a una especie de jardín privado al que podemos salir cuando nos apetezca (en este caso simplemente hay que aplicar el sentido común...y ya que a mediodía paramos una hora, el resto de los descansos serán de cinco o diez minutos dos o tres veces a lo largo de la jornada), la luz natural no sobra pero tampoco es un zulo, tenemos mamparas divisorias entre los puestos de teleoperador, pero no son muy severas..., todo es en general como muy relativo.

No sé lo que durará esto. No es el empleo soñado de mi vida, pero tras la pesadilla que fue el primer semestre laboral de este año casi me sirve cualquier cosa. 

En realidad..., en realidad es que cada vez me importa menos todo. Sigo viviendo en una especie de cuerda floja, en un precario equilibrio del que en cualquier momento voy a despeñarme sin remedio. Siendo consciente de que no hay futuro. O, peor, de que el futuro que me espera no es halagüeño. Que en el mejor de los casos tendré la inmensa suerte de renovar el contrato de alquiler el próximo verano (otros cinco años) y que enlazaré contratos laborales en empleos de supervivencia hasta alcanzar la jubilación.

Y no hay nada más. 
No hay proyectos. No hay futuro más allá de esta realidad tan evidente. 

Tengo trabajo. Sin ilusión, con cansancio permanente dentro de los huesos, sabiendo actuar para que no se me note cómo estoy en realidad. 
Y..., en fin: esto es lo que hay.

jueves, 5 de octubre de 2023

Y ya se irá viendo.

 Las cosas pasan cuando tienen que pasar. Ni antes, ni después. 
Tema aparte es que no nos guste el momento en que pasan.

Finalmente mi proyecto de incorporación laboral del pasado lunes (o sea, ésa que evitó mi fregadero) se desmoronó del todo. Decidieron desestimar mi contratación. Y...francamente, no me afectó demasiado. En realidad siempre tuve esa sensación desasosegante del 'esto no es', desde la entrevista. Y se ve que no era.

Todo lo demás sí ha venido rodado.

Nada más recibir el correo indicando que no me contrataban, llamé a mi 'plan B'. El de la empresa que me entrevistó (teléfono y videollamada) la semana pasada y a la que dije que no podía incorporarme porque ya tenía compromiso con otro trabajo. Para decirles que si ellos seguían interesados...yo estaba disponible.
Y todo ha ido muy rápido.
Larga entrevista personal, ya cara a cara, ayer miércoles por la tarde.
Confirmación por su parte una hora más tarde y solicitud de los documentos necesarios para preparar el contrato.
Envío por mi parte de esos documentos esta mañana.
Envío por su parte del borrador del contrato (que dejaba de ser borrador si yo lo firmaba y se lo devolvía) esta misma tarde.
Compromiso mutuo de empezar el lunes, a las diez de la mañana. En uno de esos barrios residenciales de altísimo nivel adquisitivo. Una oficina que es un piso adaptado, o más bien dos pisos porque está en la entreplanta y el entresótano. Una especie de callcenter pequeño. Jornada partida: nueve horas de lunes a viernes, pero con una hora para comer (deduzco). El horario no me entusiasma porque saldré a las siete de la tarde...pero, en fin, es lo que hay y ya se irá viendo.

El sueldo es meramente aceptable. Las comisiones ya sé que serán poco menos que un milagro. 

Pero también sé que no me van a gritar (o eso espero). Y que si la cosa va mal...pues buscaré otra cosa y punto. Porque si algo he comprobado este disparatado y estresante mes de septiembre es que trabajos con sueldo de supervivencia hay. Incluso cuando ya se está dentro de una franja de edad descartable por muchas empresas.

El lunes día nueve empieza la aventura.
Y ya iremos viendo.

domingo, 8 de marzo de 2020

Agotada.

Una de las semanas más agotadoras de los últimos tiempos.
Esa frase resume los últimos siete días.

Agotamiento mental, más que físico (porque físicamente tampoco he hecho nada reseñable). Pero tanta, tanta información en tan poco tiempo...agota. Me refiero a mi nuevo trabajo, claro. Semana de formación previa a la definitiva incorporación a plantilla (aunque ya esté contratada y dada de alta en la Seguridad Social, desde el primer momento). Mucha información (en gran parte, inservible, tengo que admitirlo). Como lo definí ante uno de los 'formadores': procesar cosas en un nuevo idioma. El propio, la jerga, del nuevo trabajo.

Mañana será una especie de 'día mixto'. Seguimos con la formación...pero probablemente no todo el día. Comienzo de trabajo efectivo. Aun no tengo claro cual será mi horario (aunque la idea es trabajar de diez de la mañana a seis de la tarde de lunes a jueves y de diez a tres o cuatro de la tarde el viernes. La empresa defiende la idea de que cada cual puede organizar su horario a su gusto..., y, aunque como teoría me parezca bien, a estas alturas de la vida prefiero que me den unas pautas claras, al menos en un principio). 
Además del agotamiento, la sensación es que llego tarde a este proyecto. No porque empezase hace mucho o porque yo no esté en él desde sus inicios...sino porque me siento mayor. Creo que es algo que hace diez años habría satisfecho completamente mis aspiraciones laborales..., pero en el momento actual...no sé. Me siento cansada. Y mayor.
Agotamiento.

El jueves, tras la ducha, la camiseta de algodón cómoda, el desmaquillaje y la crema en la cara, el puré de verdura y el yogur, el lavado de dientes, la trenza en el pelo..., me tumbé en el sofá para ver el capítulo semanal de la que a estas alturas ya es la serie más longeva de la televisión patria (casi 19 años) y que sigo por épocas: años sin verla, reenganche hace un par de ellos. Según el planning de programación, el capítulo empieza sobre las 22:5oh y acaba antes de las 00:00h. Cuando me tumbo en el sofá están emitiendo un 'Especial Coronavirus'.  Cierro los ojos (o eso creo).
Los abro. Sigue el 'Especial Coronavirus'. O eso pienso en un  primer momento...hasta que me doy cuenta de que no, no es el mismo programa.
Miro la pantalla del portátil. 
Las 01:35h.
Me he quedado dormida antes de las once de la noche. Y llevo más de dos horas y media durmiendo.
Apago el portátil. Apago la televisión. Me traslado a la cama.
Y pienso qué grado de cansancio debo tener para haberme quedado dormida, de golpe, antes de las once de la noche.

Mañana es 09 de marzo. 
Arrancando una nueva semana, un nuevo proyecto laboral.

domingo, 11 de noviembre de 2018

No quiero ir.

Domingo por la mañana.
No quiero que llegue el lunes. Y no porque hoy vaya a hacer nada extraordinario y no quiera que el día se acabe, sino porque no quiero que llegue mañana y tener que volver al trabajo que hago.

El mismo sentimiento tenía ayer, y anteayer que fue festivo y no trabajé. Y el jueves sólo quería que dieran las seis de la tarde e irme. Y el lunes pasado mi única ilusión era que el viernes era festivo y no tendría que ir a trabajar. Y la semana anterior mi única felicidad eran los dos días no laborables: el jueves que fue festivo nacional y el viernes que lo había cogido libre a cuenta de las vacaciones pendientes. 

Nunca me había pasado esto. Nunca había sentido un rechazo tan radical hacia el sitio donde el hecho de pasar nueve horas al día, cuarenta y tres horas a la semana, era el motivo por el que a finales de mes cobraba una nómina indispensable para seguir viviendo (entiéndase por pagar el alquiler, la conexión a internet que me permite comunicarme en este momento con quien ahora lea esto, el teléfono fijo mediante al que intento contactar con él al menos una vez por semana y que me indica a qué hora he llegado a casa porque levantarlo de su soporte y mirar la hora y posibles llamadas perdidas es casi lo primero que hago al llegar, el teléfono móvil que empleo como reloj para saber si voy bien de hora en mi gymkana diaria para llegar a ese trabajo que rechazo... Y comprar alimentos que sólo me sirven para volver a engordar. O a hincharme, porque lo que perdí este pasado final de primavera/comienzo de verano fue volumen más que peso. Vivir, seguir viviendo y necesitar dinero para ello, para mí es simplemente esto).

Mañana es lunes y no quiero volver al trabajo. Y no sé qué inventarme para no ir. Porque no valgo para mentir.
Parte de mi trabajo, desde hace más de nueve años, consiste en mentir contínuamente por teléfono. En mi actual trabajo, intento que esas mentiras sean las mínimas posibles. Así me ha ido bien todo este tiempo...., pero sé que a otras les ha ido infinitamente mejor que a mí mintiendo contínuamente. Y..., no sé. Porque aunque sí sepa que puedo mentir mejor que nadie (soy una magnífica actriz: esto también lo sé) no quiero hacerlo. Principios éticos, se llama.

Me angustia estar encerrada allí, con luz artificial todo el día, sin ventilación, con una pared blanca enfrente al otro lado de la pantalla del equipo informático. Escuchando sandeces casi a piñón fijo. Sabiendo que si paro dos minutos para intentar intercambiar alguna idea con las pocas personas medianamente inteligentes que me rodean y a las que estoy escuchando hablar de otras cosas más interesantes que lo que yo soporto, me van a regañar como si estuviésemos en el colegio (donde no me regañaron por hablar desde los 6 años, edad en que me planté y me enfrenté con la profesora y hasta con el director... que debieron flipar al escuchar a una pelirroja de metro y poco decirles que no la tomasen por tonta, que ella de tonta no tenía un pelo. Literal. Años 70, egb, colegio semiprivado). No quiero ir a un sitio que no me aporta nada, a estas alturas del año y debido a mi baja médica y otros despropósitos, ni siquiera una satisfacción económica al ver el resultado de mi nómina. 

No quiero ir, y no sé cómo hacerlo. Porque, como digo, no valgo para inventarme una enfermedad (aparte, con mis antecedentes recientes, igual esa hipotética invención volvía a conllevar exámenes y pruebas hospitalarios..., y no, no quiero volver a pasar por eso). Y sé que si describo mis sensaciones y  síntomas, no tendría que inventar nada: me siento muy, muy cansada. Estoy hinchada. Me duele la cabeza (en algunos momentos, de modo insoportable). A ratos tengo muchas ganas de llorar (no lo hago. No puedo llorar en público. Y cuando salgo de allí se me pasan).A ratos también me duele el estómago, igual es el hígado, que está al lado.... No tendría que inventar síntomas, pero tampoco valgo para pedir cita médica y contar todo esto...y confiar que se tradujera en unos día de baja médica....

Hoy sólo sé que es domingo, que mañana me espera una semana completa, de cinco días, de trabajo. Un trabajo absurdo e inútil que aborrezco y que me hace sentirme mal. Y que no puedo esquivar. 
No quiero ir y no puedo evitarlo.

Y hoy es once del once, y quiero vcrle, quiero estar con él. Y no puedo hacerlo.

domingo, 8 de abril de 2018

Otra semana de mierda más.

Termina otra semana de mierda. Y, en unas horas, dará comienzo otra de la que me gustaría esperar buenas cosas, pero sé que no será así.

Me gustaría, también, tener más valor. Valor para organizarme y cambiar de vida.

Empezar por ir al médico y pedir la baja. Estoy tan mal anímicamente (y  creo que si me hacen una analítica, los resultados acompañarían) que no creo que fuese complicado conseguir una baja de un par de semanas. Y aprovechar ésta para descansar...o para empezar a movilizarme.

Mi trabajo, más allá de la nómina a finales de mes, no me aporta nada positivo. Trabajo a las órdenes de una personalidad ciclotímica (la tengo cariño, pero no hay quien la soporte. Curiosamente, en eso está de acuerdo todo el mundo. Incluso quienes sólo la conocen superficialmente) que, a su vez, tiene como jefa a la persona peor educada que me he echado a la cara. Una señora con nulas habilidades sociales, que no te responde cuando la saludas (por poner un ejemplo). Y que ponen su inutilidad al servicio de una empresa donde muchos días no sabemos hacia dónde vamos ni para qué. Y, encima, que cuando tienen que contratar a alguien..., en fin, que ni a propósito lo harían peor. Durante seis meses hemos tenido a una yonki que faltaba más de lo que venía a trabajar (curiosamente, tenía por costumbre faltar todos los lunes: ya se sabe, los fines de semana son muy malos. Y para un lunes que viene, le comunican que no se le prorroga el contrato). Ahora, para sustituirla me traen a alguien 'del programa de integración'. Se supone que su minusvalía declarada tiene que ver con un problema de audición. En la práctica, es un friki que tras dos semanas de formación aún no se ha enterado siquiera a qué se dedica la empresa. Eso sí, ha aprendido y entendido que no va a ser necesario trabajar para que le paguen a finales de mes. Y como en este caso su contrato desgrava a la empresa...me temo que vamos a tener que cargar con el lastre durante meses. Dice incongruencias, apoya la veracidad de teorías conspiratorias mundiales, creo que a estas alturas todas las chicas de la plantilla hemos tenido que darle a entender que no tenemos la más mínima intención de hacer menor caso a sus intentos de cortejo. Soy consciente de que voy a tener que hacer la mitad de su trabajo (lo sé. Y eso no implica que se me vaya ni a gratificar económicamente ni a agradecer) pero también tengo muy claro que no voy a seguir ni intentando formarle, ni corregirle, ni nada que contribuya a que pase más tiempo del imprescindible en plantilla.

Exactamente lo contrario a lo que decidí hace siete meses con otro de los fichajes: he estado meses haciendo más de la mitad de su trabajo (que sigo supervisando de manera continuada) porque decidí que nos lo quedábamos. No tanto por simpatía personal (que me cae bien, francamente, pero eso ha sido con el paso de los días) como porque ya estoy cansada de tanto cambio. Así que decidí 'a éste, nos lo quedamos. Ya me encargo yo de que sus resultados sean buenos'. Y hace unas semanas le firmaron la renovación del contrato, pasando a indefinido....


Hace tiempo que no somos un equipo. Somos un grupo de personas que, circunstancialmente, trabajan juntas. Sí fuimos equipo hace meses..., más de un año ya, pero la empresa ha hecho todo lo posible e imposible para fragmentarlo hasta que ya no tenga arreglo ni vuelta atrás.

Me siento terriblemente cansada. Termino cada día con la sensación de no haber hecho nada de provecho y con la certeza de que al día siguiente la conclusión será la misma.
Nadie es imprescindible, en ningún sitio y en ninguna situación. Pero también sé que si falto, se desatará el caos.  E igual eso, ese puñetero sentido mío de la responsabilidad, me impide soltar algo que no es sino un lastre que no me deja volar..., ni pensar, ni descansar...

Físicamente sigo sin estar bien. Los síntomas de ahogo derivados del ataque de alergia (e igual, también de algo de resfriado) de esta semana siguen ahí. Intento controlarlos con un jarabe mucolítico y muchos kleenex, pero simplemente se quedan ahí, latentes.

La primavera no termina de arrancar. Pero tampoco es invierno.
Y me sigue doliendo mucho el corazón.

Es imposible explicar con palabras lo que duele, lo tremendo que es el dolor, de no saber cómo está la persona a quien quieres. Más aun cuando lo único que sabes (con cuentagotas) es que no está precisamente bien. Y saber (y no entender porqué) que es él quien ha decidido sacarte de su vida, no darte explicaciones, no informarte de nada. Y saber también que probablemente no le vuelvas a ver nunca más. Es imposible explicarlo.

Y aun es más complicado cuando no puedes hablar de ello. Cuando no puedes decir que si dices que te falta el aire, no sólo te estás refiriendo a los problemas respiratorios relacionados con la alergia. Que si hablas de tu poca esperanza en el porvenir que ves por delante, no te estás refiriendo únicamente al caos imperante en la organización de la empresa en que trabajas.

Le tengo en el sentido opuesto y casi al final de la misma línea de metro en que voy al trabajo cada mañana. No en otro país. Le tengo al otro lado de dos líneas telefónicas, cuyos números aún tienen memorizados mi móvil y mi inalámbrico. Le tengo en el punto de llegada de una dirección de correo electrónico.
Y no le tengo, porque no quiere que yo esté.

Y en este domingo que cierra una semana de mierda, sé que la semana que empieza mañana todo será igual. Y seguiré sin tenerle.
Y seguiré sin saber porqué.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Noviembre al fin.

Noviembre al fin.
No es que crea que cambiar el nombre en que se mide el paso de los días, en el calendario, cambie la realidad ni las evidencias..., pero al fin es noviembre. Y al fin, por tanto, ha terminado un mes de octubre totalmente prescindible. Y quisiera decir que también perfectamente olvidable..., pero el olvido y yo nunca nos hemos llevado del todo bien.

Este año, y también por esos caprichos (o normas) del calendario, este festivo nacional que es el 01 de noviembre cae en miércoles. Mitad de semana.  El comienzo de semana ha sido, laboralmente hablando, demoledor. Y quiero creerme que esta pausa que nos parte en dos la rutina laboral va a producir el efecto mágico de mejorar los dos días que quedarán a partir de esta noche. Pero, francamente, es que no lo creo. Y para que algunas magias funcionen hay que creer en ellas...
Y yo cada día creo menos en algunas cosas.

Dejé un tema abierto (a medio terminar de contar) este verano. Hay repartidos por la historia de este blog otros temas sin terminar de cerrar. A veces, porque simplemente no se llegaron a cerrar nunca. Otras, porque cuando llegó el fin esa historia ya no tenía la menor influencia en mi vida. Y alguna...porque a base de ir dejando el tema o de darle más importancia a otros, ya ni lo recordé...

Cuando me saltan alarmas en un punto inconcreto entre la garganta y el ombligo, una serie de alarmas que de pronto me ponen los sentidos alerta y me hacen ver que frente a mí y a mi alrededor se estaban acumulando piezas de un puzzle..y de repente veo como pueden terminar encajando y que puedo decidir si entro en el juego o no, o que las lucecitas que a veces veía no eran sino parte de un entramado luminoso que creaban un cartel..., cuando me saltan esas alarmas..., suelo huir.

Porque sé perfectamente cómo puede terminar la historia. Y no, hace mucho que no quiero involucrarme en determinados asuntos. Asuntos que parecen brillantes proyectos y que, luego, resultan ser simples pompas de jabón que estallan en cuanto rozan con algo. Y no quiero.
Las vacaciones, los periodos vacacionales, son útiles para ayudar en esas huidas.

Este verano estuvo a punto de darse uno de esos casos. O igual se dio..., ya da lo mismo.
Las vacaciones fueron el remedio.


A veces hay espejismos. Gran parte de nuestra vida y nuestras ilusiones están llenas de esos espejismos. A veces creemos que se trata de algo real....y el batacazo suele ser memorable. Aunque tardemos años en dárnoslo. Hay quien entra en uno de esos espejismos y en él pasa toda su vida...aun siendo consciente de que realmente está dentro de un desierto. Y ya no puede salir.

Muchos enamoramientos no son sino espejismos. Gran parte de la especie humana es fruto de uno de esos enamoramientos-espejismo, de hecho...
Mi historia sin cerrar no era un enamoramiento (eso lo tuve perfectamente claro cuando me empezaron a saltar las alarmas). Ni propio, ni ajeno. En eso no había riesgo alguno..., aunque algún detalle...

No se puede mezclar el agua y el aceite con esperanza de que la mezcle funcione. Sólo hay que ponerla en una sartén al fuego..., y ya sabemos los resultados. Todos lo que en algún momento hemos cocinado y nos ha pasado...tenemos alguna marca en la piel como consecuencia de una gota de agua en el aceite hirviendo.

Las vacaciones, la pausa en la rutina laboral (que por circunstancias y por organización del personal, a veces se convierte en casi todo un verano sin coincidir con algunas personas que son parte de tu rutina. Incluso personas con las que no trabajas, con las que coincides en el bus, en la cafetería desayunando...) suelen servir como impass, como prueba para comprobar si algo era o no era...
En este caso, no, no era. Era agua y aceite, en el fondo. Una mezcla agradable sobre la piel tras la ducha, pero hasta ahí. Secar antes de ponerse al sol.

Cuando es cierto que hay muchos puntos en común, mucha y buena conversación, un sentido del humor comprendido..., algunas miradas no explicables..., se pueden pensar otras cosas. Pero hace falta más. Hace falta una atracción física. Unos gustos cotidianos comunes básicos, también. Unos valores prácticos (más allá de la teoría) que puedan convertirse en techado si llegan las tormentas.

El verano puso tiempo y espacio. Y, al volver y casi llegar el otoño en el calendario, las cosas se habían colocado en su justo espacio.
Y ahí están.

Y, aunque sigamos en un verano real raro, diga lo que diga el calendario..., ahí van a seguir. En ideas comunes, alguna conversación seria y un intercambio de bolsitas de nuevos tés. Pero nada más.
Y eso me gusta. Que las historias se cierren (quizá sin haber llegado a estar nunca abiertas) de ese modo, sin cicatrices, mes gusta.

Hoy empieza noviembre.
Ojalá, también, empiece pronto el esquivo invierno.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Para empezar un viaje, sólo hace falta un primer paso.

Cuando una semana es especialmente complicada, y lo que se prevé para la siguiente no es nada mejor...no dan ganas de empezarla.

Ni tampoco quedan ganas al final del día para ponerse a escribir un rato aquí.


En el trabajo, la situación de mi empresa viene a ser 'caída libre y sin frenos'. No sé para dónde pretenden que vamos ni sé exactamente las razones. Pero la sensación de que mi trabajo no sirve para nada...y, peor, la sensación de que no se valora en lo más mínimo lo que hago...no me gusta en lo más mínimo.  Y esa última sensación, la de que no se valora mi trabajo (que cada día es mayor la cantidad) la tengo desde hace días como algo más que 'una impresión personal'. Creo que es una realidad. Y no, no me hace ninguna gracia.

Tampoco van bien otras muchas cosas.

El sábado pasado dormí muchas horas. Me levanté tarde y antes de las diez de la noche volvía a estar dormida. Agotamiento acumulado. El domingo lo pasé bien (de salud y estado de ánimo) pero por la noche mientras regresaba a casa volví a ponerme enferma. Supongo que es una mezcla de estrés con algo alimenticio que me debe sentar mal. Aunque igual es alguna otra cosa...y, directamente, no quiero saberla.
Alguna ventaja tendría que tener no tener ninguna aspiración futura. No tener descendencia, ni animales, ni hipoteca. Estar enamorada (o lo mismo ni eso) de alguien que ni me quiere, ni me ha querido nunca... ni, por descontado, va a quererme en el futuro.


Si me pasa algo, alguien se encargará de vaciar mi casa (que en realidad no es mía, aunque sí el contenido), de dejar mis libros en cajas junto a algún contenedor para que se los lleven, de dejar secarse mis plantas. Las cámaras de fotos y el portátil en el que estoy escribiendo esto son aprovechables, así que alguien se lo quedará. Lo demás, supongo, irá directamente a la basura.


Sí, tiene ventajas no tener nada.


Dicen que para empezar un viaje sólo es necesario dar un primer paso.
A ratos, pienso que debo empezar ese viaje e irme, cambiar de vida. Cambiar de trabajo, de residencia (yo, que adoro Madrid y que vivo en un horroroso municipio del extrarradio), dejar de llamarle (sé que si no llamo yo, directamente dejaríamos de estar en contacto. El contacto físico, el real, este año se ha limitado a dos encuentros. Y esta semana he vuelto a tener claro que no tiene ningunas ganas de verme).

Sólo es necesario un paso, un 'actualizar mi currículum en los portales de empleo', un responder a las ofertas que me llegan, no responder a algunas llamadas con 'ya estoy trabajando, gracias', sino preguntar al menos para qué me habían considerado candidata.
Pero estoy demasiado cansada.

Llego a las noches demasiado cansada hasta para escribir aquí unas líneas. Me levanto cansada.

Empezar un viaje ya cansada no lleva a ningún sitio. Y cada 'primer paso' sólo me conduce cada día a la rutina cotidiana. Esa que me tiene tan cansada.

sábado, 9 de julio de 2016

Miedo a no poder seguir a flote.

Semana agotadora. Y no sólo por el calor (sofocante, pero esperable, que estamos en Julio y estoy en Madrid) sino por el resto de las circunstancias.
Hay días en que me despierto pasando de un sueño más que raro a una realidad...cotidiana, sueño de ese rato entre los minutos de duermevela previo al campaneo del despertador y el saltar de la cama cuando los 'cinco minutos más' se han convertido en veinte. Y esos días paso horas envuelta en sensaciones raras. En sensaciones que me dicen que están pasando cosas a mi alrededor que me cambiarán la realidad, y que no me estoy dando cuenta.
Sensación de irrealidad continuada.

En  mi empresa están pasando cosas. Están cambiando muchas cosas de tipo 'interno' y eso nos está salpicando a todos. Y las consecuencias a medio plazo no van a ser buenas, precisamente. Me da mucho coraje que, cuando por fin he encontrado un sitio más o menos aceptable (dentro de lo que son este tipo de trabajos y este tipo de empresas) consigan que todo empiece a fallar...y que finalmente todo termine mal. Y tener que empezar otra vez: a buscar un trabajo, a encontrar porquerías, al sueldo de mera supervivencia y tirando de los poquísimos ahorros que en seis meses haya podido acumular, a pruebas, a fallos, a enfados, a... A mil cosas que ya conozco, a unos cambios que si tuviese 20 años menos me parecerían oportunidades. Pero no tengo esos 20 años menos y yo no puedo permitirme más cambios. Necesito un mínimo de estabilidad, siquiera profesional. Aunque la estabilidad que tuve durante años sepa que ya jamás será posible..., necesito una plataforma que no se mueva demasiado para seguir en mitad del mar, donde estoy, sin ese miedo a no poder seguir nadando, a no aguantar más, a hundirme y ya no salir a flote nunca más.
Hay más cosas. Hay otras cosas.
Pero hace calor y estoy tan cansada...

domingo, 17 de mayo de 2015

Diecisiete de mayo.

Cansancio primaveral.
Hay quien lo llama 'astenia'. Bueno, es que creo que se llama así, médicamente hablando. Pero yo si pienso cómo me encuentro... no me veo 'asténica', sino que me siento cansada.

Esta pasada semana ha sido más corta, laboralmente hablando. El día 15 es festivo en Madrid (San Isidro, el Patrón) y por primera vez en varios años, me ha tocado librar. Aun así, la semana se me hizo larguísima... Y no he aprovechado demasiado ese día 'de más'. La casa no está mucho más ordenada, no he ido a ningún sitio, apenas he salido a la calle (demasiado polen para exponerme sin motivos). Pedicura el viernes, bañito de color capilar el sábado. Y poco más.

No sé si me gusta mi trabajo. Tengo la sensación de pasar el día 'haciendo tiempo'. Y es una sensación, la de sobrarme tiempo por todas partes, la de no tener mucho más que hacer que dar vueltas y vueltas a unos mismos registros de cliente para llamar una y otra vez... que no me gusta. Imagino que porque mi trabajo, el real, lo que era mi profesión, solía ser un no parar de tener cosas pendientes (de eso ya me encargaba yo, de llenarme de tareas): gestionar clientes, tramitar documentaciones, ir y volver a instituciones a trámites varios, visitas comerciales, archivos, contabilidad, organización del trabajo diario de la oficina, agenda personal del director, redactar documentos sin plantilla alguna y a máquina, hacer planos... Y si me sobraba tiempo, que me tenía que sobrar, pues tener la oficina bonita, cuidar las plantas y hasta limpiar los cristales (en la última época eran siete metros de largo por casi tres de alto de cristalera, puertas aparte)...
Comparado con eso durante muchos años, lo de estar dando vueltas a media docena de papeles y doscientos registros a los que llamar...sabiendo que no va a haber resultados, me resulta bastante tedioso. Y, lo que es peor, conociendo que la espada de Damocles del 'esto es una campaña comercial: por muy contentos que estén con tu calidad en las llamadas, por muy sorprendentes que hayan sido tus resultados los dos primeros meses...esto es una campaña comercial. Y o aumentas esos resultados, o esto se termina enseguida'.
Y yo no me puedo permitir que esto se termine. Por eso sigo dando vuelta a los registros, cruzando los dedos a ver si alguno 'responde'. Y sigo con la hora y media de transporte para ir y otro tanto para volver, aunque cada día llegue más agotada (el calor no ayuda, precisamente). Y aunque lleve días dándome cuenta de que la aparente balsa de aceite no hace sino cubrir un polvorín... decido aguantar y mirar para otro lado...

Esta semana tenía que haber terminado de otro modo. En estos momentos yo no tendría que estar escribiendo aquí, porque en estos momentos yo debería estar acompañada en este mismo sofá...
Da igual. Ya no me tomo los planes como eso, planes. Son demasiadas cancelaciones. Son más de cuatro años de eso, cancelaciones sucesivas... que durante mucho tiempo quise considerar 'aplazamientos'. Supuestamente lo de esta semana es eso: un aplazamiento. Y quiero tomármelo así...pero es que ya no me quiero hacer ilusiones...
Se me ha acostumbrado el cuerpo a eso. Y creo que también se me está acostumbrando la mente. Así que cuando lo supe, oficialmente, el jueves por la tarde...ni me sorprendió. Imagino que porque de un tiempo a esta parte la sorpresa sería lo contrario...

Da igual.
Estoy cansada. Entre el ataque de ansiedad de hace dos..., tres semanas, y lo absolutamente enferma que me puso la repentina subida de temperaturas de esta semana (en Madrid llegamos a los 42ºC de calor seco, aire cargado de polvo y de polen) no sé.
Mañana volveré a hacerme mi hora y media para ir, hora y media para volver. Igual por la tarde decido quedar con él, porque 'regula' (esto es, en vez de a las siete, sale a las seis, que es la misma hora a que salgo yo. Y quedamos en una estación de metro a mitad de recorrido mutuo, y le acompaño hasta su destino, para desde allí coger un bus que atraviesa una buena porción de Madrid hasta Atocha, donde el tren me lleva en mi recorrido habitual cruzando el río y dejándome de nuevo a veintitantos kilómetros de él...). Pero no sé si lo haré. Los lunes se me hacen muy largos... e igual me apetece más venirme a casa. En realidad, puedo quedar cualquier otro día, aunque eso signifique tener que quedar más tarde y... Da igual: en realidad tampoco tengo nada mejor que hacer...
Cada vez tengo más sensación de que mi vida no es sino ir dejando pasar los días, sin aspiraciones, temiendo los cambios.
Y me empeño en dejarlo en eso: sensación, figuraciones, sospechas..., porque imagino que no quiero reconocer que mi vida no es sino eso. No quiero reconocerlo..., o, simplemente, estoy tan cansada que ni tengo tiempo para pararme a pensarlo.

domingo, 26 de abril de 2015

Mañana de abril.

Sé que llevo 'siglos' sin publicar...
Bueno, no tanto (¿un mes?, a decir verdad no he mirado cuando fue mi última entrega), pero cuando hubo unos tiempo en que publicaba casi a diario, con un intervalo máximo de tres días..., pues eso, que el 'siglos' tiene sentido.
No, no es que no me pase nada. Ni que no tenga tiempo (de eso siempre tuve poco...y lo saqué para escribir). Ni que esté muy cansada (también lo he estado otras veces, y escribía). El portátil, debido a su naturaleza eso, portátil, lo tengo siempre a mano en casa. Y va sin  problemas reseñables, más allá de alguna caída de internet o de esa sensación de que me 'roban' el hi-fi y por eso va lentísimo a ratos o aunque voy escribiendo las palabras se atascan o no aparecen hasta unos segundos más tarde completas...

Me pasa lo de siempre y otras veces escribía con disciplinada frecuencia. Y ahora...simplemente es que no encuentro demasiados motivos para escribir.

Mi trabajo es trabajo. ¿Si eso es bueno o malo? No: eso es normal. Es trabajo. El horario es bueno (como ya he comentado otras veces) y sería maravilloso si no tardase hora y media en llegar, lo que conlleva tener que levantarme a las seis y media de la mañana. Que es uno de esos horarios en que no tienes claro si estás madrugando o levantándote en plan 'voy a trasnochar un rato', la verdad. Pero aparte de la pereza a esas horas (llevo un rato despierta y paro el despertador antes de que suene) y el sueño que me asalta a mediamañana o a mediodía..., el resto, bien. Por comparación al régimen de semiesclavitud del último periodo laboral, las condiciones son un lujo. Cierto que trabajo más de las cuarenta horas que dice el contrato..., o, mejor dicho, que las trabajo enteritas sin descanso 'oficial' (de lunes a jueves, de nueve a seis de la tarde: nueve horas. Parando cuarenta minutos a mediodía y diez a mediamañana. Y el viernes, de nueve a cuatro: siete horas. Parando veinte minutos, a mediamañana. Mis cálculos vienen a ser que de los ochenta minutos 'de más' que suman los veinte diarios que descontamos a la hora 'de más' que trabajamos, sesenta van a completar la hora 'de menos' de los viernes. Y los otros veinte..., en fin, diez se suman al descanso de diez minutos diarios y los otros diez...pues da igual).
Pero no me quejo, ni nadie se queja. A decir verdad, no tenemos más descanso 'oficial' que los diez minutos de la mañana (eso si no pensamos que son diez minutos a descontar también a la hora 'de más', que serían otros cálculos raros...), pero tampoco tenemos que estar mirando la pantalla del pc todo el día, por lo que son innecesarias las pausas de 'descanso visual' que marca el convenio de telemárketing (cinco minutos a la hora), no hay problema alguno si necesitamos parar para ir al aseo, si tenemos que ir a buscar agua a la cocina o a alguna de las 'fuentes' (esas maquinas que expenden agua mineral de garrafones), si queremos ir a prepararnos un té..., o si se nos va el 'santo al cielo' y los diez minutos de pausa para desayunar se convierten en quince. Podemos dedicar todo el tiempo que necesitemos a 'tareas administrativas' (basta que lo marquemos en el sistema que regula las llamadas)... y me costa que hay quienes a la vez que contactan con clientes echan un vistazo a su Facebook, miran las páginas de información (cosa que tengo claro es muy sencilla: la empresa pertenece a un primerísimo grupo de comunicación. Basta por tanto tener siempre abierta la página de su diario de referencia...y ya está)...o responden guasap. Porque ésa es otra: no hay problemas para tener el móvil encendido y encima de la mesa....

Es trabajo, insisto, con las exigencias propias de una campaña de ventas. Pero comparando con la última experiencia..., de lo más relajado. Y también insisto en esto: comparado con la última experiencia. Lo recalco y lo repito, para que nadie se equivoque...

Llego a casa con sol, antes de las ocho de la tarde. Y la verdad es que a esas horas... bastante acelerada. El problema surge a partir de las diez de la noche: estoy muerta de sueño. Enciendo la tele nada más llegar (más que nada, para tener la sensación de compañía), me ducho, veo un concurso mientras trasteo en internet u ordeno alguna cosa, preparo algo de cenar para tomármelo mientras veo el informativo... y a las diez, ya digo, empiezo a tener mucho sueño. Aún así, me resisto a tumbarme en el sofá para ver lo que pongan en primetime...porque si lo hago, sé que me voy a dormir...
Porque algunos días sí lo hago. Y cierro los ojos en un intermedio largo...y los abro a las doce o más... Y eso no es ni ver la tele ni dormir agusto.
Habitualmente duermo poco, siempre he dormido poco. Pero aún así... me está costando madrugar.
Supongo que es la edad. Como debe ser 'cosa de la edad' que a veces me duelan las articulaciones, me sienta hinchada y otros síntomas. Y que cada vez vea peor: vista cansada... La edad.

Y...poco más. Y no, no porque no tenga nada que contar..., sino por..., qué sé yo.
Domingo de abril por la mañana. Llueve desde ayer sobre las ocho de la tarde, en que empezó una tormenta que ahora es temporal y que me ha hecho llegar empapada de mi paseo para comprar el periódico esta mañana, a pesar de la gabardina con capucha.

Domingo de abril en que he vuelto a despertarme sola, sabiendo que como otras muchas noches ha habido un momento de sueño en que estaba a mi lado, soñar que estaba, sabiendo que soñaba y que le echaría mucho de menos unos segundos, aun sin dejar de saber que en ningún momento había estado más que en mis sueños, esos sueños que sólo son fruto del deseo de estar con él, que no puedo evitar y que, como los sueños, no puedo controlar por más que quisiera...

jueves, 9 de abril de 2015

Resumen (mientras optimizo el tiempo).

Optimizando recursos.
Escribo esto desde el trabajo, a la vez que, eso mismo: trabajo. Lo que da idea de (además que eso, sigo teniendo trabajo) el poco tiempo libre que tengo. Y hasta de lo cansada que llego a casa, que no me apetece ponerme a escribir...a pesar de tener el portátil encima de la mesa.


El trabajo va bien. No es para tirar cohetes, no lo puedo considerar 'el trabajo de mi vida' (más que nada...porque cuando me ilusiono con algo se estropea. Y cuando en mi vida considero algo como provisional...se queda durante años. Así que no me haré ilusiones y punto) pero estoy agusto.
Llevo un mes. Mañana día 10 hará un mes de mi firma de contrato. Y la sensación es de llevar mucho más tiempo.


Entro a las nueve, tras hora y media de transporte (salgo de casa a las siete y media, me levanto una hora antes). Salgo a las seis de la tarde, salvo los viernes, que es a las cuatro. De lunes a jueves serían nueve horas...pero es porque 'echamos un rato' diario para recuperar esas hora de menos de los viernes. Sé que si me pongo a hacer cálculos no me saldrán las cuentas..., por eso no voy a hacerlo. De retorno tengo otra hora y media de transporte, por lo que, entre que no suelo salir corriendo a las seis en punto y que no siempre empleo el mismo camino para regresar ni necesariamente el camino más corto...llego a casa más cerca de las ocho que de las siete y media.
Y a las diez de la noche es cuando me cae encima todo el cansancio del día..., aunque raramente me acueste antes de las doce y media (alguna noche me he dormido antes, en el sofá, y me traslado medio despierta a la cama, para agotar entre sueños las horas que me falten para apagar el despertador antes de que suene). Y así día tras día tras día...


Este mes tampoco  se me ha podido hacer largo porque entre que la primera semana fue 'de formación' (la primera vez que en una empresa de veras me dan eso, formación), que la siguiente incluyò un festivo (el 19 de marzo) y que abril empezó con la semanasanta..., pues eso: no he tenido tiempo para agobiarme. Hay días y momentos en que miro el reloj y parece que no pasen los segundos..., pero lo normal es estar entretenida todo el día.
Y así evito pensar en otras cosas. Cosas que sé que me quitarían el sueño de no estar tan cansada, de no dormir tan poco.


Cosas por las que a veces me despierto en mitad de la noche y...
En fin, qué más da.


jueves, 19 de marzo de 2015

A dos días de la primavera.

A dos días de la primavera y a unas horas del eclipse (parcial) de sol.

En realidad, primavera ya fue hace dos semanas (y casi verano, por el calor que llegó a hacer). Y el eclipse.., pues como todos los que ha habido: me lo perderé. Me suelen pillar trabajando o en alguna circunstancia que impida salir a la calle a verlo. Aunque en esta ocasión me da exactamente igual: me hace más ilusión tener trabajo. Aun siendo viernes tras un jueves festivo, aun teniendo que levantarme a las seis y media y volver a casa nada más salir para 'pillar' el Banco abierto (necesito sacar dinero para pagar el alquiler), aun no pudiendo tampoco ir a verle mañana (ni siquiera sé si irá a trabajar: está malito), aun...lo que sea. Me hace ilusión tener trabajo, para qué decir otra cosa.

En el mencionado trabajo todavía estoy en 'periodo de adaptación'. Es la primera vez en mi vida que una empresa me da una 'formación previa' en condiciones, que ha comenzado una vez firmado el contrato, donde no me meten prisa para que empiece a vender cuanto antes y como sea. Al contrario: me dicen que no me estrese, que vaya a mi aire, que si necesito ayuda la pida, que si prefiero escuchar a mis compañeros en vez de ponerme a emitir llamadas que lo haga... Me descoloca un poco tanta facilidad, tanta amabilidad. Supongo que porque a la falta de costumbre se une mi autoexigencia y, claro...
El ambiente es bueno. El horario también. El sueldo es de supervivencia, vale, pero algo más alto que la media de este tipo de empresas. Hay posibilidades de cobrar comisiones (según vayan pasando los meses, que es un tema de hacer cartera...y eso ya es más complicado). Las dependencias son amplias, con mucha luz, con mesas grandes y sin problemas para que pongamos en ellas lo que queramos (nuestros cubiletes para bolis, fotos..., lo que queramos). Podemos tener el móvil encendido si queremos, el bolso a mano, el abrigo en el respaldo de la silla o buscar un perchero si preferimos... Hay quien dice que hace frío: yo, de momento, no lo noto... No tenemos que fichar (aunque lógicamente debamos tener el ordenador encendido a la hora en que oficialmente empieza nuestra jornada laboral y no apagarlo antes de que esta finalice), podemos levantarnos al baño cuando nos haga falta o ir a buscar agua o café a la cocina...
Por supuesto, es un trabajo. Hay que trabajar. Pero... tras el último año y todo lo vivido, tras las 'ofertas' a que me he presentado estos últimos meses..., todo lo que tengo ahora me parece un lujo.

A veces tengo la sensación de que ésta es la última oportunidad de tener un trabajo medianamente decente que tendré en la vida. Y por ello tengo que esforzarme para no perderlo, porque posiblemente no habrá más ocasiones.

Y..., y hay otras cosas que me dan vueltas en la cabeza. Otras cosas que me persiguen. Otras que me quitan el sueño o que se meten en mis sueños... Pero de eso hablaré otro día.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Rápido resumen de situación.

Físicamente: agotada y muerta de sueño.
Mentalmente..., pues no lo sé.
Anímicamente: contenta (creo).
Digamos que éste es el resumen de estos últimos días.
Ya tengo trabajo: ayer martes firmé el contrato, esta mañana la Seguridad Social me ha confirmado el 'alta' en el sistema.

Y..., y esto es simplemente un 'post-resumen'. Ya ampliaré datos (supongo).

Por lo demás, hoy ha sido 11 de marzo, con todo lo que eso lleva implícito para mí, en muchos sentidos, muchos aspectos y muchos recuerdos.
Y a pesar del cansancio, de la sobresaturación de datos de los últimos días que tengo que asimilar rápidamente para poder desempeñar correctamente mi trabajo, del sueño, de la repentina primavera, de tantas cosas juntas... sé que algo en mí le echa terriblemente de menos. Porque también estas fechas me recuerdan a él. Porque a veces me asalta esa sensación de cuanto me gustaría, al despertar cada mañana, verle a mi lado...

lunes, 5 de enero de 2015

Queridos Reyes Magos...

Querido Reyes Magos:

Sí, mi carta a los Reyes de cada año. Intentado conservar una tradición, al menos una. Intentando creerme que éste sigue siendo mi blog, el blog de bruxana, mi diario personal..., porque tras tantos cambios, tras la desaparición de Lacocte..., sigo sin creérmelo del todo. Y me cuesta sentarme a escribir. Tengo la cabeza a rebosar de palabras, de ideas, de sensaciones..., pero pienso en volverme a sentar a escribir..., y es como si no encontrase la llave con la que cerré el candadito y hubiese tenido que forzar la cerradura con una horquilla. Y, claro, así no hay modo...

Queridos Reyes Magos:
Como cada año, paso a escribiros mi carta por caminos virtuales. No sé si a estas alturas es propio seguir creyendo en vosotros..., pero, en fin... Os escribo. Y os escribo por esta vía porque total sois magos y sois mágicos, y digo yo que os va a llegar igual la carta.
Creo que he sido buena. Al menos, tengo la certeza de que no he sido mala. He sido puntual y cumplidora en un trabajo espantoso que conservé hasta hace poco más de un mes. No he hecho cosas malas, no he tenido malos pensamientos, no he deseado lo que no puede ser mío..., bueno, al menos no demasiado. Si no he llevado una vida más organizada no ha sido por mi voluntad, sino por mi atroz falta de tiempo, que me ha obligado a comer cuando podía, a dormir cuando ya no podía seguir despierta, a intentar aprovechar ratos sueltos para limpiar y ordenar. He sido buena, digo, he intentado ayudar a los demás en lo que ha estado en mi mano..., y todas esas cosas. Por tanto, me atrevo a escribiros esta carta y a pediros cosas.
Os pido trabajo. Por encima de todo, de cualquier deseo, de cualquier otra cosa: trabajo. Un trabajo con un sueldo que me permita vivir decentemente. Que no haga que cada mes me dé pánico ver los extractos bancarios (ahora mismo estoy aterrada porque está próximo el último, el de diciembre). Sabéis que no me importa el esfuerzo, por importante que éste sea: estoy más que habituada a trabajar muchísimas horas seguidas y con altos niveles de exigencia..., pero quiero que ese esfuerzo se vea recompensado económicamente. A estas alturas de la vida, otras cosas como la 'proyección personal', las promociones y otros temas ya me dan igual: he tenido todo eso, llegué a lo máximo a que se podía llegar en mi sector 'natural' (aun hay quienes se sorprenden, cuando de pronto se encuentran conmigo tras varios años sin verme..., y les respondo que ya no estoy en nada que ver con 'aquello'. Directamente no entienden nada. Pero de eso no os voy a hablar aquí, claro). Necesito trabajo, lo necesito ya mismo. Lo necesito para la semana que viene. Un trabajo que me permita pagar las facturas, el alquiler, poder comprarme algún pequeño capricho de vez en cuando, no tener que mirar con detenimiento casi obsesivo los precios en el híper. Incluso poder ahorrar...un poquitín, para cuando vienen esos sustos en forma de 'carta de Hacienda'. Necesito trabajar, y lo sabéis. Lo de los horarios..., casi me da ya igual. Ya no hay esa necesidad de tener una tarde, siquiera una, libre, para... Ya no hay nada de eso, el 2014 se lo ha llevado.
Os pido salud. Es curioso: este año le doy más importancia a eso, a la salud. No sé si porque no me encuentro bien o..., bueno, sí: porque no me encuentro bien. Miro para otro lado, pero sé que no estoy bien. Me da igual, no le quiero dar la menor importancia (hay muchas otras cosas más importantes, todo es más importante que yo), pero sé que las cosas no van bien. Y os pido salud, sobre todo para poder conservar el trabajo que os he pedido y que sé que me vais a conceder. También pido salud para los míos, claro..., aunque estos últimos tiempos tenga tan poco claro quienes son 'los míos'... Salud para ellos, en cualquier caso.
Como otros años: conserva la vivienda. Que sigue empeñada en caerse a cachitos, en darme sustos en forma de avería, sustos que me rompen los esquemas y los nervios. Pero necesito conservarla. Sé que tengo firmado contrato por otro año y medio...,pero también sé que nada es permanente ni inamovible. Y que yo no me puedo permitir eso, tener que moverme de aquí. Dejadme conservar la vivienda, teniendo trabajo y por tanto dinero para seguir pagándola.
Quisiera poder pediros...
Quisiera poder pediros amor. Pero no sé si puedo, si tengo el menor derecho a pedíroslo, a tenerlo. Empiezo el año absolutamente sola, sin la menor esperanza al respecto. Este año ni siquiera puedo volver a pediros que me regaléis alguna mañana de despertar viéndole a mi lado, porque ya no hay nada. Sé que eso no era amor, que no había más amor que el mío hacia él..., pero me conformaba. Ya no puedo pediros eso porque sería demasiado egoísta por mi parte. Ya no hay nada. Y quisiera poder pediros que este año me traigáis amor, no tanto un destino para el mío..., sino alguien que me quiera (un poquito, yo me conformaría con eso. Me habría conformado con eso en cualquier momento de mi vida...), pero temo que nunca he conseguido ser lo suficientemente buena como para merecerlo...
Supongo que si creo en vosotros deberá ser para todo, y os podré pedir eso: encontrar a alguien este año, dejar de estar, de sentirme tan sola como me siento en estos momentos y desde hace, en realidad, tanto tiempo.
Os pido también que él sea feliz. Ya no conmigo, porque sé que no le intereso en lo más mínimo, que nunca me quiso, que no sintió por mí nada más allá que algún tipo de curiosidad antropológica, observarme un rato como se observa el pasear de una hormiga, el comportamiento errático de un pez naranja en un acuario. Pero sigo queriendo que sea feliz, nunca podré dejar de desearle eso. Que encuentre alguien que le quiera como él desee ser querido, que no fue nunca como le quise yo, o que si ya está con alguien (cosa que sospecho hace mucho), que le sepa querer y cuidar. Ya no os lo pido para mí, porque nunca estará conmigo. Os lo pido para él mismo: que este año sea el mejor de su vida, que sea feliz.
Quisiera poder pediros más cosas..., pero francamente no creo tener derecho. Bueno, detalles: atreverme de una vez a conducir (tengo que hacer algo ya mismo al respecto, no hay más plazos), mejorar el aspecto físico... Cosas que no son vitales, pero que sería importante conseguir. Que también dependen de mi voluntad, así que os pido eso: que me deis esa fuerza de voluntad necesaria.

Y poco más. Lo de siempre, esos tópicos: paz en el mundo, trabajo para todos, que no hay 'ciudadanos de segunda', que se termine la violencia gratuita, que no haya catástrofe naturales. Salud y trabajo para los míos..., esas cosas...
Y ya está.

Por supuesto, os tengo que agradecer cosas. Aunque pésimo, conservé el trabajo hasta finales de noviembre y pude seguir pagando facturas y alquiler. También conservé éste. Y creo que echasteis una mano con Hacienda: la deuda no fue tan elevada como hace un año justo me temía (fue un susto importante, muy importante..., pero al fin y al cabo pude pagarlo. Sobre todo porque compensé con lo que me tocaba 'a devolver' en primavera). Y me dejasteis verle al despertar alguna mañana. Muy pocas, menos que cualquier año (en realidad, es que ya no quedaba nada por su parte..., quizá por eso mi agradecimiento debería ser mayor, debería ser infinito. Pero soy una egoísta), pero me lo dejasteis tener alguna noche, algún amanecer...

Esta noche tendréis mis polvorones, mis copitas de licor (la noche se presenta fría), el agua y la paja para los camellos..., todo ese combustible virtual que necesitáis para completar vuestra ruta, vuestra Cabalgata, para ir dejando los regalos que tanta y tanta gente os ha pedido.

No sé si merezco algo de lo que os pido, no sé si he sido lo suficientemente buena. Ya no estoy segura de nada. Pero quiero seguir creyendo en algo, quiero seguir empeñada en tener esperanza en algo.

Vuestra:
bruxana (o A.S.T.)

martes, 25 de noviembre de 2014

Día raro.

Día raro.
La verdad es que no siento el menor atisbo de 'Síndrome de Estocolmo'. O sea, que no echo de menos nada, pero que nada nada, la rutina laboral. Cierto que esta noche me he despertado a las horas habituales, que antes de las ocho ya estaba esperando el ruidito que hace el despertador cuando lo tengo apagado para que no suene la alarma (que es a las ocho) pero también el domingo estaba entresueños esperando ese ruidito..., y a las ocho en punto suena la música que anuncia que el móvil se activa solo... Y me hubiese gustado no escuchar esos sonidos y estar profundamente dormida...porque tengo falta de sueño. Pero a pesar de todo eso, no, no he tenido ni un instante de nostalgia laboral.
Soy perfectamente consciente de la situación: no estoy de vacaciones. Estoy en paro. Desde hoy mismo corren los cuatro meses...o el mes, que aún no lo sé, que tengo por cobrar de subsidio de desempleo (espero que sean cuatro meses, aun sabiendo que la cantidad mensual a cobrar será ridícula). Tengo que empezar a buscar ya mismo. Hay poco y malo (he echado un vistazo a los infotrabajos de rigor). Sé también que mi edad es un hándicap. Soy plenamente consciente de todo esto..., pero quiero ser optimista. Algo saldrá. Algo bueno tiene que salir.

Día raro. Me he levantado a las nueve y pico. He preparado el café y las tostadas sin prisa alguna, tras salir un rato a la terraza y no hacer nada, tras vaciar el recipiente que recoge el agua que no deja de perder uno de mis radiadores, tras pasar un rato sin encender la radio, sin poner en marcha el móvil, mirando la pantalla apagada del portátil. Descansando o queriendo no pensar o..., o no lo sé.
A mediamañana me he acercado al Inem a activar mi inscripción como 'demandante de empleo'. Es uno de los trámites imprescindibles antes de volver a solicitar las prestaciones. En una localidad con más de doscientos mil habitantes, con cinco días hábiles a la semana, con cinco horas para hacer este tipo de gestiones, con media docena de caminos para llegar al edificio donde están las dependencias del Inem, con tres puertas de entrada/salida al recinto y dos puertas de entrada al propio edificio... ¿qué probabilidades habría de encontrarme con la única excompañera a quien han despedido en esta última 'limpieza' en mi ex-empresa? Pocas. Bueno: pues me la he encontrado. Hemos coincidido cruzando el último paso de cebra, yo volviendo, ella yendo... Me ha hecho gracia. Porque cuando un rato antes he cruzado el mismo paso de cebra en dirección contraria, me he acordado de ella. Y me he dicho: 'pues como tengo que volver, a ver si le mando un guasap por si no ha venido aun o como vive cerca, a ver si le apetece que quedemos para desayunar'.
Seguro que si me lo propongo, no conseguimos quedar. Casualidades, telepatía..., cosas de noviembre.

Día de mucho guasap, de mensajes privados por feisbuk. Por lo visto, mi despido (o 'no renovación', como insistían quienes me dieron la noticia) ha sido una enorme sorpresa entre quienes han coincidido conmigo. Al parecer yo era la única que daba por hecho esta 'no renovación': para el resto del personal que me despidieran a mí era algo completamente impensable...
Nunca he trabajado en un sitio un periodo tan largo (porque ha sido un año justo) teniendo tan poco trato con mis compañeros. Y no por decisión propia, sino por culpa de la propia empresa: horarios donde era imposible coincidir, absoluta ausencia de descansos o pausas en que hacerlo, horarios salvajes en que nunca sabíamos a qué hora íbamos a salir... Por no haber, no había ni aseos en condiciones, esos sitios donde también se coincide con la gente mientras te peinas, te lavas los dientes tras la merienda o simplemente te paras un momento porque eso, coincides con gente. Pues ni eso. El trato ha sido poco. Cordial, pero poco. Sí: algún café, media hora haciendo tiempo a que diese la hora de volver a entrar, algún brevísimo intercambio de palabras entre llamada y llamada al cabo de los meses y si no había ningún controlador responsable cerca.
Me ha sorprendido que mi despido haya sido una sorpresa, de verdad.

Día raro en que poder preparar comida 'de verdad' y comer sentada con plato, cubierto y vaso de agua, y casi a la hora normal de comer (bueno, ha sido a más de las tres) se convierte en una novedad. Por poco habitual y desde hace tanto tiempo.

No, no siento la menor nostalgia. De hecho, casi me cuesta creer que haya estado allí un año, un largo año completo, con sus cuatro estaciones, su periodo navideño, su semanasanta, su llegada de la primavera y su cruzar el verano. Que haya pasado allí el mismo tiempo que estuve en mi anterior experiencia laboral (la prestigiosa editorial jurídica), los dos periodos idénticos en la Empresita Naranja, tres meses más que lo que fue mi paso por el zulo céntrico y bien comunicado... Un año.
Todavía no soy capaz de encontrar nada realmente bueno, nada positivo de veras, que me haya aportado esta experiencia laboral, la verdad.
Aunque sé que daré con ello. Igual que sé que con el paso de los días seguro que soy más y más consciente de que en realidad esto no es sino otro desastre en mi vida..., otro agujero del que debo salir a toda prisa.
Pero hoy simplemente veo el presente más inmediato. El de este día raro en que diluvia en la calle, tormenta de verano en pleno noviembre.
Ya pensaré en todo lo demás mañana. O no.


viernes, 17 de octubre de 2014

Viernes.

Al fin viernes.
La semana no es que se me haya hecho larga..., supongo que porque llega un momento en que uno se adapta a cualquier horario, a cualquier rutina. La semana no se me hace larga (parece que el pasado domingo fue ayer) pero hay horas que se me hacen eternas.

Sigo intentando hacer este sitio 'mío'. Lacocte ha desaparecido totalmente, al pinchar el enlace aparece una página en blanco y la ruta es http://lacoctelera.com/gracias.HTML
El último día era igual...pero en vez de 'gracias' era 'adiós'. Bueno, al menos se despiden y nos lo agradecen...

Mi trabajo supera cualquier límite de lo absurdo y lo inútil, pero ahora no me apetece escribir sobre ello: los fines de semana me obligo a desconectar y punto. Además, la semana que viene trabajo también el sábado: tremendo.

A veces, cuando voy o vuelvo en el metro, o mientras hago cosas rutinarias como fregar los platos o regar las plantas...me sorprendo preguntándome cómo he podido llegar hasta aquí. No pienso en mi pasado (como he escrito alguna vez, no tengo capacidad para la nostalgia. No me lo puedo permitir) pero, a veces... Y entonces casi me cuesta creer que yo en otro momento tuve otra vida. Una vida y una rutina en la que lo que no era creíble es imaginar que involucionaría hasta donde estoy ahora.
Y... Y supongo que mi rutina y mi realidad es tal y tan evidente y tan (a ratos) dolorosa y cutre, que lo que me resulta difícil creer es aquella otra etapa. Una etapa en que mi trabajo era profesión, en que ni siquiera el último de los subordinados de cualquiera que en cierto modo 'trabajase' para facilitarme a mí la vida (es complicado explicar como funcionan algunos sectores) tenía unas condiciones laborales tan pésimas como las mías actuales.

Un día de éstos escribiré sobre qué fue, qué fui, en esos años. Qué era mi trabajo, mi profesión, una profesión en la que no existía el paro (no al menos al nivel en que yo ya estaba posicionada...con poco más de veinte años) hasta que llegó la crisis y atrasó con todo.

He escrito alguna vez que lo único positivo de estos años es haberle conocido. Y es verdad.
Porque lo único positivo (me empeño en seguir viendo puntos positivos a las cosas, aunque a veces parezca que no) es haber conocido 'otros mundos'. Porque uno de los problemas de mi entorno laboral de entonces era la endogamia. Nos relacionábamos entre nosotros, formábamos una especie de sector cerrado: horarios complicados, casi un idioma propio, un cierto nivel económico desahogado... Cuando tuve que cambiar de sector porque no había otro remedio...ni nada más para elegir, también fui descubriendo otros mundos, otras franjas de edad, otras aspiraciones, otra forma de haber vivido los años anteriores...
Creo que él fue...es... una especie de puente entre los dos mundos. Del que vengo (aunque su pasado laboral fuese en otro sector)  al que llegué y donde él ya estaba. Y aunque cuando le conocí y durante meses ni se me ocurrió que aquello pudiera terminar siendo otra cosa en mi vida que lo que veía que era: una compañía laboral diaria agradable, alguien con quien hablar  (en el fondo, hablar de nada, intercambiar palabras entre llamadas), alguien a quien me gustaba oír hablar, alguien que evidentemente venía de otros mundos..., ya entonces tuve claro que igual mi vida daba de nuevo la vuelta y me regresaba a mi 'lugar natural', pero que algo me llevaría de todo aquello y sería el recuerdo de haber coincidido con alguien que valía la pena por encima de todo lo que había sido aquella etapa laboral rara...
Etapa laboral que se convirtió en mi presente. Como él es mi presente en una parte importante de mi vida y de mis sentimientos, aunque haga tanto que ya no es parte de mi vida laboral. Y aunque sepa que no será parte de mi futuro, de ese futuro en que me habría gustado tenerle a mi lado. Siempre.

Al fin es viernes. Y necesito descansar. Y no pensar...